Otro año más que me han vuelto a tangar estos putos Reyes Magos. Ya no sé si es porque no les gustaron las galletas caducadas que les puse hace unos años o, simplemente es por ser catalán, pero debo reconocer que son unos granujas. Pueden traer una nueva variante de COVID (ya está incluso la de Río de Janeiro, así que en nada tenemos la de Danone o Coca-cola) y no pueden traerme unos simples calcetines y calzoncillos. Que ya voy sobrado de agujeros y necesito renovar mi ropa interior. Joder, que no pido ni tan solo que sea una ropa interior sexy ni me importa el color de los calcetines. Me vale cualquier cosa que no lleve respiración artificial. Que está muy bien tener ojete, pero tapado. Entra mucho frío por ahí. Y no solo por ahí porque mis dedos y tobillo también tienen demasiadas aperturas descontroladas. Y no, el coronavirus no se contagia por los pies. Bueno, tampoco nadie tiene ni idea de por dónde se contagia, pero seguro que por mis pies no.

Me he acercado con legañas al árbol, previamente a que se haya despertado el resto de la prole y, enfundado con mis gafas de rayos X no he podido distinguir, en los paquetes (bueno, en el paquete) que pone Jordi rastros de esos dos únicos productos que había puesto en la carta. Y prometo que la he escrito en trilingüe por si resulta que, al no poder venir de Londres por el Brexit, me venían los interfectos vía Francia. Lo del hebreo ya se va un poco de mis posibilidades y de las de Google. Bueno, en caso de querer hebreo antiguo. El viejo, que cada uno interpreta como le da la gana en unos manuscritos que tienen más de falsos que el pelazo de algunos, no tiene traductor fiable. Bueno, tiene catedráticos que viven del cuento. Es que lo de algunas cátedras universitarias es un despiporre. El otro día me dijeron que hay una cátedra de “estudios bivalvos”. No, no es broma. El día de los inocentes ya pasó.

Mecagüen todo lo que se menea. Además ni tan solo han dejado existencias en Amazon. Busco calzoncillos de felpa acolchados (joder, el culo ya se resiente a unas edades) y me pone que el producto está agotado hasta después de la pandemia. A ver si los calzoncillos van a ser el papel de váter del siglo XXI. Ahí lo dejo. Ya sé que había dicho que me daba igual el color de los calcetines pero, ¿de verdad voy a ir con unos calcetines de reno, fabricados con mano de obra infantil y distribuidos por alguna de esas empresas que tanto trabajo basura dan? Ya, lo sé… el ordenador con el que escribo también está hecho con mano de obra infantil y el móvil con el que uso las redes sociales y envío whatsapps ha costado más de una vida, pero no me hagáis ser tan purista de lo correcto. Que ya sabéis el argumento de no querer ver o, simplemente, del qué pasa si yo dejo de comprar o usar ciertas cosas porque, al final otros van a usarlas. A ver, lo de los mártires está muy pasado de moda. Además, con el cabreo que llevo encima, incluso soy capaz de ir a robar vacunas y venderlas en la deep web. No me tentéis que estoy muy enfadado y estoy dispuesto a colaborar con la extinción de gran parte de la sociedad. Eso sí, después de la siesta de hoy. Es que he dormido mal pensando en que esos tipos, puestos hasta arriba de farlopa que les suministran sus camellos (que llevan siempre con ellos), me traerían lo que les había pedido.

A estas alturas del día, o cambian mucho las cosas, o mucho me temo que quiero que el asteroide (sí, ese que siempre nos va a dar y siempre nos acaba rehuyendo) acabe con la raza humana. Bueno, mejor si puede acabar solo con los Reyes Magos porque, al menos dentro de mis planes, no entra el suicidio. Soy más de matar que de matarme. Es lo que tiene quererme mucho. Qué hostia les iba a dar a los tipos esos. Sí, incluso al negro. No voy a hacer distinciones y me caen igual de mal los tres. He dicho igual porque, al final, los tres han acabado confabulándose para joderme el día de hoy.

No me hagáis mucho caso. Espero que, como mínimo, a vosotros sí que os hayan traído lo que habíais pedido. Si es así, felicidades. Yo seguiré diseñando la mejor estrategia para que, el próximo año, alguno de esos tres tenga algún accidente. Feliz día de Reyes.

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Acerca del Autor

Jordi Martí

Simplemente soy alguien al que le gusta escribir. Y que disfruta haciéndolo.

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