¡Saca primero la viga de tu ojo!

Antes de cuestionar a otros docentes sería bueno que muchos se sacaran la viga de su ojo. Hay vigas enormes y, por desgracia, mucha hipocresía tras determinados tuits vertidos por ciertos compañeros. Bueno, lo de compañeros creo que es simplemente por el hecho de trabajar en lo mismo. No se trata de corporativismo mal entendido. Se trata de entender que no hay nada que funcione en el sistema educativo sin los profesionales del mismo. Algo que no excluye poder criticar determinadas modas pedagógicas, constructos ficticios o, simplemente, el rol que tienen determinados expertos o gurús educativos muy mediatizados.

Ayer fue un día muy curioso. El mismo que se quejaba todos los lunes de ciertas noticias “que echaban la culpa a los docentes” se quedó a gusto cuestionando a sus compañeros. Bueno, no a todos. Simplemente a aquellos docentes que en grupos reducidos de su centro (joder, tanto quejarse de las ratios y va a ser que en su centro tienen ratios de catorce alumnos) que no consiguen que el alumnado aprenda. Sí, a veces hay algunos que atacan a sus propios compañeros de centro en Twitter. Y se quedan tan anchos. No cuestionan la necesidad de reducción de ratios, el desastre de las adjudicaciones que hace que, ni a día de hoy, sepan con cuántos docentes van a contar finalmente. Ni tampoco cuestionan, más allá de algo light, lo que hacen los suyos. Además, por desgracia, siempre acaban mostrando la patita. Las patitas, al final, siempre se acaban enseñando.

Si añadimos al tuitero anterior otro que dice que el odio en Twitter (bueno, por un tuit puntual en el que un personaje anónimo pide la cabeza cortada de alguien) se ha generado por las críticas a los pedagogos cuando, desde el día cero, está diciendo que todas las culpas del sistema educativo las tiene el profesorado de Secundaria ya es de traca el asunto. Insinúan culpables, señalan objetivos,… en definitiva, son incapaces de hacer una visión de conjunto y de asumir que lo que critican es lo que ellos están haciendo sin ningún pudor.

Ojo, no me parece mal que haya docentes que critiquen a otros docentes. No me parece mal que se cuestione profesionalmente determinadas actitudes y decisiones que se están tomando en educación. Me parece perfecto que se me pueda cuestionar por lo que escribo o hago en el aula (o llevo haciendo estos cursos fuera de ella). Otra cuestión es que se cuestione ciertas críticas que hago porque “no debo criticar” cuando algunas de esas personas llevan haciendo críticas ad hominem, desde su aura de superioridad y soberbia extrema, desde hace mucho tiempo. Y, sinceramente, ya estoy harto de lo anterior.

Hay cosas que comparto con muchos docentes. Hay otras que no. Tengo claro que en el aula la inmensa mayoría de mis compañeros hacen lo que pueden con lo que tienen. Tengo también claro que hay asesores en la administración de altísima calidad y otros que se están tocando sus partes a dos manos. Conozco mis limitaciones. Conozco las limitaciones del sistema pero, sinceramente, obviar la precariedad y excluirla de los resultados del sistema educativo es ser muy hipócrita. Pero bueno, la hipocresía en la sociedad (no solo entre algunos docentes) está a la orden del día.

Tengo muchas vigas incrustadas en mis ojos. Cada cierto tiempo intento mostrarlas en toda su crudeza. Es por eso que me preocupa lo impoluto de ciertos discursos en referencia a y los ataques, por parte de compañeros, al todo el colectivo, a parte de él en bloque o, simplemente, acudiendo a la descalificación personal. Descalificación personal que no tiene nada que ver con cuestionar modelos pedagógicos o maneras de entender la educación. Ya lo dije en alguna ocasión… cada vez me importa más qué se dice, cómo se dice y qué se hace, que quién lo dice o hace. Eso sí, sin ser tan estúpido para no entender que subyace tras ciertas cosas.

Estoy cuestionando lo que estoy cuestionando. Si alguien de los aludidos (porque solo me ha faltado poner el nombre pero, os prometo que os he usado como ejemplo sin más pretensiones) se enfada, quizás tiene un problema porque, al final, no soy yo el que digo que todos los docentes de una determinada etapa son los culpables del desastre o que, en mi centro mis compañeros, con ratios muy bajas, quizás deberían hacérselo mirar.

Agosto de echarles la culpa a los docentes. Bueno, a parte de ellos. Bueno, a los que me interesa en cada momento. Agosto también de exclusión de determinadas cuestiones que afectan a la educación porque… con los míos no conviene jugarnos los cuartos.

Os prometo que me he tenido que releer varias veces este post por si valía la pena publicarlo. Por si aportaba algo. Pero, como he dicho siempre, esto es una simple bitácora en el que plasmo mis ideas, pensamientos y me desahogo en voz alta.

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Fernando
Fernando
1 month ago

Hola, Jordi. Gracias por publicar este post. Creo que aporta mucho: en el debate educativo sobran gurús y falta que se le pida a todo el profesorado su opinión sobre los problemas, las soluciones, las leyes, etc. Directamente, sin intermediarios sindicales, sin políticos ni “expertos”. Y eso no se ha hecho nunca. Ni con unos, ni con otros. Por eso aplaudo tu valentía para denunciar que el rey está desnudo, que algunos compañeros pontifican desde su fanatismo y su incoherencia (el que citas en el segundo párrafo es un claro ejemplo), y que así no vamos a ninguna parte si lo que queremos es impartir la educación que merece nuestro alumnado.

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