Fichar cirujanos para operar sin bisturí… la hipocresía de exigir docentes de élite en un sistema educativo roto
Llevamos años lamentándonos del desplome del nivel educativo en colegios e institutos, pero seguimos ignorando una de las causas del desastre. Me estoy refiriendo la formación inicial de los docentes en España. Una formación inicial se ha convertido en una prolongación de la infancia y las condiciones laborales en un insulto a la profesión. Las facultades de Educación y el Máster de Secundaria no son centros de alta exigencia académica; son fábricas de aprobados donde se pasa el año haciendo trabajos con cartulinas y debates gaseosos. Lo sé. Sé que las cartulinas se han cambiado por Canvas.
Sin embargo, seamos realistas. De nada sirve crear un filtro de acero y seleccionar a las mentes más brillantes del país si luego las lanzamos a un sistema educativo roto, precarizado y asfixiado por la burocracia. No puedes exigir profesionales de élite si les ofreces un entorno de mínimos. La revolución educativa exige dos condiciones: una criba implacable a la entrada y un respeto absoluto a las trincheras.
Sacar adelante Magisterio o el Máster de Secundaria requiere poco más que estar vivo y pagar las tasas. Se premia la docilidad burocrática y el aplauso a las modas pedagógicas de turno por encima del dominio real de la materia. El resultado es devastador. Estamos metiendo en las aulas a personas con lagunas culturales oceánicas y faltas de ortografía intolerables. Cuando la base es un coladero, el sistema entero se tambalea.
Para dignificar la profesión de verdad no se necesitan campañas de publicidad institucionales; se necesita elevar la altura del acceso mediante un modelo de «Alta Selección Docente». Sí, ya veis que tengo algunas propuestas que voy sacando para, en mi opinión, mejorar la educación.
Seguro que me diréis, en qué consiste esa propuesta. Pues en modificar el sistema de acceso y añadir algunas cuestiones, después de darle un revolcón a la formación inicial, para que alguien entre en las mejores condiciones posibles en el aula. Aquí os digo tres cuestiones que añadiría…
- Creación de un filtro de cultura general eliminatorio. Sería un examen, a nivel nacional, lingüístico, matemático y cultural para cualquiera que pretenda entrar en el aula.
- Instrucción de trinchera. Creación de una academia, al igual que tienen en otras profesiones (escuelas judiciales, policiales, etc.) donde los que superen un proceso de acceso a la docencia (que sería requisito imprescindible para trabajar en centros educativos públicos y privados), entrenen la gestión de aulas conflictivas, técnicas de control de estrés, oratoria avanzada, conocimiento de normativa, etc.
- Prácticas eliminatorias. Un año completo en varios centros, entre ellos alguno de alta complejidad, acompañado por docentes seleccionados previamente, donde si no demuestras autoridad y solidez intelectual, no se valida el futuro acceso individual al aula.
Pero aquí viene el bazooka contra los despachos de las diferentes Consejerías y del Ministerio. Es de un cinismo insoportable que la administración exija excelencia e innovación mientras mantiene a los docentes trabajando en condiciones tercermundistas. Si quieres a los mejores, tienes que tratarlos como a los mejores. No puedes pedir un docente de élite y ofrecerle unas ratios imposibles (meter, por ejemplo a 30 adolescentes en un aula de secundaria y pretender que se haga un seguimiento individual es matemáticas de ficción. Hay que bajar las ratios por ley ya), salarios desactualizados (el prestigio social también se mide en la nómina; si quieres talento, págalo) y burocracia asfixiante (se debe eliminar el papeleo inútil para que el docente vuelva a tener tiempo de preparar sus clases).
El problema no es solo el entorno, es la herramienta. La administración debe rehacer el currículo de arriba a abajo, barriendo las competencias gaseosas y devolviendo el trono a los contenidos sólidos y al conocimiento real.
Y, por encima de todo, el sistema debe blindar al docente. Hemos desarmado al docente frente a la disruptividad y la impunidad del alumno. La excelencia requiere orden. Urge una recuperación real de la autoridad docente por decreto, donde la palabra del docente valga más que el berrinche del alumno o la amenaza de la familia.
Exigir un filtro duro de entrada es de sentido común, pero meter a un docente de élite en el aula actual es como mandar a un cirujano top a operar en un quirófano sin luz y sin bisturís. O la administración se pone las pilas reduciendo ratios, subiendo salarios, eliminando burocracia y devolviendo la autoridad a la tiza, o la búsqueda de la excelencia seguirá siendo el mismo folleto publicitario de siempre. Menos exigencia de boquilla y más presupuesto real para las trincheras.
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Lo más grave es que todos estos tienen copadas las consejerías de Educación. Quien me lo iba a decir a mi, ingeniero, cuando mis profesores de 1º nos decían como método pedagógico que el que no aprobara cálculo que se pasara a magisterio a «tocar las palmas» y «hacer collares con macarrones» que era lo que veíamos desde nuestra clase.
Pues bien, 20 años después, algunos de estos que no saben ni la ley de Ohm, son Inspectores y diseñan los planes de estudio de la FP, o te dicen cómo tienes que enseñar ???!!!!!
Sí, es increible, pero es así.
El problema es que si no pasas por el aro, estás condenado al ostracismo, con lo cual, en mayor o menor medida, todos miramos para otro lado y a regañadientes entramos por sus ocurrencias.
¡Gracias por tu artículo y por tu valentía! En Canarias, lamentablemente, no solo no hay libertad de expresión para escribir sobre estos asuntos, sino que los inspectores de Educación van a por ti si vas en contra de las imposiciones del pedabobo de turno. El problema no lo veo en los másters, ¡qué también!, sino en los grados de carreras universitarias cada vez menos exigentes. Ya si tocamos el asunto de Magisterio, todo se complica más, pues estamos asistiendo a una invasión de maestros en una Secundaria que se está siguiendo los pasos del sistema educativo de Estados Unidos. Allí, los institutos de Secundaria están infestados de maestros semianalfabetos, con la disculpa de la «inclusividad» que hay que dar a alumnos analfabetos.
Con el paso de los años, lo más difícil en «carreras universitarias» como Pedagogía, Psicología o Magisterio es matricularse, porque yo no conozco a nadie que no haya finalizado estos «estudios».
Recibe un abrazo y espero que esta pequeña luz que lanzas no se extinga.
Excelente reflexión a la que añadiría que falta una evaluación anual del desempeño de los profesores. No puedes conocer la calidad de lo que no evalúas, y el profesor es el puntal del sistema. No tiene pase que, tras dejar entrar a verdaderos analfabetos funcionales a la profesión, tampoco se les haga un seguimiento para conocer cómo ejercen la profesión, mejorar su trabajo, y si fuera el caso, tomar medidas contra el elemento en cuestión. Esto es aberrante, pero claro, con la administración hemos topado.
Hablo tras muchas años de vida laboral en la empresa privada y aterrizar en la enseñanza tras descubrir que esto es lo que me gusta. Los contenidos del máster que estoy terminando pueden tildarse de ridículos, no aportan absolutamente nada. Se trata de pagar lo que llamo un «impuesto revolucionario» y punto, ya lo tienes… evaluación continua como si fuéramos niños, exámenes con preguntas de masaje, y profesores que jamás han estado en un aula, y como preguntes algo complicado o que exija reflexión, simplemente no te contestan. Se sacan la pasta de la hora de clase y punto.
Las prácticas por las que ya he pasado, en colegio concertado, me han servido para comprobar que pocos, muy pocos profesores tienen vocación. Algunos hasta ni conocen a todos sus alumnos. Tienen que enseñar materias de las que jamás han tocado nada, ya que en este caso se trata de FP… ¿¿cómo demonios va alguien a plantear situaciones parecidas a las reales en la empresa, si jamás ha estado en una empresa, y nadie le ha formado??… Tras intercambiar impresiones con mis compañeros de máster, se han encontrado lo mismo.
Hay que derribar todo el sistema y construir desde cero. Literal.
En tu punto 1, yo aún sería mucho más restrictivo: dos únicas convocatorias posibles por aspirante y sobre todo q el filtro sea único para el acceso a universidades tanto públicas como privadas.
También, p.ej. ofrecer incentivos para los percentiles superiores de dicha nota de acceso.
Dicho de otro modo: un plan nacional de selección de los mejores futuros docentes.