Debo reconocer que este verano ha sido, por muchos motivos, bastante diferente para mí. Soy población de riesgo y, lamentablemente, al final me ha acabado pudiendo más el miedo de lo que me hubiera gustado. Algo que me ha hecho huir de momentos multitudinarios y centrarme, más aún si cabe, en los contextos familiares y sociales más cercanos. Y ello, aparte de darme cuenta de lo importante que es tener a la gente que quieres -y te quiere- cerca, también me ha hecho ver que la mayoría de las cuestiones, especialmente las laborales, me han acabado resbalando bastante. No me refiero a que no haya estado, de forma oficiosa, trabajando a lo largo de todo el mes de agosto (en julio oficialmente seguía laboralmente en activo, mediante ese teletrabajo sin horarios). Me refiero a que, sinceramente, hay cada vez más cosas relacionadas con la educación, y la mediatización de la misma, que me la sudan. Suena soez, lo sé.

He estado haciendo webs para amigos. He estado leyendo más de lo que había leído en los últimos años. Además, he conseguido reencontrar el gusto de leer novela fantástica. De siempre me ha gustado pero, aprovechando el tiempo y mis ausencias de la playa en plena congestión de bípedos, he podido liquidar varias trilogías e, incluso, algunas series de libros más largas. He leído mucho. Muchísimo. Y además he disfrutado haciéndolo. Por si me lo estáis preguntando, salvo cuestiones que afectan a mi labor profesional directa para este curso, no he mirado nada sobre educación. Yendo aún más lejos, he borrado todo rastro de miles de posts en los que hablaba de ello y me he pulido una cuenta en Twitter con más de diecisiete mil seguidores (muchos relacionados con lo anterior). ¿Por qué? Pues porque, por suerte, he descubierto que el trabajo es lo que es y la vida es lo que empieza una vez has acabado de trabajar. Aún así, por motivos obvios, sigo escribiendo, en ocasiones, sobre temas educativos. Y lo seguiré haciendo a lo largo de este año que, sin ser muy futurólogo, veo que va a ser bastante raro.

Este año, en el que vuelvo a estar fuera del aula, trabajando en un proyecto que me atrae, voy a retomar la dinámica de intentar evitar cualquier disertación pedagógica absurda de esas que se generan en Twitter. Quizás intervenga porque la carne siempre posterga a la razón pero, habiendo descubierto la luz del sol, las olas, los ojos de la gente (lo de la mascarilla es algo que ha sesgado gran parte de la personalidad de uno, para convertirlas en una masa informe) y redescubierto la VIDA, voy a dedicarle los momentos justos y necesarios. Esos momentos de ocio en los que, por desgracia, no te queda nada más que un móvil y, debes decidir entre dedicarle cariño a tu granja virtual o a los que, por determinados motivos, siguen creyendo aún en el ego 2.0. Ahí seguiré escribiendo posts, disertando sobre chuminadas campestres o, simplemente, respondiendo a los que me pregunten. Eso sí, como ya habéis visto, en mi cuenta de Twitter no estoy siguiendo a nadie. No es porque no considere interesante las cosas que se dicen ahí. Es, simplemente, una cuestión de decisión e higiene personal. Totalmente intransferible, claro está.

Mucho ánimo a todos en este curso que, en nada empieza, y que va a ser raro, raro, raro. Yo seguiré estando por aquí o por la red del pajarito por si queréis charlar un rato. Para lo demás, buscad iluminación en algún gurú de cabecera o, simplemente, pensad en todo lo bueno que podéis hacer al margen de esa guía espiritual porque, al final, uno vale lo que cree que vale y no lo que le dicen que vale. Eso sí, con todas nuestras limitaciones que, al menos en mi caso, son muchas. Y valorad vuestro equipaje y todo lo que habéis aprendido del período que va desde esa maleta que, hecha y deshecha al principio de las vacaciones, que ahora tristemente os toca volver a hacer y deshacer. Seguimos…

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Acerca del Autor

Jordi Martí

Simplemente soy alguien al que le gusta escribir. Y que disfruta haciéndolo.

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