Cuando leer el título es más fácil que leer a Slavin

En la fauna educativa abundan los que confunden leer un título con leer un libro. Y así pasa. Mencionas a Slavin (enlace) y enseguida aparecen los cenutrios de guardia para gritar que “¡Slavin defiende el aprendizaje cooperativo!”. Claro que sí, igual que Newton defendía la gravedad. El problema es que, como en el caso de Newton, no basta con invocarlo. Si te tiras por la ventana del quinto piso, la hostia sigue siendo monumental.

Fuente: https://x.com/rafael_zaa/status/1970601005516566566

Slavin lleva décadas investigando sobre aprendizaje cooperativo. Y lo que ha hecho no es escribir panfletos para repartir en congresos, sino analizar cuándo funciona y cuándo fracasa. En su artículo de 1991 en Educational Leadership, lo dejó claro y cristalino.

“Cooperative learning is not simply putting students in groups and telling them to learn. Without clear structures, it often leads to less achievement and more off-task behavior.”

La traducción para los que van justos, además de comprensión lectora como de capacidades lingüísticas en idiomas… Juntar alumnos en grupo sin más es la receta perfecta para el caos. Pero claro, esa parte no suele salir en los canvas de moda.

Más tarde, en 1996, en Educational Researcher, añadió otra capa. Los beneficios del aprendizaje cooperativo dependen en gran medida de la “interdependencia positiva” y de la “responsabilidad individual”. Sin esas dos condiciones, los grupos se convierten en ese clásico escolar en el que uno curra, dos miran y otro copia. Y cuando eso ocurre, lo que tienes no es cooperación, es explotación con nota final compartida. ¿Resultado? Menos aprendizaje y más frustración para todos.

En el Handbook of Research on Student Engagement (2014), Slavin no se anda con rodeos: la investigación muestra que sí, el aprendizaje cooperativo puede mejorar resultados académicos, pero solo cuando se implementa con criterios claros y estructuras bien diseñadas. Cuando no, es puro humo pedagógico. Y no, eso de poner a los chavales a hacer murales con purpurina o teatrillos improvisados no entra en la categoría de aprendizaje cooperativo. Eso se llama entretenimiento barato, que además suele dejar menos aprendizaje que un sudoku.

El problema no es Slavin. El problema son los que lo citan como si fuera un comodín para justificar cualquier ocurrencia grupal. Los mismos que repiten sin pestañear que “la cooperación siempre mejora el aprendizaje” y se quedan tan tranquilos. Pues no, cenutrios, no siempre. Funciona en condiciones muy concretas, que requieren tiempo, planificación, seguimiento y evaluación individual. Pero como eso no queda bien en el eslogan, se omite. Mejor quedarse con el titular y olvidarse del contenido.

Y aquí entra la ironía máxima. Los que van por ahí predicando aprendizaje cooperativo con Slavin bajo el brazo son los que, en realidad, más se alejan de lo que el propio Slavin escribió. Porque él nunca dijo que bastara con poner a los alumnos en grupo y aplaudir. Nunca dijo que todas las actividades colectivas fueran mejores que la enseñanza directa. Nunca defendió convertir el trabajo en grupo en dogma. Al revés… advirtió una y otra vez de sus riesgos cuando se aplica mal.

Así que la próxima vez que alguien venga con el comodín de “Slavin”, la respuesta es sencilla: léetelo. Léete sus artículos, sus revisiones, sus conclusiones. Y cuando lo hayas hecho, vuelve y dime si de verdad lo puedes usar como pegatina para justificar tu mural de cartulina. Porque si algo ha dejado claro la investigación es que, mal aplicado, el aprendizaje cooperativo es tan inútil como el horóscopo de los estilos de aprendizaje.

La bibliografía está ahí, al alcance de cualquiera que no se conforme con repetir eslóganes:

  • Slavin, R. E. (1991). Synthesis of research on cooperative learning. Educational Leadership, 48(5), 71–82.
  • Slavin, R. E. (1996). Research on cooperative learning and achievement: What we know, what we need to know. Educational Researcher, 25(2), 31–35.
  • Slavin, R. E. (2014). Cooperative learning and academic achievement: Theory, research, and practice. In S. L. Christenson, A. L. Reschly, & C. Wylie (Eds.), Handbook of research on student engagement (pp. 199–218). Springer.

Tres textos, tres décadas, un mensaje coherente… el aprendizaje cooperativo no es religión, es técnica. Y como toda técnica, depende de cómo se use.

Pero claro, para entender eso hace falta leer más que el título. Y ahí es donde los cenutrios tropiezan siempre. En que confunden una cita rápida con un argumento sólido. Y por desgracia, en educación, esa costumbre se ha convertido en otra pandemia silenciosa.

Finalmente deciros que seguro que estos dos personajes que comentan en X mi publicación no tienen nada que ver, a nivel de comprensión lectora o capacidad, con el resto de miembros del colectivo DIME. O, al menos, eso espero por el bien del colectivo.

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3 comentarios

  1. bajo mi modesto entender, lo difícil está en el grado de conocimiento de cada alumno, en lo que quiera implicarse, en lo que dee trabajar, en la capacidad de preguntar a los otros compañeros que no saben con el deeo de comprender, sino será una rémora en el grupo

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