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Pesadilla pedagógica en la noche de Reyes

Era la noche del 5 de enero y un docente se acostó temprano, esperando con ilusión los regalos que le traerían los Reyes Magos al día siguiente. Había sido un año duro, con una nueva ley ininteligible, más burocracia que nunca, expertos que daban instrucciones contradictorias, infraestructuras que iban cayéndose y un montón de personajes que habían aparecido de no se sabe dónde que, desde sus organizaciones y fundaciones, movilizados por las redes sociales y potenciados por todos los medios, intentaban hacerse con una gran parte del pastel educativo. Era por ello por lo que se esperaba tener por la mañana unos buenos regalos.

Pero lo que no sabía es que esa noche tendría la peor pesadilla de su vida. Soñó que se despertaba y bajaba al salón, donde estaba el árbol de Navidad con los regalos. Pero, al acercarse, se dio cuenta de que algo no iba bien. En lugar de los regalos que había pedido, había unos paquetes extraños, con formas y colores sospechosos, aderezado lo anterior con un olor poco identificable, mezcla de gel de afeitar barato y depuradora.

Abrió el primero y se encontró con un libro titulado “Inteligencias múltiples: la teoría en la práctica”, firmado por Howard Gardner. El docente sintió un escalofrío. ¿Qué hacía ese libro ahí? ¿Quién se lo había regalado? ¿Acaso los Reyes Magos le estaban mandando un mensaje?

Abrió el segundo y se llevó otra sorpresa. Era un manual de Diseño Universal para el Aprendizaje (DUA), con dos jerséis que decían “El DUA es lo mejor del mundo” y “El DUA te hará feliz”. El docente se quedó sin palabras. ¿Qué era eso del DUA? ¿Por qué tenía que usarlo? ¿Qué tenía que ver con la felicidad?

Abrió el tercero y se horrorizó. Era una matrícula para un curso de inteligencia emocional y mindfulness, con un folleto que decía “Aprende a gestionar tus emociones y a vivir el presente”. El docente se sintió ofendido. ¿Qué querían decir con eso? ¿Qué pensaban los Reyes Magos de él? ¿Qué no sabía controlar sus emociones? ¿Qué no disfrutaba de la vida?

Pero lo peor estaba por llegar. Abrió el cuarto y se quedó petrificado. Era una foto de la ministra de Educación, sonriente y con un dedo en la boca, como diciendo “shhh”. El docente se asustó. ¿Qué hacía la Ministra de Educación en su casa? ¿Qué quería de él? ¿Qué le iba a hacer?

Entonces, oyó un ruido detrás de él. Se giró y vio algo que le heló la sangre. En el árbol de Navidad, colgando de las ramas, había varios pedagogos y expertos en educación, con carteles que decían cosas como “Sé creativo”, “Fomenta el trabajo cooperativo”, “Evalúa por competencias”, “Adapta tu metodología a la diversidad”, “Innova, innova, innova”…

El docente se echó a temblar. ¿Qué era aquello? ¿Qué querían esos pedagogos y expertos de él? ¿Qué le iban a hacer? ¿Qué le estaban pidiendo?

Entonces, los pedagogos y expertos empezaron a hablar, todos a la vez, con voces agudas y estridentes, diciendo cosas como:

  • ¡Hola, docente! Somos los pedagogos y expertos en educación que te van a ayudar a mejorar tu práctica docente. Estamos aquí para asesorarte, orientarte y formarte. No te resistas, es por tu bien.
  • ¡Sí, docente! Te hemos traído estos regalos para que los uses en tu aula. Son las últimas tendencias en educación. No te quedes atrás, actualízate. No te preocupes, es muy fácil.
  • ¡Claro, docente! Te hemos matriculado en este curso de inteligencia emocional y mindfulness para que aprendas a gestionar tus emociones y a vivir el presente. Es muy importante para tu salud mental y tu bienestar. No te agobies, es muy divertido.
  • ¡Por supuesto, docente! Te hemos enviado a la Ministra de Educación para que te felicite por tu trabajo y te dé las gracias por tu esfuerzo. Es muy generosa y comprensiva. No te asustes, es muy amable.

El docente no podía creer lo que estaba oyendo. Aquello era una pesadilla. Quería despertarse, pero no podía. Quería gritar, pero no podía. Quería escapar, pero no podía.

Entonces, los pedagogos y expertos se lanzaron sobre él, rodeándolo y abrazándolo, mientras le decían:

  • ¡Feliz día de Reyes! ¡Te queremos mucho!

Y, en ese momento, el docente se despertó bañado en sudor.

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5 comentarios

  1. Muchas gracias por todo Jordi. Te descubrí este año pasado y es una alegría y un consuelo enorme poder leerte. Hace 15 años me reciclé a maestrillo de Primaria y ahora, con 59 años, estoy quemado y seguramente dejaré la docencia por mi salud. Cuídate y sigue ahí alegrando al personal con tus reflexiones. Gracias.

    1. Lo que está pasando en educación, con tantos docentes que quieren/queréis abandonar el aula, es algo que debería llevar a reflexión a los que la administran. Un saludo y mucho ánimo.

  2. Le ha faltado el manual de “Gestión de aula” porque la mala educación y el mal comportamiento que tienen los alumnos son culpa siempre del profesor.

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