En plena vorágine de aulas confinadas y de alumnos, docentes y familias que, por motivos contextuales se han visto obligados a ser competentes digitalmente en un pispás, hay algo que sigue preocupándome. Y lo que me preocupa es la falta de competencia para afrontar una docencia híbrida. Sí, al igual que también me preocupa lo del teletrabajo, la falta de gestión horaria del mismo e, incluso, el modelo laboral continuo bajo diferentes premisas y/o justificaciones.

La docencia híbrida es la que debería haberse implantado hace décadas. Una docencia que permita, tanto moverse en el aula, como poder usar las herramientas tecnológicas complementarias a las clases presenciales. No me sirve el modelo online para etapas obligatorias ni el renunciar a lo virtual pensando que, en cuatro paredes vamos a ser capaces de gestionar todo el aprendizaje de nuestro alumnado. Eso sí, entre presencial y virtual lo tengo claro. Más aún en Infantil, Primaria o primeros cursos de la ESO. Por eso mi apuesta por la docencia híbrida. Una docencia que, a la vez que permite clases presenciales magistrales (en el buen sentido), se apoya en una gran cantidad de recursos y herramientas digitales. Creo que no es tan difícil plantearse un modelo similar a medio o largo plazo. Un modelo basado en dos grandes ejes: competencia digital de TODA la comunidad educativa y capacitación en bagaje cultural, incidiendo en cada asignatura concreta. No puede ser que haya alumnos, docentes o familias que no estén atentos a la prensa o a las noticias que se están produciendo, tanto a nivel más cercano, como a nivel global. No puede ser tampoco que un docente no haya abierto un libro de su materia desde que entró en docencia. Y sucede. No son mayoría, pero sucede. No digamos ya los que se niegan, por determinados motivos, a aprender. Vale para todos los que he mencionado anteriormente.

No se trata de sustituir el aula presencial por un aula virtual (salvo en enseñanzas superiores, donde se puede hacer para algunas carreras o másters, por la preparación previa de su alumnado). Se trata de complementar lo que se hace en el aula por modelos tecnológicos. No se trata tampoco de herramientas concretas. Se trata de dotar de habilidades para que todos podamos movernos indistintamente por varias tecnologías. Saber buscar en Google (o en cualquier otro buscador) y hacerlo bien es imprescindible. Saber enviar un correo electrónico con copia oculta, también. La docencia híbrida debe partir de aprendizajes tecnológicos muy básicos para ir subiendo de nivel. Algo que no se ha conseguido con los planes de formación ni con esas insignias que algunos reparten demasiado alegremente. Saber usar Google Classroom, Moodle, etc. tampoco no es docencia híbrida porque, al final el conocimiento de la herramienta es solo una pequeña parte de algo que debe ser mucho más global.

No sé si me he explicado muy bien pero, al final es todo una cuestión de entender el proceso de enseñanza aprendizaje de una determinada manera o de otra. Y yo, a estas alturas de la película, no estoy concibiendo una enseñanza totalmente presencial sin complementarla con un entorno virtual. Al igual que tampoco concibo, para etapas de enseñanza obligatoria, una enseñanza totalmente virtual o a base de Kahoots.

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Acerca del Autor

Jordi Martí

Simplemente soy alguien al que le gusta escribir. Y que disfruta haciéndolo.

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