El punto de partida importa… y no solo en educación

Hace un par de días me llegó, a pesar de tenerle bloqueado, varias capturas de un personaje, muy conocido en las redes y para bastantes alumnos en YouTube, en las que se refería a que solo estudiaran los ricos. Y que un alumno de situación socioeconómica baja debía esforzarse el doble y no debía dársele ningún trato de favor. No incluyo la imagen del tuit porque para promocionarse, generando polémica y acabar, una vez cabreado todo el mundo, acudir a la falta de comprensión de todos los que le han malinterpretado o entendido mal, amén de algunos ejemplos de “lo bueno que es porque lo da todo gratis” y “sus alumnos virtuales le quieren mucho”, ya lo hace solo.

Pero no me interesa tanto el personaje como lo que dijo. Habló de evaluar bajo el mismo rasero y de obviar la situación de la que proviene el alumnado. Cuando los puntos de partida son tan diferentes es imposible obviar el contexto. Y obviar el contexto hace que, por desgracia, sigamos aumentando la brecha socioeconómica. Es muy bonito hablar desde arriba cuando hay mucha gente pasándolo mal abajo. Es muy fácil decir que solo se deben dar becas para estudiar en la Universidad a los que tienen un determinado rendimiento porque es más fácil que ponerse a analizar individualmente al alumnado. No es lo mismo un alumno que compatibiliza trabajo con estudios que otro que solo estudia. Y si el primero necesita hacerlo para sobrevivir, lo que no es lógico es no darle todas las facilidades posibles. Ojo, estoy hablando de facilitarle muchas cosas. No estoy diciendo que deba trabajar menos para obtener un determinado título universitario.

El problema fundamental de este discurso clasista (que un pobre debe esforzarse el doble y que, por eso y por lo que cuesta en impuestos la Universidad, debemos hacer que lo anterior sea un acceso imposible para muchos) es que no aplica al que tiene dinero. Hay familias que pueden, incluso que su hijo no llegue a la nota de corte de una Universidad pública, costearse una plaza en la privada. No me estoy refiriendo a que en la privada regalen títulos, pero sí a que la nota de corte ahí siempre es mucho más baja. En la mayoría de ocasiones tan solo debe haber uno aprobado las EBAU (la Selectividad de toda la vida). Y el apoyo de esas familias, con clases de repaso e hijos a full time dedicados solo a sus estudios, hace que algunas propuestas neoliberales de exigencia mal entendida, reconvertida en falsa meritocracia, salten por los aires.

No voy a ser yo el que cuestione la necesidad de que, al menos en etapas postobligatorias, se deba exigir LO MISMO a todo el alumnado. También lo exigiría en etapas obligatorias. Otra cuestión muy diferente es que, si no facilitamos de alguna manera que alumnado cuyas calificaciones no sean tan buenas que las de sus compañeros, por motivos fundamentalmente de contexto, estaremos perpetuando un modelo social muy pernicioso. Además, en este caso no es así porque todos sabemos que con un cinco de media (entre Bachillerato y las EBAU) uno con posibles puede estudiar en una privada, mientras que uno de familias pobres con un diez de media (ahora es sobre catorce) se queda a las puertas.

Creo que el discurso clasista que emanan algunos, justificado hasta la saciedad desde su posición social actual, se cae por su propio peso. Exigencia sí. Exigir resultados para seguir disfrutando de becas, también. Otra cuestión es que si las becas solo cubren la matrícula y poco más, habrá muchos que la perderán porque, por desgracia, no podrán dedicar ni las horas ni tendrán las condiciones óptimas para aprender. Sí, lo de ir a buscar chatarra por la mañana, ir al mercado con su familia a primera hora de la mañana o trabajar en una pizzeria, y llegar agotado a casa por la tarde, hace que muchos, salvo que les ayudemos, no vayan a poder tirar adelante.

Por eso yo pido desde aquí que, el discurso tan necesario de tener gente que sepa, se module con estos factores de contexto tan importantes. Y que afectan no solo a la gente con problemas económicos y sociales, también afecta a muchas alumnas que, a pesar de tener un rendimiento aceptable, se ven obligadas por tradición, a dejar los estudios a los dieciséis. Algo que, como sociedad, no deberíamos consentir.

En mi cabeza si sé lo que quería decir. El problema ha sido trasladarlo a formato post.

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David
4 months ago

Totalmente de acuerdo. El punto de partida no es el mismo para todo el mundo y si no tomamos medidas con respecto a eso, no parará de crecer la desigualdad social. Creo que en la historia de este enlace se explica de forma magistral. Hace unos meses también dejé mi opinión al respecto por aquí.

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