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¿Sustituirá la IA a los docentes… o a los inspectores?

Hay una pregunta que lleva tiempo rondando por salas de profesores, claustros virtuales y tertulias de pedagogos con powerpoints, incluyendo aquellos que se pasan la vida en las redes sociales. La pregunta, como todos habréis podido deducir, si dejamos al margen dónde se va a tomar la próxima cerveza, es si va la inteligencia artificial a sustituir a los docentes.

Podría haceros un spoiler rápido, al igual que he hecho con alguien para hablar de una película (que me ha supuesto un veto indefinido para hablar con él de cine), pero no lo voy a hacer. Bueno, sí. Qué demonios. Tampoco creo que no me juego mucho con vosotros. No. La IA no va a sustituir a los docentes.

No viene a sustituir a los docentes pero no por la razón que algunos estáis pensando. No vendrá a quitar el puesto a quien enseña. Vendrá a dejar en evidencia a quien lleva años escondiéndose detrás de protocolos, formularios y un absurdo papeleo de copia y pega.

Y aquí es donde viene el matiz incómodo… quizás no reemplace al docente, pero sí que va a cambiar lo que entendemos por «función educativa». Y eso, sí o sí, nos toca a todos los que trabajamos en educación.

Lo primero que hay que decir, para quien aún no lo haya entendido, es que una máquina no puede ser docente. Ni puede improvisar en un aula con veintimuchos niños o adolescentes cabreados, ni detectar con la mirada que un alumno está a punto de romperse, ni ajustar sobre la marcha la explicación porque hoy simplemente no toca seguir el libro.

Pero mientras nosotros corregimos una redacción, la IA puede corregir mil. Mientras nos peleamos con un Excel de horarios, ella lo optimiza en segundos. Mientras redactamos un informe que irá directo a un cajón, ella detecta patrones, puntos débiles, propuestas de mejora.

¿Y si en vez de preguntar quién va a ser sustituido, preguntamos quién va a saber usar eso para trabajar mejor, más centrado y menos esclavo de lo irrelevante?

No sé si me estáis siguiendo. A ver si consigo desarrollarlo un poco.

Hay quien habla de la IA como si fuera la salvación de la educación. Ya os digo yo que no hay IA que arregle un currículo, que humanice el aprendizaje a seres humanos variopintos (léase alumnado) o que devuelva la motivación a quien lleva diez años sobreviviendo entre reuniones y actas. Pero sí puede hacer una cosa… sacarnos del bucle de lo inútil.

Y eso afecta a todos: docentes, directores, inspectores, técnicos, asesores porque, y aquí lo pongo en negrita para que quede claro,  la IA no viene a sustituir profesiones, viene a cuestionar prácticas. Si una práctica se basa solo en repetir, revisar, justificar y volver a archivar… ya sabemos lo que pasa.

Habrá docentes que usen IA para planificar clases más inclusivas. Habrá equipos directivos que la utilicen para anticiparse a problemas organizativos. Y sí, habrá inspectores que dejen de perseguir rúbricas y empiecen a trabajar con datos reales, dinámicos, útiles. Algo que, ya os digo yo, que viendo la cantidad ingente de trabajo que tienen tanto equipos directivos como inspectores, hace imprescindible la automatización de muchos procesos.

Esos docentes,  directores (añado al resto del equipo directivo), técnicos, asesores, inspectores, etc. no solo no van a ser sustituidos… van a ser imprescindibles.

Los que sigan haciendo lo mismo de siempre, mirando de reojo lo nuevo, esperando instrucciones para moverse… esos lo tienen más difícil. Porque cuando una IA hace lo mismo que tú, pero más rápido y sin protestar… alguien preguntará para qué estás. Y no va a ser una máquina quien lo diga.

Quizás la pregunta no es si la IA va a sustituir a los docentes. Quizás la verdadera pregunta es si vamos a tener el coraje de dejar que nos ayude a ser mejores. Una pregunta a la que añadiría si nos vamos a dejar formar en que nos ayude a serlo.

La verdad es que haber dejado a Torrezno en barbecho hasta septiembre (o cuando me dé la gana devolverlo a este blog) me hace plantearme algunas otras cuestiones de presente inmediato. Tengo muy claro que ha habido -y habrá- muchas tecnologías que, al chocar con la realidad del aula, han demostrado su inutilidad. El problema es que, viendo las potencialidades de la IA y dándole un uso en algunas cuestiones, estoy viendo que quizás, siempre y cuando quien esté dando las instrucciones sepa acerca de qué se las está dando, puede ayudar a mejorar los procesos y, lo que es más importante, los tiempos. Unos tiempos que, al ahorrarse, pueden dar más tiempo a lo realmente importante.

Estoy convencido de que la inmensa mayoría de personas que se dedican a la educación (en cualquiera de sus facetas) lo están haciendo muy bien y además quieren hacerlo mucho mejor. Por eso sí que puedo poner las manos en el fuego.

Disfrutad del domingo. A mí creo que me toca, por cuestiones climatológicas adversas, la última paella antes de septiembre.

Permitidme hoy una aclaración final… lo de la IA va muy rápido y quizás esa rapidez nos haga cometer errores. Los tiempos para su implantación en el ámbito educativo deben ser rápidos pero, al igual que todo lo que se implanta, siguiendo unos determinados pasos. No vayamos a cargarnos una herramienta de tanta potencialidad antes de empezar a poder sacarle el jugo. Y no nos olvidemos tampoco de todas las cuestiones éticas que subyacen tras su uso. Van de la mano.

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Un comentario

  1. No entiendo cómo puedes ser optimista. Lo que tenemos ahora no es IA, lo que tenemos son LLM, es decir generadores de cháchara (cháchara con buena presencia, pero cháchara).
    Desde arriba, lo que va a aumentar es la exigencia de papeles y más papeles. Nada de una programación de tres folios contando qué quieres que los alumnos más o menos aprendan durante el curso, lo que nos pedirán será una programación de miles de páginas describiendo minuto a minuto lo que vas a hacer en el aula con cada uno de los alumnos. Y los profesores usaremos los LLM para generar esos papeles. No habrá quien se lea tanto papel ni servirán para nada.
    Desde abajo, lo que vamos a tener son alumnos que te dirán que eso que les pides a ellos que hagan (entender un texto o una explicación y responder a unas preguntas), ellos se lo piden a chatGPT o similar y tienen la respuesta en un segundo, así que para que van a perder el tiempo haciéndolo ellos. Los alumnos cada vez sabrán menos de cualquier cosa, así que será imposible enseñarles nada, porque todo conocimiento se acumula sobre el conocimiento anterior.
    Y en nuestro nivel, lo que tendremos serán cada vez más majaderos presumiendo de lo maravillosas que son sus clases y lo maravillosos que son sus alumnos, viviendo todos en el instagram de la educación.
    Ya estamos prácticamente ahí, pero el futuro es «todos aprobados» y que os aguante el siguiente. Y como el conde de montecristo, contando los días que nos quedan para la liberación (jubilación).

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