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El DUA es un negocio privado y no una revolución educativa

Hay que darle infinitas gracias a Belinda, que en su impagable hilo de X ha puesto luz, datos y mucha valentía a una realidad que en la trinchera escolar llevan años masticando en silencio. Su texto impecable es la mecha que hacía falta para destapar una de las mayores operaciones de orfebrería financiera disfrazada de pedagogía que hemos vivido en la última década.


En los últimos días hemos asistido a una ola de aspavientos y rasgaduras de vestiduras por la supuesta desaparición del Diseño Universal para el Aprendizaje (DUA) del marco autonómico valenciano. Hay quienes gritan en los medios y en las redes sociales que se nos cae la inclusión y que volvemos a las cavernas.

Mentira. Una mentira piadosa para incautos y rabiosamente interesada para quienes la promueven. El DUA no desaparece del currículo ni de las aulas porque la atención a la diversidad y las prácticas inclusivas no son propiedad de ninguna sigla. Lo que está colapsando ante nuestros ojos no es la pedagogía real. Es la caída en picado de un modelo económico privado que beneficiaba a cuatro listos.

El verdadero drama no es que los alumnos vayan a aprender peor. El drama es que a algunos se les acaba la caja registradora. Alrededor del concepto DUA, importado del centro estadounidense CAST (Center for Applied Special Technology), se ha montado una industria multimillonaria perfectamente engrasada. Una industria basada en formaciones a precio de oro, ponencias en congresos, certificaciones «indispensables», másteres de posgrado impartidos por fundaciones y consultoras, plantillas de descarga, libros de texto adaptados al dua, pictogramas con derecho de marca, etc.

Lo más sangrante de toda esta comedia de diseño es el adanismo de sus predicadores. Venden como una revolución del siglo XXI cosas que cualquier maestro llevaba haciendo cuarenta años antes de que el CAST le pusiera una etiqueta en inglés y una marca registrada.

¿Acomodar los ritmos de lectura? ¿Ofrecer alternativas visuales y manipulativas para explicar una división? ¿Diversificar los instrumentos de evaluación para que el chaval con dificultades no se hunda? Eso se ha llamado siempre buena praxis docente. Se ha hecho con tiza, con cartulinas, con esfuerzo personal y sin pedirle un solo euro a las arcas públicas ni exigir que el profesorado se saque un curso que imparten los Llados de turno.

Pero claro, la buena praxis de toda la vida no genera copyright. No permite vender libros de autoayuda pedagógica en Amazon. No da para montar consultorías privadas de asesoramiento a centros. No sirve para que cuatro complementen su sueldo en el circuito de conferencias de fin de semana. Hacía falta empaquetarlo, ponerle un acrónimo rimbombante y convertirlo en religión obligatoria bajo amenaza de etiquetar de excluyente a cualquiera que dudara del dogma.

Hay que decirlo bien claro. El único éxito indiscutible, medible y contrastable del modelo DUA tal y como se ha vendido ha sido el éxito financiero de quienes viven a su alrededor.

Para el docente de aula, la revolución DUA solo ha significado dos cosas. Ha significado más horas de burocracia infame rellenando tablas inútiles y el aislamiento absoluto en un aula masificada sin apoyos reales. Porque esa es la gran estafa. Mientras la administración gastaba carretadas de dinero en cursos DUA para el profesorado, los centros siguen sin especialistas en Pedagogía Terapéutica, sin Audición y Lenguaje y sin bajada de ratios. Humo teórico para tapar la falta de inversión material.

Se les acaba el negocio a ellos o a sus amigos y por eso chillan. Gracias de nuevo a Belinda por el hilo. Es hora de dejar de financiar chiringuitos y volver al sentido común. El menos común (no solo) en educación y en su gestión de lo que debería ser habitual.

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