Debo confesaros que no hay nada que me provoque más olor a naftalina que la inmensa mayoría de lo que, mediáticamente o por parte de algunos, se está llamando innovación educativa. Hacer sumas con una tableta no es nada innovador. Poner vídeos para que se vean en casa y, en el aula ponerse a debatir sobre los mismos, tiene muy poco de novedoso. Y  eso sin entrar en el trabajo por proyectos, el uso de ábacos para aprender operaciones matemáticas básicas o, simplemente, el ponerse a usar una herramienta muy TIC para hacer algo que, de forma mucho más sencilla, podría hacerse a mano. Coño, que no hay nada más rancio ni complicado frente al uso de las manos que un mapa conceptual online. Es más fácil y sencillo ponerse a cincelarlo en una tabla de arcilla. No, no estoy exagerando.

Hay mucho personaje que va de innovador que, al final lo único que hace es reproducir modelos que se aplicaban ya en el medievo. Toda la teoría de premios y castigos, montada bajo herramientas tan chulas como ClassDojo, no son nada más que los gomets verdes y rojos de toda la vida. Lo innovador fue la aparición de las estrellas doradas que complementaban a lo anterior. Lo de los muñequitos o las insignias, aunque molen un montón, no tienen nada de moderno. Ya sé que los pantalones de pitillo vuelven a molar, pero a nadie se le ocurre decir, a diferencia de lo que sucede en el ámbito educativo, que lo anterior es innovador.

Sustituir la búsqueda de datos en una enciclopedia por la Wikipedia o Google tampoco es innovador. Es, simplemente, una reproducción de un concepto “de búsqueda” en el que lo único que ha cambiado es la herramienta mediante la cual se busca y el control académico de la misma. Buscar en la Wikipedia no tiene el mismo valor que hacerlo sobre algo montado bajo criterios científicos en el que ha habido un equipo de trabajo detrás con muchas calificaciones profesionales. Bueno, tiene el mismo valor para aquellos bípedos incapaces de diferenciar aprendizaje de chachipirulismo. ¡Ojo! Entiendo la necesidad de la motivación y considero que, al igual que otros aspectos que, en ocasiones se descuidan, son muy pertinentes de tener en cuenta en la ecuación educativa.

Solo se puede hablar de innovación educativa para ciscarse de ella. Yo niego desde aquí que exista. Afirmo que las metodologías educativas que algunos están aplicando y vendiendo como innovadoras, sean poco más que un mojón envuelto en mucho papel de regalo. La innovación educativa tiene lo mismo de innovación o de modernidad que el Ratoncito Pérez. Eso sí, el Ratoncito Pérez es bastante más importante para la educación de nuestras generaciones. Lo demás, simplemente un subterfugio de algunos para encubrir sus limitaciones pedagógicas.

No es malo usar herramientas TIC. No es malo ser competente digitalmente (debería ser obligatorio tener una competencia digital alta para dar clase). Lo que es perverso es hablar de innovación educativa cuando la misma NO EXISTE. Soy un negacionista declarado, con nombre y apellidos, de la innovación educativa. Otra cuestión es que esté usando bien el concepto de negacionismo. Pero si lo pueden hacer casi todos los medios, ¿por qué voy a ser yo menos que ellos? 😉

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Acerca del Autor

Jordi Martí

Simplemente soy alguien al que le gusta escribir. Y que disfruta haciéndolo.

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