Me da la sensación de que algunos, entre los que me incluyo, estamos dotando de importancia a cuestiones que, por desgracia, nos hacen perder mucho tiempo de debates estériles y que, en el fondo, son totalmente intrascendentes. Poniendo un par de ejemplos recientes me vienen a la cabeza dos cosas: el publirreportaje de la Ministra de Igualdad en Diez Minutos y las disertaciones en los medios acerca de si llevaba o no un Rolex en la foto o, yendo a mi ámbito profesional, unos tuits de un tipo que hace vídeos y cuya relevancia para la educación es entre cero y ninguna. Ya, seguramente podemos jugar, en el primer caso a ética y estética o, en el segundo, juzgar la catadura moral del personaje pero, sinceramente, debería ser cosas que no nos importaran.

A mí me importa que un político me robe, detraiga recursos públicos para uso personal o, simplemente, gestione mal. Lo que haga con su dinero, obtenido gracias a que le han votado, me la trae al pairo. Que sea más o menos estético me la repampimfla. Bueno, lo único que demuestra es que algunos políticos saben muy poco de que, en ocasiones, es tan importante lo que se dice/hace como lo que se muestra. Pero ahí cada cual con sus asesores, que supongo que para algo les estarán pagando. Eso sí, es lícito decir lo que a uno le parece. Un personaje público tiene, por el hecho de estar ahí y, como en este caso, haberse “vendido” a hacer ciertas cosas, poder ser cuestionado por ese hecho. Además, no lo olvidemos, a una cajera (con todo mi respeto por la profesión, una de las más necesarias en el confinamiento) no la sacan en ese tipo de revistas y a la Ministra la sacan por el cargo que ocupa.

Volviendo a la educación, algunos somos tan tontos que nos dejan un cebo y picamos. Hay gente muy lista que intenta vender su negocio. Alguien que consiguió “vender” hace unos años seis vídeos de unos pocos minutos a la Consejería de Educación de Madrid por 17.900 euros es alguien muy listo. No olvidemos que resultan siempre sospechosos los contratos menores de 18.000 euros porque, curiosamente, son los que se pueden adjudicar “a dedo” ya que no obligan a concurso público. En este caso podéis consultar todos los datos del mismo en el Portal de Transparencia de la CAM, buscando por el expediente CM-A/SER-0000071603/2017. No estoy diciendo que fuera ilegal, estoy diciendo que resulta curioso que se produjera dicha contratación. Y eso sí que me importa como ciudadano porque esos vídeos, que ahora ya no encuentro (o no sé buscar), se pagaron con dinero público. Dinero que podía haber ido a otras cosas porque, al final todos sabemos que si el dinero público se gasta en A, no va a poderse gastar en C (no pongo B porque está el tema sensible). Pero, más allá de lo anterior, ¿realmente aporta algo este personaje a la educación? ¿Sus vídeos ayudan a que la educación mejore? ¿Tiene estrategias que hacen que deba ser consultado para diseñar estrategias educativas? Pues va a ser que no pero, por desgracia, casi todos caemos en sus trampas (para apoyarle o ponerle a caldo) y, con lo fácil que es creer que alguien es o sabe de algo por tener seguidores en Twitter o salir en los medios, algunos piensan que tiene la menor importancia lo que diga.

Es por ello que conviene discriminar al personaje anterior y a todos aquellos que, como opinólogos profesionales, salen en ciertas tertulias para hablar de educación. A mí que Jorge Javier, Belén Esteban, el butanero que se beneficia al vecino (sí he dicho vecino) del quinto o, simplemente, el tipo aquel que entrevistan para que les hable de epidemiología, que sale tanto en la televisión, hable de educación no es relevante. Su importancia no existe. Puede existir, en este último caso, una referencia al estado sanitario del alumnado pero, a nivel de educación -considerando como tal el proceso de enseñanza y aprendizaje, con todo lo que lo envuelve- no debería preocuparnos su opinión.

En cambio, es importante reconocer que hay personas que hablan sobre educación que debería importarnos lo que digan. Entre ellas están los responsables políticos que la gestionan (sí, a mí me importa/afecta lo que diga o haga la Ministra de Educación o alguno de los altos cargos del Ministerio y, de forma mucho más directa al estar transferida la educación a las Comunidades, lo que haga el Consejero y Secretario Autonómico en la mía -por cierto, aprovecho para decir, con todas las pegas que se les puede poner, se está haciendo bastante mejor de lo que me están diciendo que se está haciendo en otras-), los docentes que están en activo dando clase (incluyendo como no a los equipos directivos), los asesores técnicos docentes, los inspectores, las AMPAS (y los padres y madres), el alumnado y todos aquellos que, de forma directa o indirecta intervienen o han intervenido en su etapa laboral en el sistema educativo. Remarco lo de laboral porque, es fácil de entender que si uno ha estudiado hace décadas, su opinión es bastante irrelevante, salvo que la haga como padre o madre. Sí, también incluyo a los editores de libros de texto, a los sindicatos educativos, a los que diseñan herramientas y servicios educativos más o menos TIC, etc. Mucha gente para dar importancia a personajes que, salvo “su chiringuito” o “sus tiempos en los medios” no van a tener ninguna relevancia en lo que vaya a suceder en el aula. Además, no lo olvidemos, a lo largo de la pandemia muchos de esos “influencers” han estado totalmente desaparecidos porque, al final, la educación solo les interesa cuando la ven en formato euros.

Hay personas que sí que nos debería importar lo que digan y otras que, por su irrelevancia en el ámbito del que hablan o de la situación que se mediatiza, entre poco y nada. Eso sí, como seres primarios a los que nos gusta la carnaza, siempre es mejor dedicar una parte de nuestro tiempo a satisfacer nuestras ansias de despiece. Además, es que algunos nos lo ponen en bandeja 😉

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Acerca del Autor

Jordi Martí

Simplemente soy alguien al que le gusta escribir. Y que disfruta haciéndolo.

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