¿Qué se necesita para desarrollar proyectos educativos?

Hay dos claves para desarrollar proyectos educativos. Y ninguna de las dos tiene relación con la capacidad de uno de poder pensar en los mismos (aunque, si no se tienen en la cabeza, difícilmente van a poderse llevar a cabo). Tiene mucho que ver con dos parámetros que, no por obvios, dejan de tener su importancia. Me estoy refiriendo a la posibilidad de disponer de tiempo y dinero. Y sí, ambas van ligadas porque, al final, por mucho tiempo que tengas (o puedas dedicarle, detrayéndolo siempre de otras cosas, a un proyecto -o a varios-), si no dispones de recursos económicos para llevarlos a cabo, el proyecto se hace harto difícil de tirar para adelante.

Es por ello que los docentes de aula, lamentablemente, no vamos a poder llevar proyectos educativos macro. No es malo. Los proyectos macro deberían venir de las administraciones educativas porque, supuestamente, las mismas están interesadas en hacer lo (im)posible para mejorar la educación. O esa sería la lógica de su existencia. O debería serlo. Ya, lo sé. Por desgracia las administraciones educativas están más interesadas en moverse en función de decisiones políticas que educativas. Decisiones que, en ocasiones, tampoco son ni tan solo políticas. Son impuestas por un grupúsculo de personajes que, a día de hoy, nadie saber qué pintan en educación. Bueno, algunos intuimos qué pueden pintar.

Si estás en un centro educativo dando clase no tienes tiempo para muchos experimentos. Bueno, si tienes ese tiempo es, o bien porque no haces bien tu trabajo (que es, supuestamente, dar clase y que tu alumnado aprenda), o bien porque detraes tiempo a tu vida personal. No hay otra casuística. Con la carga laboral que tiene un docente es imposible, salvo que se dé alguna de las dos cuestiones anteriores, que se puedan diseñar y elaborar proyectos educativos serios. Otro tema es montar pequeños experimentos en el aula o hacer brindis al sol. Los brindis al sol están, por desgracia y más con la proliferación de los que venden de todo en las redes sociales, a la orden del día. Visibilidad, postureo y ganas de convertirse en los nuevos gurús del candelero.

El otro día me dijeron que este curso hay casi un millar de asesores de (de)formación en mi Comunidad, incluyendo en ese número a los mentores digitales a los que nadie ha visto, desde que ha empezado el curso, acercarse a ningún centro educativo (salvo los que les han montado un despacho en determinados centros para no dar clase). Estamos hablando de un millar de nóminas. De una legión de profesionales que, supuestamente, deberían revolucionar el modelo formativo de mi Comunidad, haciendo que los docentes de aula avanzaran, tanto didácticamente como en competencias variadas y pudieran ser asesorados por “expertos”. Pero ya veis que no todo es cuestión de tiempo y dinero porque, al final, si el tiempo y el dinero no se sabe gestionar, no tiene ningún sentido la inversión.

La mejora educativa pasa por proyectos educativos de calado. Por diseño de situaciones de aprendizaje, más allá de lo que aguante alguno de esos articulados legislativos que se han hecho a base de gin-tonics por parte de algunos que jamás han pisado el aula (o se han largado a la mínima de ella). Quizás empieza a ser hora de controlar el dinero público destinado a educación. Quizás empieza a ser hora de destinar ese dinero a los centros educativos para que puedan realizar sus propios proyectos. Quizás, y solo quizás, empieza a ser el momento de dejar de liberar docentes para que se dediquen a pegar “gomets” y empecemos a reducir horas, dotemos de herramientas y recursos a aquellos que van a mejorar la educación.

A ver si a estas alturas de la película alguien se entera de que la mejora educativa pasa por invertir en los centros, controlar y gestionar esa inversión como si fuera el dinero de uno y dotar de tiempo a los profesionales para que se coordinen. Y controlar lo anterior. Eso sí, por profesionales que sepan algo de gestión de centros educativos, prácticas educativas y de dineros.

No me hagáis mucho caso. Estoy pidiendo imposibles. Seguro que es más interesante para mejorar la educación construir un centro educativo por veinte millones de euros, cuando el coste de mercado es de cinco, que ponerse a destinar ese sobrecoste a mejorar la educación e invertirlo en la mejora de las infraestructuras de los centros educativos de ese municipio y la dotación de más personal. Debe ser eso.

Como estoy haciendo en los últimos artículos, os recomiendo mi nuevo libro sobre educación para mayores de dieciocho, “Educación 6.9: fábrica de gurús”. Lo podéis adquirir aquí (en versión digital o papel) o en ese pop-up tan molesto que os sale. Y sí, me haría mucha ilusión que fuera uno de los diez libros más vendidos sobre educación este curso. 😉

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