La Línea Maginot

Estoy convencido de que hay un número más que apreciable de docentes en activo incapaces de saber, sin buscar en Google, qué fue la Línea Maginot. Esa idea de un iluminado, para más señas Ministro de Defensa francés que, una vez finalizada la Primera Guerra Mundial, se dedicó a idear una “muralla china” que protegería Francia de los ataques desde Alemania e Italia. Una idea “brillante” ya que, como todos sabemos -o deberíamos saber-, los nazis entraron por Bélgica y, ni las municiones almacenadas en los túneles se gastaron y ni tan solo se llego a disparar ni una sola bala desde los soldados escondidos en sus puestos de disparo.

¿Por qué hablo de un hecho histórico sin ser historiador? ¿Es relevante a nivel competencial saber que existió lo anterior? ¿Es emocionalmente asumible por el alumnado que se habla de conflictos bélicos? ¿Es necesario saber que, en un cierto momento, se produjo lo anterior y saber relacionarlo con un contexto determinado? Pues seguramente todo va a depender de a quién se lo preguntes. No es algo relevante para la mayoría de empleos. Bueno, para ningún empleo salvo para un historiador que escriba libros o dé clase. ¿Debe entonces reducirse ese aprendizaje memorístico a la nada? Yo creo que no pero, como he dicho siempre, puedo estar muy equivocado.

Yo soy de los que cree que es tan necesario saber quién es Rocío Carrasco como el mariscal Pétain. Que no es malo mirar la Isla de las Tentaciones siempre y cuando haya complemento intelectual por otra parte. Es tan válido hartarse de novelas de Corín Tellado, e incluso leerse la biografía de Belén Esteban, como regocijarse con literatura fina. Lo importante es que uno lea. Que sepa que hay vida más allá de determinados tipos de libros, películas y series. Que se conozca, además del nombre del youtuber de turno, el de los investigadores que están tras el desarrollo de determinadas vacunas. Además no lo veo como algo opuesto tal y como se plantean algunos. La verdulería intelectual es tan necesaria como la intelectualidad más elaborada. Es lícito irse a comer un día al McDonald’s. Lo que no es sano ir solo a comer siempre al McDonald’s.

Me gustaría que todo el mundo fuera capaz de saber ciertos datos y hechos históricos. Me encantaría que el alumnado, más allá del aprobar, quisiera aprender. Me parecería fantástico que, además de clases magistrales (magistralmente entendido el concepto), hubieran clases menos “densas”, más interactivas y, por qué no decirlo, más lúdicas. No es malo el circo. El problema es cuando solo hay circo. No sé si me explico.

La indigencia cultural e intelectual vendrá de una falsa competencialidad. Cuánto daño ha hecho el concepto vacío de Escuela del siglo XXI. Cuánto daño está haciendo, precisamente a los de familias más desfavorecidas que, en lugar de presionarles para que vayan a más, se les presiona para que vayan a menos. Hay un fracaso escolar enorme pero, el problema está más allá de los números.

Podemos reducir el fracaso escolar eliminando calificaciones y haciendo promociones automáticas. Seguramente con toda la buena intención del mundo. Lástima que me da la sensación que estamos usando una solución equivocada. Pero qué voy a saber yo.

Además, seamos sinceros, lo de salvar el mundo ya me ha pillado muy mayor. Ahora ya solo pretendo salvarme y salvar a los que tenga más cercanos. Las grandes gestas ya no van conmigo. Esas se las dejo para los nuevos iluminados de la educación. Para todos aquellos que saben mucho y tienen muy claro, desde su posición monolítica, cómo salvar al mundo de la barbarie.

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