El gran éxodo de la clase media de la escuela pública
Junio se despide con las actas cerradas, las plataformas informáticas de la administración, con funcionamientos dispares como cada fin de curso, y el ruido de fondo de las muchas protestas sindicales. Es el escenario idílico para desplegar la pancarta y repetir los mantras de siempre. Sin embargo, si dejamos a un lado la propaganda oficial o los gritos y nos atrevemos a mirar la realidad, hay un elefante en la habitación del que nadie quiere hablar. Me estoy refiriendo al vaciado sistemático de la escuela pública por parte de la clase media y, de forma aún más sangrante, de sus propios trabajadores.
Son muchos los artículos con propuestas reales y estructurales que escribo en este blog. No me limito a sacar un lanzallamas para denunciar las incoherencias del sistema. Me gusta aportar planos de reforma cuando la realidad demuestra que el modelo oficial hace aguas. Pero hoy no vengo a redactar un panfleto complaciente ni a buscar el aplauso fácil de mis compañeros. Vengo a plantear un análisis incómodo y descarnado ante el fanatismo ciego. Un análisis que se debe a intentar responder a por qué todo aquel que puede permitírselo económicamente o por puntos huye de la escuela pública para matricular a sus hijos.
Antes de que la policía moral de las redes saque a pasear el argumentario automático -ese que acusa de insolidario o enemigo de lo público a cualquiera que ose analizar los datos-, conviene refrescar la memoria normativa. La red concertada en España no es un invento del neoliberalismo ni una conspiración de la derecha para desmantelar el Estado del bienestar. La escuela concertada la diseñó e implementó el PSOE a través de la LODE en 1985, bajo el mandato de Felipe González y con José María Maravall en el ministerio, como una solución estructural para garantizar la escolarización obligatoria allí donde la pública no llegaba. Desde entonces, este modelo híbrido se ha mantenido intacto, se ha financiado y se ha consolidado bajo gobiernos de absolutamente todo signo político, ya que se ha hecho desde mayorías absolutas del PP hasta coaliciones de izquierdas. Vincular la existencia de la concertada a una ideología concreta es, simplemente, ignorar el Boletín Oficial del Estado por puro analfabetismo histórico.
Por tanto, el debate no es ideológico. Es de pura supervivencia familiar. Cuando la clase media decide matricular a sus hijos en un centro privado, con concierto o sin él, no está realizando un acto de boicot político; está buscando para su descendencia el entorno que el Estado le promete sobre el papel pero le niega en la práctica.
La mayor prueba de cargo del colapso del modelo actual no es la estadística general, sino el comportamiento de la propia infantería del sistema. Una cantidad alarmante de docentes con plaza en propiedad, inspectores de educación y altos cargos que gestionan el sistema público, incluso muchos de los que han hecho huelga en algunas Comunidades, dejan o dejarán a las nueve de la mañana a sus propios hijos en la puerta de la escuela privada.
¿Por qué se da lo anterior? Porque el docente de la pública conoce el sistema por dentro. Sabe perfectamente que la escuela pública se ha convertido en el laboratorio de experimentación de todas las ocurrencias pedagógicas. Saben que las leyes educativas que cambian cada cuatro años en la pública no se cuestionan, que el timo de la evaluación competencial que convierte poner un suspenso en un calvario burocrático de decenas de folios… y también que un modelo de inclusión low-cost sin recursos satura el aula ordinaria y dinamita el ritmo académico. El docente que trabaja en la pública busca para sus propios hijos la paz que no tiene en su puesto de trabajo. Busca estabilidad, rigor curricular, disciplina y la inmunidad frente a las huelgas que paralizan en los últimos tiempos los centros educativos públicos.
Para entender que este trasvase no es un capricho educativo sino una enmienda a la totalidad de la gestión estatal, solo hay que mirar lo que sucede con la sanidad. Es exactamente el mismo patrón. Los datos oficiales del mutualismo funcionarial no mienten. En torno al 75% de los funcionarios docentes de la escuela pública, a la hora de elegir la asistencia sanitaria que presta MUFACE, huye de la sanidad pública y elige conscientemente la opción de la sanidad privada.
Hablamos de las tres cuartas partes del funcionariado docente. Es una bofetada de realidad que desmonta cualquier discurso moralista de sala de profesores. El mismo colectivo que abandera la defensa de los servicios públicos en la calle, cuando se trata de su propia salud, la de sus hijos, las listas de espera o la masificación de los pasillos, prefiere que lo atiendan en la privada. Si los propios profesionales que sostienen el sistema no confían la gestión de su cuerpo a la red pública, ¿con qué autoridad moral se puede recriminar a una familia de clase media que decida no confiar la gestión de la mente de sus hijos a unas aulas con la misma degradación y abandono?
Este trasvase de alumnado no es una tendencia invisible; se mide en solicitudes de matrícula con nombres y apellidos. En la Comunidad Valenciana, por ejemplo, centros educativos concertados que conozco de primera mano han registrado este mes de junio un alud inédito de nuevas peticiones de plaza en detrimento directo de los institutos y colegios públicos de la zona.
Este éxodo masivo es el impacto directo y el efecto colateral de las últimas jornadas de huelga y conflictividad laboral que han paralizado la red pública. La clase media trabajadora, la que no tiene flexibilidad horaria ni abuelos disponibles a las diez de la mañana de un martes, no puede sostener un sistema educativo que utiliza el calendario escolar como campo de batalla sindical. Ante la incertidumbre de si sus hijos perderán semanas de clase o de si los servicios mínimos funcionarán, las familias cogen sus puntos y sus ahorros y hunden la matrícula de la pública para comprar la estabilidad horaria y académica de la privada y, especialmente de la parte concertada. La huelga, concebida para defender la pública, ha terminado siendo la mejor campaña de marketing para la red privada subvencionada. Y ojo, no estoy diciendo que no fuera necesaria ni criticando a quienes la han hecho.
El vaciado de la escuela pública no se frena con consignas bienintencionadas de escaparate, sino asumiendo que el sistema ha renunciado a sus principios fundamentales. Al abrazar el aprobado generalizado encubierto y la devaluación sistemática de la exigencia con la excusa de no traumatizar al alumnado, la administración ha despojado a la escuela pública de su mayor valor histórico. Ya no es el ascensor social para las familias vulnerables basado en el mérito y el esfuerzo. Cuando se iguala por abajo, el hijo de la clase media que quiere estudiar ve cómo su aula se convierte en un entorno donde avanzar temario es una utopía, mientras el docente brillante asiste impotente al hecho de que su esfuerzo vale exactamente lo mismo que el del negligente que arrastra los pies y falta los lunes. Ante ese panorama de desidia institucionalizada y parálisis organizativa, culpar a las familias por buscar refugio al otro lado de la acera es de un cinismo intolerable.
A algunos fanáticos se les atragantará este análisis. Me llamarán traidor y me acusarán de hacerle el juego a la ultraderecha. O dirán que me he convertido en un fascista de manual. Me da exactamente igual. La verdadera traición a la escuela pública es callar ante su degradación, maquillar las estadísticas y mirar hacia otro lado mientras las familias huyen de unas aulas masificadas, burocratizadas y desprovistas de exigencia académica. Por cierto, un detalle importante… en la concertada las aulas están mucho más masificadas que las de la pública, así pues tampoco es un motivo para ese trasvase.
Yo voy a seguir exigiendo la reforma total que el sistema necesita. La pública no se defiende negando la realidad ni persiguiendo al que se va. Se defiende haciéndola tan excelente, rigurosa y segura para el alumnado y el profesorado que nadie, ni el ciudadano de a pie ni el propio docente, tenga la tentación de cruzar la acera.
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Me he emocionado leyendo este artículo. Soy docente de la pública, este curso he matriculado mi hijo en el cole público.
Me apena mucho la falta de exigencia que aceptamos, tanto en los alumnos como en nuestras condiciones laborales.
Ojalá más docentes, sindicatos y dirigentes pensaran como tú.
Esta frase es la clave para entender lo que los políticos han estado cultivando en nuestro sistema educativo en los últimos años: “la Educación Pública ya no es el ascensor social para las familias vulnerables basado en el mérito y el esfuerzo…”
No es nada nuevo para mí, pues estuve en el sistema educativo de Illinois. Da igual que gobierne la derecha o la izquierda, pues esto lo imponen las grandes élites que dominan el mundo. Han destrozado los sistemas educativos públicos basándose en falacias que absorben como grandes verdades los jóvenes docentes: “la exigencia del sistema educativo enferma a los estudiantes”, “se exigen contenidos que no útiles para la vida”, “exige al profesor que te hubiera gustado ser”, “debe preponderar ser feliz a ser inteligente”, etc. ¿Y a quién se ha buscado para endiñar todo esto a los jóvenes docentes? A los productos de carreras universitarias que siempre se han regalado: Pedagogía, Psicopedagogía, Educación Social…y demás sucedáneos. Cualquiera sabe que lo más difícil de estas pseudocarreras universitarias era matricularse, porque no solo se aprobaba a todo el mundo, sino que regalaban sobresalientes y matrículas de honor con mínimos esfuerzos. A esto hay que añadir en lo que se ha convertido Magisterio, cuyo nivel es inferior al de un ciclo de grado superior.
Al igual que hay negocio con la sanidad privada o la concertada, lo mismo está ocurriendo en la educación pública: mismos intereses económicos y mismos políticos….¿Nadie se enteró de la visita de Irene Montero a Valencia con la finalidad de solidarizarse con los docentes en huelga de la educación pública, mientras tiene a sus tres hijos en un colegio concertado caro? ¡No somos ni fachas ni tontos, Jordi!
Así es.
Un abrazo.
Así es exactamente. Y eso sin entrar a valorar qué sistema mantiene mejor la neutralidad ideológica, que es una cosa también valorada por muchos padres.
Magnífico artículo. Gracias! Me gustaría aportar algunos matices.
El llamar «obtener la plaza en propiedad» solo ha generado que una enorme cantidad de profesores hayan mutado de docentes a funcionarios sin darse cuenta y hayan desarrollado el síndrome L’Oréal. Creo que es más ajustado a la realidad decir que te adjudican el carnet de funcionario para que seas un engranaje más del sistema a cambio de que no te falte un plato de comida el resto de tu vida.. Y además, si tienes una vida triste, te puede aliviar convivir todos los días con una especie inferior de compañero(los interinos) que te suba la autoestima. Y ya no te digo si te nombran tribunal de deposición donde puedes decidir sobre la vida de tus compañeros: si van a poder comprarse un piso, quedarse embarazada, casarse, ampliar la familia… entonces el subidón de autoestima es mayúsculo.
Respecto a lo de la clase media, creo que eres muy generoso. Clase media eran un matrimonio de profesores de secundaria con 45-50 años en la década de los 90 con un pisazo pagado, apartamento en la playa y en la montaña también pagados y con dos o tres hijos.
Hoy mas que clase media (que prácticamente ha desaparecido), yo hablaría de clase trabajadora y dentro de ésta hay dos tipos: los pobres y los que no quieren aceptar que son pobres. Yo soy de los primeros.
Por otro lado, el nivel académico no es mejor en la concertada o en la privada. Es más, en general diría que es peor. Yo he trabajado en la educación secundaria privada donde los padres pagaban 550 euros al mes por hijo aparte de extraescolares. La mayoría de alumnado eran hijos de empresarios. Instalaciones fantásticas y un gran marketing pero el nivel…una anécdota. En un examen de mi asignatura suspendió un número importante de alumnos. Me llamó la directora del instituto y me dijo que le enseñara los exámenes. Vio que aquello era un desastre y no me pudo recriminar nada. Solo me dijo que mirara como podía arreglarlo porque los padres no pagaban 550 euros al mes para que sus hijos suspendieran. Ese era el nivel. Eso sí, de cara a los padres todo era excelencia y maravilloso. Recuerdo el caso de un alumno que su madre se mataba limpiando escaleras para que su hijo estuviera en ese centro. Pero no por la excelencia académica sino para que su hijo se relacionara con esos hijos de empresarios que 10 o 15 años después ocuparían puestos importantes en las empresas familiares y esa amistad forjada en la adolescencia le permitiera a su hijo descolgar el teléfono y colocarse en un buen puesto de trabajo. Ejemplo: en su día el presidente José María Aznar regaló Telefónica ( una empresa pública) a Juan Villalonga, el que había sido su compañero de pupitre en el colegio.
Por otro lado, coincido con el compañero. Los padres que llevan a sus hijos a la concertada es para que no se junten con otras razas y culturas.
Por cierto, estos y otros temas tan interesantes que planteas en este blog me encantaría hablarlos y debatirlos con los compañeros en las largas mañanas sin hacer nada de finales de junio. Pero no es posible. Los docentes solo quieren hablar de trivialidades y chorradas. Como se te ocurra sacar el tema en un corrillo e intentar darle un poco de profundidad, la gente se levanta del café y vuela.
No hay solución. Hace tiempo que se decidió que había que destruir la educación, la sanidad, las infraestructuras, la vivienda, la familia…en España. Y ahí estamos. Se llama Apocalipsis.
No estoy de acuerdo al 100por 100 con usted. Lo estoy al 150 por lo menos.
Hola Jordi.
Agradezco tu articulo desde una perspectiva tridimensional: como ciudadano, padre y empleado público.
Como ciudadano porque creo en la enseñanza pública como seña de identidad de una sociedad ilustrada: ahí queda eso.
Como padre porque deseo para mis hijos una educación libre y exigente.
Y como trabajador porque soy un servidor público.
Me detengo brevemente en este último aspecto: llevo 34 años en la Administración Publica, y aunque la experiencia no garantiza el argumento de autoridad, diré que no he perdido el tiempo.
Pies bien, después de infinidad de reformas administrativas, cordones sanitarios, y proclamas reformistas para la galería, mi humilde contribución al debate de lo público es ignorarlo: por higiene personal.
Cada mañana me levanto con la idea de dar el mejor servicio posible al ciudadano, con la lista de tareas concretas de ese día, sin ninguna intención de contribuir a ningún tipo de cambio, provisto nada más que de mi humilde idea de servicio públicos, y dispuesto a ayudar a los colegas que me rodean si es que muestran un genuino interés por su trabajo.
Al margen de eso, leo a quienes como tú, mantienen la antorcha del debate crítico, mordaz , valiente e ingenioso, y os deseo lo mejor.
Cuidate
Un saludo
Buenos días Jordi. Sigo tu blog hace tiempo. No siempre estoy de acuerdo con tu visión de las cuestiones que planteas, pero me gusta leer tus artículos pues me hacen reflexionar.
En este caso no he podido evitar responderte.
Estoy de acuerdo que si el río suena es que agua lleva. Pero creo que lleva agua por otro motivo distinto a los que planteas.
Las familias buscan la concertada por un motivo muy simple: por muy poco dinero al mes por hijo «compran» poder librarse de que sus hijos compartan aula y patio con inmigrantes, gitanos, y familias de muy bajo nivel adquisitivo.
Y ante ese argumento la pública no puede luchar, ni ganar.
A veces hay familias que te intentan justificar que lo hacen por los horarios, por vergüenza a reconocer lo anterior.
Pero los horarios de la pública son igual de amplios que la concertada.
En Extremadura, por ejemplo, en un colegio publico puedes meter a tu hijo a las 07.30h y recogerlo a las 18.00h por el precio siguiente (si no tienes rentas muy bajas, que si no sería gratis):
*07:30 -09:00h – 20€ hijo/mes
*09:00-14:00h – colegio normal gratuito.
*14:00h-15:00h – comedor escolar 4,30(aprox.)/dia/hijo.
15:00h-16:00h vigilancia de alumnado que está en el comedor y tiene actividades formativas complentarias (entra gratis al estar en el comedor).
16:00-18:00h – Actividades formativas complentarias con monitores contratados directamente por la Consejería de educación. Servicio gratuito para todo el mundo.
¡Buenas, Miguel Ángel! Lo que afirmas no es para nada descabellado, pero los tiros no van por ahí; además, muchas familias latinoamericanas prefieren tener a sus hijos en la concertada católica. Jordi habla de «éxodo de la clase media», en clara alusión a docentes como él o como yo que fuimos a la pública y que enviamos a nuestros hijos a la pública…¿Por coherencia? En principio, por coherencia y porque creíamos en una educación pública que superaba a la concertada o a la privada en preparación académica, es decir, los alumnos de la pública iban mejor preparados a la universidad.
Todo esto ha cambiado con presiones de políticos a quienes les interesan dos aspectos importantes: formación de un pueblo inculto y acrítico, con una educación democrática que iguala por debajo; ruptura de una educación pública que favorezca la transfusión a la empresa privada o concertada. En Europa lo encabeza el marxismo cultural de Antonio Gramsci (y el sistema educativo de Montessori al que vamos con el «bienestar emocional») y en Estados Unidos el Wokismo (David Merryl, Daniel Goleman y cía.).