Estás usando mal la IA… y lo sabes
Esta mañana, después de otra noche más de insomnio compensado parcialmente con intervalos de siesta entre cinco y siete de la tarde, me he puesto a preguntarle a la IA cómo podía monetizar este blog. Le he preguntado cómo podía llegar a comprarme un piso, aunque no fuera en el centro de Valencia, mediante estrategias para sacar dinero de esto que hago habitualmente. Y, curiosamente, me ha dado varias respuestas. Respuestas que he ido perfilando hasta que, en la décima interacción, ya me salía alguna cosilla interesante para conseguir algunos eurillos extra y poder permitirme un par de ladrillos.
¿A qué viene lo anterior? Pues viene a que en el ámbito educativo, especialmente en la parte de «preparación de las clases» y todo lo que conlleva, quizás no estemos obteniendo resultados realmente útiles. Y no es un problema de la tecnología, sino de cómo se utiliza. Porque usar IA no consiste en escribir «hazme una actividad» y esperar que aparezca algo perfectamente adaptado al aula. La clave está en algo mucho más sencillo, y a la vez más potente… saber construir buenos prompts. Algo que debe ir asociado con la paciencia de realizar muchas interacciones hasta conseguir lo que queremos.
Uno de los errores más habituales es usar la IA como si fuera un buscador. Pero no lo es. No busca información, la genera. Y cuando no tiene instrucciones claras, rellena los huecos como puede. De ahí salen esas respuestas genéricas, poco ajustadas al nivel del alumnado o con escasa coherencia didáctica. Es entonces cuando aparece la sensación de que «esto no funciona tan bien como decían», cuando en realidad el problema está en el planteamiento inicial. En el planteamiento inicial y en la renuncia al rol de docente para comprar en bruto lo que te da la IA.
Un prompt educativo no es una simple pregunta, sino una instrucción con intención pedagógica. Es muy parecido a cuando explicamos una tarea en clase. Cuanto más claro y definido está lo que pedimos, mejor será el resultado. En ese sentido, hay cuatro elementos básicos que conviene tener en cuenta: el contexto (para quién es), el objetivo (qué queremos conseguir), la tarea (qué debe hacer la IA) y el formato (cómo queremos recibir la respuesta). Añadir también condiciones -como el tipo de lenguaje, el enfoque metodológico o el nivel de dificultad- ayuda a afinar todavía más.
Por ejemplo, no es lo mismo pedir «explica la fotosíntesis» que indicar que se explique para alumnado de 1º de ESO, con lenguaje sencillo, incorporando un ejemplo cotidiano y añadiendo algunas preguntas de comprobación. En el segundo caso, la respuesta ya empieza a ser utilizable directamente en el aula. No es cuestión de complicarse la vida, sino de concretar.
Hay, además, un uso especialmente interesante que debería incorporarse al uso de la IA. Usarla para mejorar los prompts iniciales. Es decir, no solo pedir contenidos, sino pedirle que refine la manera en que le estamos dando instrucciones. Solicitudes como «mejora este prompt para que sea más claro» o «adáptalo a alumnado con dificultades» permiten dar un salto de calidad muy notable sin necesidad de invertir mucho tiempo.
Cuando se empieza a trabajar de esta manera, las aplicaciones prácticas aparecen casi de forma natural. Es posible generar actividades multinivel en pocos minutos, adaptar textos a distintos niveles de comprensión, diseñar rúbricas coherentes o incluso estructurar situaciones de aprendizaje completas. No sustituye el criterio docente, ni mucho menos, pero sí reduce significativamente el tiempo de preparación y permite centrarse en lo realmente importante. Y lo importante es saber cómo se va a llevar eso al aula.
Eso sí, hay un aspecto que no se puede obviar. El uso de herramientas de IA en educación tiene límites muy claros. Sé que me repito en todos los artículos que escribo sobre IA, pero es imprescindible hacerlo. Especialmente cuando veo, no solo en redes, algunas barbaridades en lo que se comparte con la IA.
No se deben introducir datos personales del alumnado, ni compartir situaciones que puedan ser identificables, ni trabajar con información sensible del aula en plataformas abiertas. En los casos en los que sea necesario utilizar datos reales, la única opción válida es recurrir a las herramientas que proporcione la propia administración educativa. No es solo una cuestión normativa, sino también de responsabilidad profesional.
En cuanto a qué herramienta utilizar, sin complicarlo demasiado, actualmente la opción más equilibrada para la mayoría de docentes sigue siendo ChatGPT o Gemini. Funciona de manera solvente incluso en su versión gratuita, permite iterar con facilidad, entiende bien el contexto educativo y no requiere conocimientos técnicos avanzados. Las versiones de pago pueden aportar ventajas en determinados usos más intensivos, pero no son imprescindibles para empezar a trabajar con solvencia. Os recuerdo, como siempre digo, que debéis sentiros cómodos con la herramienta y eso implica que uséis la que más os guste. No hay diferencias apreciables entre las dos que os he comentado para la generación del esbozo de materiales de calidad para ser usados en el aula.
Al final, todo se reduce a una idea bastante sencilla. La IA, por sí sola, no transforma nada. Lo que marca la diferencia es cómo se utiliza. Y eso empieza por aprender a formular mejor lo que queremos. Porque, en educación como en casi todo, la calidad de la respuesta depende, en gran medida, de la calidad de la pregunta.
Finalmente comentaros una cosa. Llevo muchos años escribiendo en este blog y teniendo una cierta interacción en las redes sociales (especialmente en X). Ello no me hace más experto en nada. Ello, simplemente, lo que me hace es reflexionar de forma continua acerca de muchas cosas y cuestionarme, a cada día que pasa, la propia concepción de la educación. Una educación que se vende de forma muy sesgada por muchos, con grandes exponentes mediáticos que, por desgracia y en su mayoría, tienen muy poco que aportar a ese alumnado que está en las aulas.
Me podéis encontrar en X (enlace) o en Facebook (enlace). También me podéis encontrar por Telegram (enlace) o por el canal de WhatsApp (enlace). ¿Por qué os cuento dónde me podéis encontrar? Para hacerme un influencer de esos que invitan a todos los restaurantes, claro está. O, a lo mejor, es simplemente, para que tengáis más a mano por dónde meteros conmigo y no tengáis que buscar mucho.
Descubre más desde XarxaTIC
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
