Hoy toca sacarse la chorra

A la vista de la gran cantidad de expertos que nos dicen, a los pobres e inútiles docentes de etapas obligatorias, cómo debemos dar clase, creo que hoy me voy a sacar la chorra. Sí, voy a menearla, al igual que hacen todos esos “que recomiendan meado de perro para reducir la calvicie”. Sé de las diferencias genéticas entre los que menean chorra y las que no tienen chorra que menear pero, por favor, el debate acerca de machismo o feminismo, guardadlo para las declaraciones de determinados personajes. Esto va de otra cosa.

Ayer en Twitter un compañero, de especialidad y con una antigüedad parecida en el aula, se preguntaba quién era el que daba el título de experto educativo. Además, al igual que él hizo ayer, lo voy a hacer yo en este post. Empezar a jugar. Bueno, sé que es jugar el Barça o el Madrid con el equipo de solteros de mi pueblo pero, aquí si jugamos, jugamos todos.

Empiezo. Veinticuatro cursos en el aula. Con alumnado más diverso que cualquiera de lo que nos venden, desde su chiringuito o su púlpito universitario, ha visto alguna vez en su vida. Alumnado absentista, alumnado que no come caliente en toda la semana, alumnado con padres que le consienten móviles de mil pavos, alumnado que se mete de todo, alumnado con déficit de atención, alumnado con problemas severos de discapacidad, síndrome de Down, Asperger, Tourette,… y así hasta un largo etcétera de alumnado diverso. Incluir desde el pedagogismo teórico es chachi y fácil. El problema es hacerlo en el aula. Por tanto, ¿quién es más experto en inclusión? Yo. Primera sacada de chorra.

Sigo con los miles de alumnos que he tenido en mis años de profesión. Va, ¿cuántos de los que me vais de expertos o gurús habéis tenido tantos de etapas obligatorias como he tenido yo? Este curso tengo ocho grupos de primero de ESO (a 1 hora semanal), uno de cuarto (a 3 horas a la semana) y el Proyecto de Investigación de primero de Bachillerato (a 4 horas semanales). En total, tengo la friolera de cerca de 240 alumnos. Si lo multiplico por los años en los que he estado dando clase, me salen miles. ¿Soy experto? ¿O mi subjetividad por ser docente de aula hace que mi experiencia no valga? Lo sé. Un pedagogo dice cómo deben darse clase en miles de aulas que jamás han visto. ¿Tiene la chorra más larga que la mía? ¿Qué chorra hace mejor su trabajo? Es que no puedes menos que reírte.

Soy profesor de Tecnología. ¿Quién sabe más de Tecnología? Yo, que llevo décadas haciendo materiales, probando herramientas y adaptándome a mi alumnado, ¿o uno que nunca ha impartido esa asignatura? Los libros de texto, esos que tan nocivos son para el alumnado, siempre están realizados por especialistas de las diferentes asignaturas. Yo no me veo a ningún miembro del colectivo DIME (es solo un ejemplo), sabiendo más de Tecnología que yo. Ergo, soy mucho más experto, al igual que mis compañeros de la asignatura, que cualquier melón que se saque la chorra en determinados medios de comunicación, hablando de mi asignatura, sin haberla impartido nunca.

Sigo con las TIC. Pues señoras y señoros, sé más de TIC aplicadas a mi asignatura que cualquiera que sea embajador de la última y más molona herramienta educativa. ¿De Arduino? Pues más que muchos y menos que otros. Eso sí, mucho más que aquellos que jamás han visto un Arduino ni en pintura y que, en ocasiones, hacen cursos a compañeros acerca de cómo usar Arduino. A mí jamás se me ocurriría a un docente de inglés explicarle como usar Duolingo; tampoco pido mucho si no quiero que un docente de inglés me dé clase de Arduino (true history).

Claro que me falta mucho por aprender. Pero, ya os digo yo que con mi experiencia (que la experiencia sí que vale, al igual que en cualquier otra profesión, hostias), soy más experto en la enseñanza de la Tecnología, en la inclusión, en las TIC, en la atención a la diversidad y el los procesos de enseñanza-aprendizaje, que cualquiera de esos que se sacan la chorra en los medios y dan lecciones. Una chorra que, en muchos casos, si te acercas un poco, pone made in China.

¿Expertos en educación de etapas obligatorias sin haber pisado nunca un aula? Y una mierda. Si ya pisándolas cuesta ser experto en lo tuyo, para que te den lecciones desde fuera.

Como estoy haciendo en los últimos artículos, os recomiendo mi nuevo libro sobre educación para mayores de dieciocho, “Educación 6.9: fábrica de gurús”. Lo podéis adquirir aquí (en versión digital o papel) o en ese pop-up tan molesto que os sale. Y sí, me haría mucha ilusión que fuera uno de los diez libros más vendidos sobre educación este curso. 😉

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3 comentarios

  1. No te falta razón, estimado Jordi.
    Muchos de los que van impartiendo doctrina jamás han tenido que enfrentarse a la cruda realidad del aula (cuya diversidad tan bien describes). El papel lo resiste todo. Los medios de comunicación siguen sacando los reyes godos a pasear cada vez que uno de estos gurús plantea sus ocurrencias. Y desprecian la experiencia, considerando a los profesores veteranos un obstáculo para el desarrollo de sus “proyectos”, como si la inclusión de la que tanto hablan fuese un descubrimiento reciente.
    Después de 35 años de docencia y ya jubilado, me siento afortunado al no tener que seguir lidiando con un sistema al que sólo se le aplican cambios cosméticos y lingüísticos que no alteran, en lo esencial, la realidad del aula. Esa de la que muchos hablan sin saber siquiera cómo es. Y tengo dos hermanas profesoras que siguen en el tajo.
    Un cordial saludo

    1. Como bien dices, el papel lo aguanta todo. Pero el problema fundamental es que ese papel acaba estando por encima de las necesidades reales de las aulas. Y por mucho papel, sin recursos, no se mejora nada. Más bien al contrario.

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