Los y las docentes follan. Hay quienes les gusta ponerse arriba, debajo, darle por detrás o, simplemente, succionar el badajo. Un tema tabú del que, algunos por motivos ignotos, se empeñan en esconder. Reconozcámoslo de una vez… la libido docente es tan alta o tan poco como en el resto de profesiones. El follar, al igual que el comer, es algo que algunos necesitan, otros ansían y, finalmente un tercer grupo, considera como un divertimento que, más en una época como la actual, tiene mucho de desahogo. Y seamos sinceros, lo de la monogamia que nos ha vendido el nacionalcatolicismo tiene más de rancio que de justificación real.

Así pues, habiendo ese nicho de mercado en el que nadie se ha aventurado aún, he ideado un modelo de negocio muy parecido a Tinder pero solo para docentes (de cualquier etapa y especialidad). Sí, prometo que, en una segunda fase me pondré con los docentes jubilados. Que hoy en día y, especialmente con ayuda química para una parte de la población, no hay edad en la que si uno desea, no pueda tener su lugar de encuentro. Hacer match mola. Y hacerlo con alguien de la profesión, mola mazo.

Imaginaos que, además de un nutrido grupo de inversores, me encuentro con el sello 2.0 de buena gestión otorgado por el Ministro de Educación y FP. O, simplemente, con un patrocinio para establecer una categoría de “docentes folladores” certificados por Google. Dejemos volar la imaginación porque, sinceramente, lo único que estoy viendo es un conjunto de ceros y unos para engrandecer mi, cada vez más exigua, cuenta corriente. Lo veo, lo toco, lo siento.

Ya está bien de críticas en las redes sociales. Sobra tanta profusión de metodologías maravillosas o erecciones por publicar un vídeo en YouTube. A ver, que cada cual se excita con lo que puede pero, al final, donde hay culo, teta, prepucio y confucio, hay muchas posibilidades de mejora educativa. Un docente siempre va a preferir follar que que le follen. Incluso para estos últimos habrá disponible el pack bondage. Lo he tenido que buscar en mi buscador de cabecera. Con lo fácil que hubiera sido acudir a la tan manida RAE para comprender el concepto y adaptarme a la realidad de una lengua hablada por muchos. Ahora que hablo de lengua, se pueden montar grupos para cunilingus y cunicortus. Todo va a depender del tamaño de la lengua, la raja o el rajón.

A veces conviene tirar la caña, más en un modelo tan incierto económico como el actual, para ver si suena la flauta. Y si no suena la flauta y, como mínimo os he hecho a alguno soltar una sonrisilla por lo bajini, ya me siento contento. Contra el ofendido per se poco puedo hacer salvo decirle que viva y disfrute de la vida porque, al final, esta vida pasa como un suspiro. Vividla y estrujadla al máximo. Hacedlo por vosotros y por todos los que os rodean.

(Visited 100 times, 1 visits today)

Etiquetado en:

,

Acerca del Autor

Jordi Martí

Simplemente soy alguien al que le gusta escribir. Y que disfruta haciéndolo.

Ver Artículos