La escuela pública no fabrica campeones

Hay días en los que uno lee las redes sociales de nuestros representantes políticos y no sabe si reír por no llorar o pedir directamente el traslado a una isla desierta. Lo del President de la Generalitat Valenciana sacando pecho en X para atribuirse, en nombre de la escuela pública, el éxito de los deportistas de élite, es una de las muestras de oportunismo político más bochornosas, cutres y sonrojantes que hemos visto en mucho tiempo.


Hace falta ser un populista de manual para pretender colgarle la medalla de la educación pública a alguien que ha llegado a la cima del deporte mundial. Que alguien le explique al Molt Honorable cómo funciona el mundo real fuera de su despacho. Si un deportista alcanza ese nivel salvaje de rendimiento no es por el currículo escolar, ni por el sistema educativo, ni por las directrices de la Conselleria. Ha llegado ahí por una genética privilegiada, por un sacrificio personal brutal, por el apoyo constante de su familia y por miles de horas de entrenamiento en clubes, federaciones y centros de alto rendimiento privados o de especialización. La escuela pública, en esa ecuación de élite, es un mero espectador.

¿Andan perdidos en el Palau? Totalmente. Relacionar el éxito de un deportista de élite con el paso por las aulas es ignorar la realidad más básica de los centros educativos. Con las miserables dos horas a la semana que el currículo oficial reserva para la asignatura de Educación Física -a menudo en pabellones sin climatizar o en patios de cemento a 35 grados-, lo único que se puede hacer es fomentar hábitos saludables, enseñar valores de equipo y dar nociones motoras básicas. Pretender vender que de ahí sale un campeón internacional es una tomadura de pelo gigantesca.

Otra historia muy distinta, y ahí sí que le compraría el discurso al President si tuviera un mínimo de rigor, sería hablar de investigadores médicos que salvan vidas, de arquitectos de renombre que diseñan el futuro, de escritores galardonados o de ingenieros que revolucionan la industria. Esos profesionales sí deben la base de su estructura mental, su capacidad analítica y su bagaje cultural a las horas de codos, al rigor académico y a la formación intelectual que recibieron en las aulas de la escuela pública. Pero claro, atribuirse el mérito de un científico requiere valorar el conocimiento y la exigencia académica, mientras que subirse al carro de un deportista de moda da likes rápidos y fotos baratas para la campaña de turno.

Lo verdaderamente sangrante de este numerito de marketing político es el ninguneo implícito al trabajo real que se hace en las aulas. Desde aquí quiero romper una lanza y agradecer públicamente el trabajo titánico y fantástico que hacen a diario los docentes de Educación Física en nuestros centros educativos.

Ellos son los que hacen milagros con presupuestos de miseria, los que bregan con la falta de instalaciones dignas, los que enseñan a niños sedentarios y pegados a una pantalla a moverse, a respetar al rival, a perder la vergüenza y a entender la importancia de la salud física. Esos profesores hacen una labor social y formativa impagable, pero la hacen para formar ciudadanos sanos y educados, no para nutrir el medallero personal de ningún político de turno. Convertir su trabajo de hormiga en un eslogan populista para sacar tajada de un éxito deportivo ajeno es una falta de respeto absoluta a la labor docente.

Al President y a sus asesores de comunicación que le redactan los tuits desde el despacho con aire acondicionado… dejad de manosear la escuela pública para vuestra propaganda barata. La educación no está para daros titulares deportivos ni para engordar vuestra fototeca de propaganda.

La escuela pública se defiende dotándola de recursos, reduciendo ratios, mejorando infraestructuras y respetando el conocimiento, no colgándoos medallas que no os pertenecen. Queréis foto con el deportista, pero no pisáis un aula para ver las carencias del sistema. Menos demagogia de red social y muchísimo más respeto a la educación pública.

Me podéis encontrar en X (enlace) o en Facebook (enlace). También me podéis encontrar por Telegram (enlace) o por el canal de WhatsApp (enlace). ¿Por qué os cuento dónde me podéis encontrar? Para hacerme un influencer de esos que invitan a todos los restaurantes, claro está. O, a lo mejor, es simplemente, para que tengáis más a mano por dónde meteros conmigo y no tengáis que buscar mucho.

¿Te ha gustado el artículo? Apoya mi trabajo invitándome a un café.

Support me on Ko-fi

Descubre más desde XarxaTIC

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Publicaciones Similares

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *