Hoy he abierto mi teléfono móvil y he descubierto, entre asustado y legañoso, la cantidad de más de ciento cincuenta mensajes por leer en mi cuenta de WhatsApp. A ver si hay algún mensaje interesante, con fotos subidas de tono, de alguna amiga o amigo de esos que tengo de buen ver. No tan esculturales como mi apolínea figura pero, sinceramente, sin mucha imaginación tienes la capacidad de imaginártelos como actores de la secuela de Vigilantes de la Playa. A estas alturas, ya lo único que quieres es carne, polvorones y turrones sin límites. La timidez hace años la dejé en casa o la expreso en la faceta más analógica.

Me he puesto, una vez cafeteado y mineralizado, a abrirlos. Primero los de los grupos, más que nada para ver esos mensajes tan elaborados que, seguramente, se habrán publicado ahí. Y, ¡oh surprise!, para mi desgracia, tan solo me he encontrado mensajes reenviados, pequeñas intervenciones con “Buenas Fiestas” o “Feliz Navidad”, acompañado o no de uno o más emoticonos (según el tiempo que, por lo visto, tenía cada uno de incorporarlos) y alguno que estaba hablando de trabajo. Sinceramente, llegar a agradecer más los que hablan de cosas de curro que las felicitaciones tiene mucho de surrealista pero, después del primer descarte de los grupos, han sido los más interesantes de este primer cribado.

Pasada la decepción con esta primera criba me he puesto a revisar esos whatsapps, especialmente de aquellos que hace más de un año que no sabía nada de ellos, para ver si habían decidido retomar el contacto conmigo. Nada, cuatro mensajes reenviados, algunos de humor y otros deseando, de forma más que anodina, que tenga unas fiestas “lo más bonitas posibles en esta nueva normalidad”. Atpc. A ver, desarrollo… a tomar pol pulo. Va, para los puristas… a tomar por el culo. Es que, al final, entre solotildistas y sincebollistas tengo que curarme en salud porque, aunque Twitter haya perdido su magia, espero que a las 72 horas de volver a las redes sociales como esquizofrénico estropajero, pueda recibir algún ataque ad hominem. Joder, ni tan solo me están insultando los de siempre. A ver, que es Navidad pero podéis insultar igual. Os echo de menos.

Vaya decepción. A ver si en el último filtrado, con gente que tengo contacto últimamente, mejora la situación. Pues va a ser que tampoco. Hasta mi familia me ha enviado chistes contra Pedro Sánchez, Abascal, Casado,… según ideología de cada uno. Es que, lo mejor para estos días desactivar el WhatsApp. O, simplemente, devolver por defecto una imagen en la que pongo mi cara en la foto esa que, circulaba hace un tiempo, de ese negro del que, para ver su miembro en encuadre, debías reducir el tamaño de la foto.

No es del todo cierto lo del post porque sí que he recibido algunos mensajes que se agradecen. De gente que sabes que se han currado los caracteres que te han escrito. Además, curiosamente, son gente a la que tienes también un especial cariño.

A ver, ¡sí se puede! ¡Curráoslo un poco! O, en caso de no querer hacerlo, no os cuesta nada pensar que quizás sería mejor no mandar nada a Jordi antes de enviarme ciertas cosas.

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Acerca del Autor

Jordi Martí

Simplemente soy alguien al que le gusta escribir. Y que disfruta haciéndolo.

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