Mi blog, mis tuits, mis reglas

Debo reconocer que no es la primera ocasión en al que he sido vetado por mis opiniones. Quizás sí que es la primera ocasión que habiendo hecho bien mi trabajo, una vez ya se me había contratado para hacerlo, se me ha cesado por cuestionar abiertamente un tema (o algunos) que van en contra del pensamiento de algunos. Los fascistas no van siempre con banderas del aguilucho y, por desgracia, a veces se esconden en siglas muy insospechadas. Por suerte son una minoría, pero si te tocan date por jodido.

Ayer ya lo comenté abiertamente en Twitter. Hoy lo voy a repetir aquí y, posiblemente lo haga también haciendo un pequeño vídeo corto sobre el tema. Me va bien como terapia. Además escribir, pensar, razonar y no estar dispuesto a cambiar las reglas por presiones exógenas, es algo que forma parte de mi carácter. Por cierto, no me hace más valiente ni mejor ya que, por suerte, tengo un lugar fantástico donde ir. Simplemente se adelantan plazos.

Como algunos ya sabéis y otros vais a descubrir hoy, vuelvo el curso que viene al aula. Lo hago dejando proyectos a medias, un gran equipo y unos grandes profesionales en la DGTIC. Además, totalmente convencido de que la actuación del Conseller de Educación de mi Comunidad lo ha hecho bastante bien a lo largo de la pandemia. Al César lo que es del César. Algo que no excluye creer que hay cosas que quizás yo hubiera hecho de otra manera.

¿Por qué vuelvo al aula? Pues porque hay críticas a ciertos planteamientos que hace alguien de la Conselleria, con poder de cortar cabezas, que no le han sentado muy bien. Iba a volver al aula porque mi intención, cuando me fui de ella, fue el volver. No lo había dicho nunca de boquilla. Quizás no tan pronto, pero era algo que tenía interiorizado. Estaba, en ese momento futuro a un par de años vista que me hubiera ido por voluntad propia de la administración más “gris”, entre la disyuntiva de mover mi jubilación o volver al aula. Y, por motivos de salud mental, prefiero mientras pueda seguir trabajando en un modelo que me implique una cierta obligación. Eso sí, repito… no era mi intención volver todavía.

Sí, he de reconocer que cuando me plantearon hace unos días que moderara mis tuits o dejara de escribir acerca de ciertas cosas para renovar en la Conselleria, en un primer momento tuve un momento de enfado y tristeza. Quién podría atreverse a decirme lo anterior cuando mis críticas jamás han menoscabado mi profesionalidad. Quién sería capaz de ir diciendo por todas partes la necesidad de defender la libertad de expresión y, a la vez, hacer una venganza orquestada contra alguien que no pinta nada y era un simple asesor técnico docente sin mayores pretensiones. Pues sí, había alguien que me la tenía jurada. Y supongo que el tema de mi abierta oposición a los ámbitos (esto ya es deducción, pero creo que me equivoco poco) fue la gota que colmó el vaso. No el hacer mal las cosas. No el no cumplir profesionalmente. No el no dar el 110% como han dado la mayoría de docentes en las aulas y la totalidad de mi servicio (incluyendo a los que lo gestionan). Simplemente, he sido cesado porque no puedo opinar de algo que nada tenía que ver con mi trabajo en Conselleria. Además, siempre en mis horas libres y una vez finalizada mi jornada laboral. Bueno, jornada laboral que en estos meses no tenía fin.

Es mi blog, son mis tuits, son mis reglas. No voy a dejar que nadie me diga acerca de qué puedo o no escribir. No voy a dejar que nadie me diga qué puedo o no pensar y trasladar a un tuit. No voy a dejar que nadie me presione con lo anterior. Si alguien cree que es mejor tener un acólito que un profesional trabajando para él, creo que se equivoca. Siempre he dicho que lo mejor es rodearse de gente que sepa y haga (no lo digo por mí porque son otros los que deben de valorarlo) que no de lameculos inútiles. Especialmente en ciertos puestos técnicos. Pero bueno, allá cada cual.

Yo vuelvo al aula orgulloso de mi trabajo. Orgulloso de mis compañeros y mis jefes. Y orgulloso de lo que se está haciendo en la educación valenciana a nivel de digitalización (no solo de herramientas, también con todo el tema de la secretaría digital). Por poco más de 200 euros limpios al mes (que ya es gasto de coche, porque a mi centro puedo ir andando) y horarios infinitos, creo que me han hecho un favor. Eso sí, ahora toca recomponer mi situación personal para poder ver a mi hija y cambiar el chip. Y hacerlo lo mejor posible en mi nuevo centro. Algo que voy a hacer.

Por cierto, seguiré escribiendo en el blog, haciendo tuits y trabajando en otros proyectos que tengo en la cabeza. Me voy muy digno y, ahora ya pasados algunos días, muy feliz. Cuando una puerta se abre, a veces te ofrece ese aire que necesitabas. Gracias por todo a los que ya sabéis. Sí, incluso te voy a agradecer a ti, que me has cesado, que lo hayas hecho. Y te deseo toda la suerte del mundo porque, al final, nunca ha sido cuestión de personas y sí de hacer bien las cosas. Y yo voy a seguir apostando y luchando por la educación valenciana, tal y como he hecho hasta ahora. Simplemente cambiando de lugar para hacerlo.

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Andrés
Andrés
25 days ago

Ànim, els que estem contra els àmbits et donem les gràcies per la teua defensa de la mostra causa

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