Vacaciones premium… fiebre incluida

Uno pasa el curso diciendo que cuando lleguen las vacaciones se arregla todo. Que el cansancio se irá solo. Que el cuerpo aguanta. Que ya descansará más adelante. Y entonces llegan las vacaciones y el cuerpo, que no es tonto, decide intervenir.

Primer día. Treinta y nueve de fiebre. Así. Sin metáforas. Sin simbolismos. Treinta y nueve. El descanso ha empezado fuerte.

Es curioso cómo el cuerpo tiene un sentido del timing impecable. Aguanta meses enteros de prisas, horarios absurdos, cafés mal contados y esa costumbre tan nuestra de decir «no pasa nada». Aguanta cuando debe. Y cuando por fin bajas la persiana, cuando ya no hace falta fingir que puedes con todo, se desploma. Como diciendo… ahora sí, campeón, ahora paras.

Vacaciones en horizontal. Sin planes. Sin productividad. Sin esa ansiedad tan nuestra de «aprovechar el tiempo». Aprovechar qué. Aprovechar para sudar, beber agua y mirar el techo mientras piensas que quizá llevabas semanas ignorando señales bastante evidentes. O que esa gripe tan maravillosa espera al acecho a que, en algún momento, bajes la guardia para hacerte compañía.

Durante el curso normalizamos cosas que vistas desde fuera rozan lo absurdo. Dormir mal es normal. Estar permanentemente cansado es normal. Vivir con la cabeza embotada es normal. Hasta que el termómetro marca una cifra que ya no se puede justificar con un «será estrés». Ahí ya no. Ahí ya toca parar de verdad.

Lo mejor de estar enfermo justo cuando empiezan las vacaciones es que no hay escapatoria. No puedes hacer como que no pasa nada. No puedes seguir. No puedes distraerte. Te quedas quieto. Y en esa quietud forzada te das cuenta de lo mal que escuchas a tu propio cuerpo cuando las cosas van más o menos.

No hay ninguna épica en esto. La fiebre no te hace más sabio. No hay grandes revelaciones. Solo te recuerda, de forma bastante bruta, que no eres indestructible. Que el descanso no se programa. Que llega cuando llega. Y a veces llega así, con un termómetro marcando números que no admiten negociación.

Así que aquí estoy. De vacaciones. Con fiebre y con unos mocos que, desde esta noche, han venido a hacerme compañía. Riéndome un poco porque no queda otra. Porque incluso estando jodidamente mal, el cuerpo ha ganado la partida. Y sospecho que llevaba razón desde hacía tiempo.

Vacaciones, sí. Pero versión realista. Sin filtros. Y con manta.

Mañana, si eso, ya nos ponemos buenos. Que los polvorones y el turrón no se comen solos.

Ahora que estáis de vacaciones, si os aburrís y os interesa leer algunos despropósitos que he escrito, os dejo un enlace donde os podéis hacer con mis libros. Libros que, seguramente, ahora escribiría de otra manera (o quizás no). También podéis descargaros mi último libro en formato digital, TORREZNO 3PO: un alien en educación, desde aquí.

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