Acabamos de conocer un informe que, presumiblemente, va a sustituir al neoliberal y antieducativo informe Delors (consultar aquí), perpetrado por la UNESCO. No olvidemos que una de las características del informe Delors es haber servido, en determinados países, de guía educativa y aval de movimientos pedagógicos de «escuela avanzada» que, curiosamente en todas las evaluaciones independientes de los mismos, han demostrado ser un auténtico fiasco. En nuestro país los dos fiascos más relevantes han sido Escola Nova 21 y Horitzó 2020 de los Jesuitas. Por cierto, ambos proyectos tienen como nexo de unión a las mismas personas tras los mismos.

El informe publicado se titula «The International Science and Evidence Based Education (ISEE) Assessment» y tiene un resumen (enlace) que permite, para cualquiera con dos dedos de frente, intuir en qué sentido va a ir la educación en determinados países (no todos porque, por suerte hay algunos que no se dejan manipular por la UNESCO). Especialmente en los que se han sumado a la Agenda 2030. Sí, todo tiene relación. Es que sumarse a ciertas cosas y creerse ciertos relatos educativos, muy mediatizados, tiene el objetivo básico de perpetuar determinadas prácticas económicas, sociales y de control poblacional. No estoy hablando de teorías de la conspiración. Estoy analizando realidades.

Fuente: https://d1c337161ud3pr.cloudfront.net/files%2F4a3ab5cb-b65d-4996-9cc3-87768b3c1927_Spanish%20Headliners%20(interactive).pdf

Los mensajes clave son sobradamente conocidos por todos:

1) Defensa de los estilos de aprendizaje y la influencia genética en los resultados de nuestro alumnado. Sí, políticas nazis para determinismos genéticos en el ámbito educativo. A algunos nos suena tanto esto a «las niñas aprenden diferente» o «los negros e hispanos tienen peores resultados en EE.UU. porque genéticamente son inferiores». La UNESCO defendiendo ciertas cosas que, por desgracia, tanta gente sigue defendiendo.

2) Interconexión cognitiva y dominios emocionales. Lo de inventarse determinadas cosas ya es algo que, lamentablemente, al igual que los gamusinos, se acaban creyendo demasiados docentes. A día de hoy hay tanto campo por explorar en neurociencia que es imposible afirmar lo que están afirmando algunos. Se ha de ser muy cazurro para creer en el concepto de neuroeducación como algo explorado y validado científicamente. Pero bueno, ¿interesa realmente una buena investigación educativa? No. Interesa más vender ciertas cosas muy mediatizadas y comprables.

3) El contexto no puede cambiarse desde la educación. No, por mucho que lo digan los de la UNESCO u otros iluminados. Solo puede cambiarse la sociedad actuando sobre la sociedad misma. Al margen de los cambios que podamos o debamos hacer en el sistema educativo. Lo que sí que podemos hacer es favorecer la salida de determinados contextos de alumnado. Algo que solo se consigue con mucha inversión focalizada y no con los millones de euros que dilapidamos en ciertas cosas.

4) La relación entre alumno y docente no es bidireccional. Al igual que no lo es entre médico y paciente. Ni tampoco entre juez e imputado. El docente es el que atesora el conocimiento y debe transmitirlo de la mejor forma para que el alumno aprenda lo máximo posible. Otra cuestión es que no se tenga en cuenta las necesidades del alumno. Pero de ahí a decir o afirmar, como hacen algunos, que el alumno sabe más que el docente o que la relación debe ser de tú a tú va un largo trecho. Si esto es así, apaga y vámonos. Añado, aprendizaje colaborativo entre alumnado no sustituye al docente porque siempre va a saber más. O debería saber más por el hecho de ser profesional de su campo.

5) ¿Potencial en lugar de meritocracia? Un alumno puede estudiar pero no lo hace, pero tiene potencial para ello. ¿Debemos valorar más ese potencial que los resultados de alumnado que se esfuerza y aprende? Uno puede ser potencialmente un genio pero si no trabaja para serlo jamás va a conseguir llegar a ello. Y los «genios», salvo contadas excepciones, no existen. No todo el mundo es un genio en potencia. Todo el mundo puede ser un buen profesional de algo, pero de ahí a valorar igual potencialidades que realidades va un largo trecho. Salvo que se sea muy estúpido. ¿Os imagináis que en clase tenéis a alguien que parece inteligente pero saca un cero en todos los exámenes? ¿Le valoraríais el potencial subjetivo o la evaluación objetiva? Ya, lo sé. Evaluar con exámenes para algunos es peor que intuir aprendizajes. Conozco el discurso.

6) Invertir con peros. Va, compro lo de invertir más en contextos más desfavorables pero también, por desgracia, soy de esos que compran invertir más también en lugares en los que hay alumnado brillante. Soy tan raro que me gusta la inclusión por arriba y por abajo. Me parece tan loable subir del 8,5 al 9 que hacerlo del 4,5 al 5. Y si se hace en un sentido se hace en otro. Un poco harto de no poner recursos para todos y solo para unos cuantos. Un alumno debe ser tratado como alumno con independencia de su situación familiar. La equidad se consigue sacando el máximo de todos ellos. No solo del que tiene más problemas socioeconómicos o familiares. De todos.

7) No se puede dialogar al mismo nivel entre uno que cree en unicornios que con uno que lleva toda su vida con el pico y la pala. Colaborar solo puede hacerse cuando los colaboradores tienen el mismo nivel de conocimientos. Y la toma de decisiones debe hacerse de forma cooperativa entre profesionales que sepan de lo suyo. No todas las opiniones y perspectivas son válidas. No lo son en otros ámbitos. No deberían serlo en educación.

Fuente: https://d1c337161ud3pr.cloudfront.net/files%2F4a3ab5cb-b65d-4996-9cc3-87768b3c1927_Spanish%20Headliners%20(interactive).pdf

Después de lo que os he explicado anteriormente, supongo que no tengo que deciros las cosas que me chirrían de las recomendaciones que nos hace la UNESCO. Es que cuando uno no cree en los ODS, en el DUA, en la palabrería educativa ni, por desgracia en el discurso actual basado en relatos más falsos que un euro de chocolate, no puede menos que ponerse a la defensiva al ver a determinadas organizaciones que plantean lo mismo que ciertos personajes o fundaciones.

Yo sí que creo en la meritocracia y en el esfuerzo. No creo en la letra con sangre entra pero sí en la necesidad de trabajo para conseguir ciertas cosas. No creo que lo anterior me haga mejor ni peor profesional. Creo que lo anterior me hace respetar más a mi alumnado porque, al final, el respeto se obtiene por el trabajo bien hecho.

Permitidme haceros publicidad, como estoy haciendo en los últimos posts, de la newsletter que hago llegar a los suscriptores cada lunes con los artículos de la semana a los que añado una breve reflexión. Os podéis suscribir desde aquí. Suscribirse es gratis. 😉