Estos últimos días hemos conocido un acto vandálico que ha sufrido el «mejor» profesor de Secundaria según una entidad bancaria (enlace). Le han rajado las ruedas del coche en otro suceso, dentro de los que suceden esporádicamente (y llevan sucediendo desde que tengo uso de razón) en el ámbito educativo. No, ahora no hay menos sucesos de este tipo. Lo que pasa es que ahora existen las redes sociales y ello, junto con la reducción de la calidad de la información que nos suministran los medios, hace que estas noticias sean viralizadas. Incluso hay docentes que usan casos excepcionales, cuando no inventados, para conseguir su minuto de gloria. Cuánto daño ha hecho la necesidad de publicarlo todo para conseguir que, por ejemplo un tuit, llegue a miles de retuits y me gustas. Sí, hay algunas personas relacionadas con la educación que se dedican a ello. O bien en positivo, o cada cierto tiempo que ven que baja el negocio de su chiringuito, emiten un tuit incendiario para volver a estar en el candelero.

Por tanto ya tenemos algo que me chirría. La necesidad de viralizar cierta parte o ciertos discursos de lo que sucede en educación. Veo mucho aspaviento, mucha trola que demasiados tragan/tragamos y mucha necesidad de convertir algo que debería hacerse en clase en un espectáculo. Si hasta el docente al que le han rajado las ruedas da en su perfil de Linkedin más importancia a subir sus clases a YouTube que a ser profesor de Física y Química.

Fuente: https://es.linkedin.com/in/antonio-p%C3%A9rez-moreno-a31b9b70

Me chirría tanta necesidad de visibilidad. A mí me encanta escribir en este blog pero, como he dicho siempre, jamás lo hago por una cuestión de visibilidad. Lo tengo y lo mantengo porque me apetece escribir. Al igual que tengo perfiles en determinadas redes sociales. Si me lo paso bien, por ejemplo en Twitter, no tengo ninguna necesidad de quitarme de ahí. El problema viene cuando se da más importancia a lo que uno hace fuera del aula que a lo que se hace dentro. Y esa importancia puede darla tanto el docente cargado de ego como los que catapultan a determinados personajes. No olvidemos que siempre hay un cierto interés en promocionar determinados planteamientos educativos mediante modelos concretos. Es que solo tenéis que pasaros por los medios y por lo que publicitan incluso determinadas administraciones educativas.

No es malo hacer vídeos de YouTube en tu tiempo libre. No es malo hacer proyectos en el aula. No es malo querer trabajar sin libro de texto. No es malo, como es lógico, querer trabajar con él o seguir con los métodos que te funcionan. Es que no hay, salvo alguna aberración pedagógica, nada que pueda decirse que sea bueno o malo a priori. Especialmente desconociendo al alumnado con el que trabajan los docentes que dicen que «lo suyo» es maravilloso. El problema, como siempre sucede, es que hay una determinada visión de la educación que se está promocionando. Y con herramientas muy poderosas que llegan en muy poco tiempo a todas partes. Ficciones más o menos edulcoradas que permiten satisfacer egos y esconder realidades.

Después del acto reprobable de las ruedas, tengo que decir que el mismo no es debido a la supuesta permisividad actual en los centros educativos. Ni a familias que creemos que hace treinta años no llevaban a sus hijos a la escuela. Ni a alumnado que es más o menos capaz que el de cuando nosotros estudiábamos. Si hasta yo me acuerdo de cómo le dejaron el coche a la profesora de Física y Química de segundo de BUP, cómo se quedaba en el patio para pegarse o incluso, el caso más grave, de pegar con un extintor en la cabeza al conserje del instituto donde estudié. Todo aderezado con destrozos de material, rotura de mesas y sillas y, curiosamente, pintadas en los lavabos. Estando, por cierto, igual de sucios que actualmente. Así que, por favor, que nadie me venga a hablar de temas de disciplina, respeto o del olor de lavanda de antaño. Pasaba lo mismo que ahora con una sola diferencia: el alumnado complicado de 14 a 16 años abandonaba los estudios y no lo tenías en el aula. Vamos a ser claros.

Lo siento. Me chirría mucho el concepto metafísico de una educación que jamás ha existido. De una educación que no existe. De un modelo educativo basado en listas de Reyes Godos que jamás se han explicado. De desespecialización para intentar maquillar los defectos que tiene nuestro sistema educativo. Defectos que no son de ahora. Defectos que son de décadas y que, por desgracia, a nadie le interesa, más allá de poner parches de cada vez peor calidad, intentar solucionar. Es que todo el discurso educativo me chirría. Y cuando digo todo, es todo.

Entiendo que haya personajes que deban ganarse la vida inventándose cosas. Otros que intenten debatir acerca de si su idea de la educación es mejor que la de otro. Incluso puedo llegar a entender que todos debatan acerca de la distribución curricular de la LOMLOE, solo habiéndose leído un artículo manipulado de un medio más que cuestionable. Es que puedo llegar a entender todo lo anterior pero, sinceramente, ¿alguno de los que dais clase os creéis ciertas cosas de las que se dicen fuera de ella? Especialmente cuando quienes las dicen son capaces de hablar un día de abolir la disciplina y, al día siguiente cuando les rajan las ruedas de su coche, pedir mano dura para recuperar la autoridad. Es que ya…

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