El fin del docente culto o cómo la sociedad ha contagiado su desierto intelectual al claustro
De un tiempo a esta parte, basta con observar el paisaje humano de los centros educativos para que se intuya, de forma inevitable, algo que ya empieza a ser demasiado habitual. No se trata ya de fiscalizar las ratios ni de despiezar la enésima reforma (mal) parida en los despachos, sino de mirar de frente el declive de algo mucho más íntimo y desolador. Me estoy refiriendo al capital cultural del propio cuerpo docente.
El capital cultural del propio cuerpo docente, fagocitado por una sociedad que también se ha vuelto alarmantemente más inculta, superficial y perezosa, se está desplomando. Nos pasamos meses y años señalando -con justa razón- el analfabetismo funcional de los alumnos, su incapacidad para habitar un texto largo y su adicción anestésica a la gratificación instantánea de las pantallas. Pero rara vez ejercemos la honestidad intelectual de reconocer que la crisis de densidad cultural ha colonizado por completo los dos lados de la tarima.
Es hora de quitarse la venda del corporativismo rancio a estas alturas de la película. La triste realidad es que en las salas de profesores ya casi nadie lee porque habitamos un país que ha sustituido el libro por el titular de tres líneas y el ensayo por el hilo de consumo rápido. Si dejas un periódico de cabecera encima de la mesa de un colegio o instituto, se llena de polvo y desidia hasta que el personal de limpieza lo retira intacto al final de la semana. Vivimos en una sociedad culturalmente desértica, y los claustros, lejos de ser el faro de resistencia que solían ser, se han mimetizado con el entorno. Hemos sustituido el debate intelectual por la queja burocrática, el recuento de los días que restan para las vacaciones y el scroll hipnótico del teléfono móvil en los huecos libres. Y sí, ya os digo que a mí también me está pasando.
Hubo una época no tan lejana en la que los departamentos y las salas de profesores funcionaban como ágoras informales. Espacios de resistencia donde se cruzaban lecturas, se batallaba sobre política internacional, se discutía el último ensayo publicado o se compartían referentes estéticos que iban mucho más allá del estricto temario. Hoy, entrar a un espacio de descanso docente es, con demasiada frecuencia, asistir a un páramo de vacuidad. Las conversaciones se han vuelto planas, predecibles, estrictamente utilitarias. Al igual que sucede en las cenas de amigos, en los medios de comunicación o en el debate político nacional, la conversación profunda cotiza a la baja.
Por desgracia, cada vez se lee menos entre el colectivo docente. Se ignoran los diarios de análisis, se esquivan las revistas de pensamiento y el ensayo de fondo ha pasado a ser un fetiche arqueológico. Nos hemos hiperespecializado tanto en el cómo cumplir los requisitos burocráticos del sistema que hemos descuidado con qué alimentamos en nuestras propias mentes. Un docente desarmado de lecturas, ajeno al debate cultural de su tiempo y desconectado de la gran literatura, se convierte, muy a su pesar, en un mero expendedor de currículos vacíos. No se puede contagiar la fascinación por el conocimiento a una sociedad que ya no cree en él si uno mismo ha apagado la lámpara de la curiosidad.
Es evidente que el diseño del sistema juega en contra. La administración ha asfixiado a los centros con una carga burocrática tan estéril como defensiva; al terminar las clases, el cansancio mental es una realidad física. Tras pasar la mañana batallando contra la dispersión digital de un montón de chavales y la tarde rellenando rúbricas en una plataforma digital inútil, el cerebro pide clemencia. La salida fácil, casi zombi, es entregarse al mismo consumo rápido, fragmentado y anestésico que devora al resto de la ciudadanía a través de los algoritmos de las redes sociales.
Pero aceptar la fatiga y la inercia de una sociedad inculta como una justificación inevitable es una rendición peligrosa. Si el cuerpo docente claudica ante la corriente del pensamiento débil, la escuela pierde su última línea de defensa. La autoridad de un docente en el aula no nace del BOE, ni de las siglas de la ley de turno, ni de las dinámicas de grupo con cartulinas; nace de su prestigio intelectual, de su bagaje y de su capacidad para erigirse como un referente cultural sólido frente a un alumnado que vive en la superficie de las cosas. Si nos igualamos a la masa en el desinterés por la palabra escrita, el naufragio es absoluto.
Este artículo que habéis leído hoy nace de una profunda decepción analógica. De constatar que la réplica intelectual está desapareciendo de los entornos que, por ley y por historia, deberían custodiarla de la quema exterior. Aunque algunos guardianes absolutistas del gremio y los ofendidos por genética saquen el látigo en las redes sociales; la autocrítica rigurosa es el único camino para no acabar devorados por la mediocridad generalizada.
La escuela no se defiende solo reclamando mejoras laborales -que son justas y necesarias-. Se defiende reivindicando la excelencia cultural de quienes la sostienen frente a una sociedad que ha renunciado a pensar. Necesitamos claustros que vuelvan a los libros, que exijan conversaciones complejas y que se nieguen a ser la versión adulta del impacto interactivo. Lo sé. Es muy complicado en un contexto que no ayuda en nada.
Finalmente me gustaría deciros a todos los que habéis llegado hasta aquí que, hoy he hecho una autocrítica de mi vida. Por desgracia, estoy leyendo muchísimo menos de lo que leía antes, de forma mucho más dispersa y, aunque intente fustigarme para seguir aumentando mi bagaje cultural, me está siendo cada vez más difícil. Y eso es algo que me preocupa mucho por lo que implica.
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Si solo fuese los profesores los que leen y discuten poco… Pero como bien dices es algo que se contagia a toda la sociedad y se observa en otras profesiones antaño instruidas
Buenos días.
Lamentablemente tengo que estar de acuerdo. Cada vez se lee menos y peor. Ya no es sólo que el nivel cultural esté bajando. Es que parece que la Cultura da totalmente igual.
Como ejemplo.
En 2011 estudiando las notas de Leonardo da Vinci y comparándolas con el texto del arquitecto romano Vitruvio descubrí que Leonardo no recuperó bien el modelo humano descrito por Vitruvio (que además no es de Vitruvio sino muy anterior).
Tras eso (y tras 15 años leyendo tratados antiguos):
1/ He reconstruido el Sistema de Medidas Antropométrico empleado en la Antigüedad en Arquitectura, Geografía y Astronomía;
2/ He descubierto que el plano de la Gran Pirámide se conserva;
y 3/ He puesto orden y luz en el estudio de la Historia de las Medidas, explicando el recorrido histórico del Sistema de Medidas Antropométrico de la Antigüedad de forma clara y sencilla cuando el discurso que domina ahora en la disciplina es que las medidas antiguas son muy confusas.
(Inciso: Pues no, señores especialistas. De confusas nada. Son muy sencillas y están perfectamente explicadas por escrito en los tratados de los autores antiguos y posteriores. Pero claro, para eso hay que leerlos bien (mejor: estudiarlos a fondo) y ese es el problema que nadie ha hecho esa tarea en condiciones hasta que ha llegado alguien decidido a hacerla bien).
¿Resultado?
Pues que (como, salvo algunas excepciones, las instituciones académicas y culturales de este país y los especialistas en el tema pasan de todo) 15 años después este inmenso trabajo que aporta tanta luz en la Historia de las Medidas sigue sobre mi mesa con riesgo de perderse.
Total, que parece que esto no le interesa a nadie y como yo en mi situación de salud no puedo hacer más algún día esto se terminará perdiendo.
Así que ¿leer?, ¿Cultura? Me temo que eso ya pasó a la Historia.
Atentamente,
Luis Castaño Sánchez. Licenciado en Filología (UCA, 92). Investigador en Metrología Histórica.
PD: Por si a alguien sí le interesase este tema dejo enlace a las últimas noticias publicadas en prensa sobre emi trabajo y a la última conferencia que di sobre mi investigación para el Ateneo Mercantil de Valencia:
2024: Pamplona Actual: «Leonardo da Vinci y el Hombre… ¿de Vitruvio?:
https://pamplonaactual.com/pamplona-actual/300849/leonardo-da-vinci-y-el-hombre-de-vitruvio/
2025: Debate Uruguay: “El sistema de medidas que unió a las civilizaciones antiguas explicado en exclusiva por un experto en el tema”:
https://www.debate.com.uy/actualidad/El-sistema-de-medidas-que-unio-a-las-civilizaciones-antiguas-explicado-en-exclusiva-por-un-experto-en-el-tema-20250725-0055.html
2026: En Provincia (Argentina): “Del Hombre de Vitruvio a la Gran Pirámide: una revolución en la Historia de las Medidas”:
https://enprovincia.com.ar/del-hombre-de-vitruvio-a-la-gran-piramide-una-revolucion-en-la-historia-de-las-medidas/
2025: Ateneo Mercantil de Valencia: “Del Hombre de Vitruvio a los satélites: Tres viajes por la Historia de las Medidas”:
https://ateneovalencia.es/blog/ciclo-de-conferencias-24/del-hombre-de-vitrubio-a-los-satelites-tres-viajes-por-la-historia-de-las-medidas-3636