Hoy acabo de cerrar el último proyecto educativo «gratuito» que había empezado. Después de veinticinco años de profesión, prometiéndomelo en múltiples ocasiones, creo que ya está bien de hacer el canelo. Mi tiempo dedicado a cosas gratis para terceros detrae tiempo de otras cosas. Y ojalá viviéramos en un país de la piruleta, donde el compartir altruistamente estuviera a la orden del día pero, lamentablemente, vivimos en un contexto capitalista en el que, al final, de tanto compartir se te queda cara de tonto. Y quien dice compartir, dice trabajar a un precio que, al final acabas poniendo dinero de tu bolsillo.

Este curso he vuelto al aula y he recuperado la realidad de lo que se vive en la misma. Una realidad muy diferente de la que nos gustaría ver. Una realidad que implica masificación, falta de recursos y mucho trabajo de la mayoría de profesionales que están ahí. Así que, imaginaos las ganas que sigue teniendo uno por compartir después de jornadas muy duras de trabajo. A mí, personalmente, no me queda ninguna. Ya había estado alargando el «chapado» hasta su punto de elasticidad máximo pero, llegando al momento de plasticidad he pensado que mejor es no llegar a la rotura. No me apetece que me tomen el pelo. No me apetece que todo el mundo coja y recoja sin un simple gracias. No me apetece, en un contexto en el que los unicornios no existen, seguir comportándome como si realmente lo que hago no tuviera ningún valor y el valor lo diera la comunidad. No es egoísmo. Es supervivencia. Es abrir los ojos. Es quitarse uno la venda.

Ser profesional es cobrar por tu trabajo. Además, hacer las cosas gratis hacen que, algunos al ver que lo es, se produzca una distensión en el mercado laboral y no se contraten trabajadores para hacer ciertas cosas. ¿De verdad no estáis cansados de suplir con horas extra que nadie va a pagaros ni a valoraros los déficits de recursos que hay en vuestro trabajo? ¿De verdad no creéis que toca dar ejemplo a vuestro alumnado de respeto por vuestra profesión? Es que, al final, todos trabajamos para poder comer. Incluso, algunos en ocasiones nos permitimos comer fuera. Ya veremos, visto lo visto, hasta cuándo porque las cosas pintan muy malamente.

No conozco a ninguna otra profesión que tenga tan interiorizado el tema del altruismo. No conozco a ningún operario de grúa que decida libremente subirse más horas a la grúa para sentirse realizado. Tampoco a ningún médico que prefiera atender gratuitamente a pacientes fuera de su horario laboral. Otro tema, y aquí no quiero que confundáis altruismo con ayudar al prójimo, es el irse a colaborar con determinadas organizaciones y/o asociaciones. Pero ya veis que no estoy hablando de lo mismo. Eso es otra cuestión totalmente diferente. Y ahí, ni a mí ni a muchos nos importa el colaborar/participar dentro de nuestras posibilidades. El problema es que, en demasiadas ocasiones, hay empresas que se disfrazan de altruistas y ofrecen compartir tus materiales de forma gratuita ahí. Si hace bien poco hubo una que cerró su plataforma de contenidos en la que cientos de docentes habían confiado, engañados por alguien que les timó en las redes sociales. Algunos siguen sin escarmentar.

Yo a partir de ahora prefiero cobrar por mi trabajo. Si no lo hago sé que el trabajo se infravalora. Tengo una profesión a la que le dedico todo el tiempo que se merece. Tengo alumnado que interesa que aprenda. Tengo obligaciones, a nivel burocrático que, me gusten o no, debo satisfacer. No, no me duele dedicarle más tiempo a «mi centro». Al igual que tampoco me dolía dedicarle más tiempo «a lo que hacía estos últimos cursos fuera del aula». Sé que hago y hacía mal pero esto lo excluyo de mi «chapado».

Se acabaron los proyectos por amor al arte. Mi tiempo tiene un precio. Si alguien está dispuesto a pagarlo y dispongo de tiempo para determinados proyectos, no tengo ningún problema en hacer ciertas cosas. Ojalá, como he dicho antes, viviéramos en un contexto en el que el procomún educativo estuviera a la orden del día. Lamentablemente, detraer tiempo de uno para dedicarlo a satisfacer las ansias de compartir, es algo que ya se me ha pasado. Ahora estoy en período de ser un buen profesional en lo que hago y para lo que me pagan. Sin obviar, claro está, la posibilidad de hacer, siempre que no perjudique a mi profesión principal ni a detraer tiempo de calidad con mi familia, otras cosas. Eso sí, solo si me apetecen y cobro por hacerlas. Soy así de mala persona.