Una sociedad de mierda

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¿Os acordáis cuando algunos pensaban/pensábamos que, después del confinamiento, nos quedaría una sociedad mejor, más justa y mucho más solidaria? ¿Os acordáis cuando se aplaudía a las ocho de la tarde, se pintaban murales por parte de los niños y se tenía ganas de abrazar -o simplemente hablar- con aquellas personas que, habiendo discrepado o no en el pasado, querías darles una segunda oportunidad en el futuro? No hace tanto para no acordarse de ello. Han pasado solo unos meses. Unos meses en los que la “nueva normalidad” nos ha traído una sociedad de mierda. De mucha más mierda, aún siendo difícil, de la que existía antes de la pandemia.

Tenemos una sociedad enferma en la que algunos tienen miedo, generado externamente y potenciado por los medios, de salir a la calle. Ha habido miles de muertos a los que nadie ha podido despedir y de los que nadie se hace responsable. Siguen muriendo a chorro personas con enfermedades varias, diferentes del coronavirus, porque la atención sanitaria está bajo mínimos. Los policías de balcón se han trasladado a las calles. En las redes sociales sigue habiendo los que, encantados de sentirse superiores y poseedores de las recetas de lo que es ser buen ciudadano, defienden todas las medidas que implican la restricción de derechos para el ciudadano. Eso sí, siempre justificándolo bajo el hecho de que, como el ciudadano no cumple, vamos a darle palos. O vamos a dar herramientas para que la policía les dé palos. Denuncias por no llevar mascarilla. Denuncias por creer que puedes estar contagiado. Denuncias por irte con tus amigos, a un lugar en el que no molestas a nadie, para tomarte algo con ellos. Dentro de nada van a denunciar por follar en el coche con alguien que no conviva contigo. Visto lo visto. Y todo lo anterior avalado por una parte de la sociedad que, para mí, es demasiado numerosa. No siempre los números hacen que alguien tenga razón. Es democrático pero, por muy democrático que sea, si democráticamente deciden marcar a fuego a los enfermos, aislarlos o, incluso ponerlos frente a un pelotón de fusilamiento, uno no puede estar a favor de ello. Pero los que no estamos a favor de ello somos minoría. Una minoría a la que se persigue, insulta e insta a emigrar de nuestro país. Qué sociedad más “maravillosa” nos está quedando.

El discurso del odio “al mal ciudadano” ha calado hondo. Hay antorchas preparadas en muchas casas para ir a hacer cazas masivas y poder ajusticiar a los que cuestionan el discurso oficial o las medidas tomadas. Ya están incluso apuntando nombres, haciendo fotos con el móvil, guardando los mensajes que, en las redes, se atreven a cuestionar ciertas cosas. Nunca Goebbels pensó que tuviera unos seguidores tan preparados. El mecanismo de propaganda está siendo brutal. El esconder a los médicos que opinan diferente está a la orden del día. El amenazar, convertir a la policía en un servicio de “represión al mal ciudadano” y, el poder dotar de la capacidad de denuncia al que no consiguió entrar en la academia, por ser patizambo o demasiado zumbado para pasar el psicotécnico, ha convertido la sociedad en unas hordas de zombis sin criterio propio de proporciones inimaginables. Y no solo han caído en ese discurso las personas sin estudios. Ha caído una gran parte de la sociedad en las redes del liberticidio por el “bien común”.

Los malos son los ciudadanos. Los jóvenes que salen a la calle con sus amigos, los que se están tomando una cerveza en el bar, los que quieren disfrutar de la vida antes de que se les apague esa posibilidad,… en definitiva, los malos son todos los que no creen el DISCURSO. Un discurso sin fisuras, que se defiende el bloque y sobre el cual no puede, ni tan solo, ponerse ningún pero.

Una sociedad está formada por individuos. En el momento en que el individuo queda anulado y la sociedad debe seguir, sin desviarse ni un milímetro de un camino con baldosines, separado del resto de caminos por una verja electrificada cada vez más alta, es que algo falla. Y ya cuando son los propios caminantes los que, en caso de ver a alguno de sus compañeros de viaje que intentan, o bien retrasarse, o bien cuestionan en voz alta la elección de ese camino, o bien silban con sus silbatos para alertar a los protectores del procomún o, simplemente, se toman la justicia por su mano.

Sí, nos está quedando una sociedad de mierda. Eso sí, a algunos por lo visto les está gustando porque, si no fuera así no se entenderían ciertas cosas.

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Bprats
Bprats
1 year ago

Tras leer tu artículo, me extraña no ver ningún comentario…ya el título es provocador…En general, me parece muy coherente todo lo que escribes (y animo a que sigas escribiendo!), y bastante equilibrado y racional. Pero en este artículo te ha salido tu vena más reivindicativa…y no digo que esté mal, al fin y al cabo defiendo la libertad de expresión, pero creo que en vez de directamente tratar con el mismo nivel a esos “ciudadanos-policía” que efectivamente parecen disfrutar con la “caza de brujas”, estaría bien que aportaras nombres y más información contrastada sobre esa verdad que nos esconden los medios.
Toda esta pandemia posiblemente sea un ardid de la élite del mundo para controlar a las masas mediante el miedo, pero creo que no se trata de avivar la llama entre las diferentes visiones si no de facilitar la empatía para que todos podamos estar más unidos. Quizás parezca una utopía, pero realmente creo (al igual que en la cohesión de grupo que busco en el alumnado o al igual que el buen entendimiento familiar que me gustaría reinase en mi casa) que cuanto más sepamos de los demás y de nosotros mismos, más podremos entendernos, aceptarnos y vivir en armonía.
Existen muchos ciudadanos, como yo, que aunque les parece una exageración y una manipulación del miedo la situación actual…vemos con malos ojos y falta de respeto el que haya personas que se nieguen a llevar mascarilla o cumplir ciertas normas mínimas…Estamos ante unos gobernantes que hemos votado y que quizás no sirvan para mucho, pero tampoco podemos defender la anarquía…La anarquía, a mi modo de ver, sólo sirve cuando todos los que la practican demuestran respeto por sus semejantes, y me vas a perdonar pero cuando veo grupos de jóvenes que simplemente “pasan” de llevar mascarilla porque ellos no van a enfermar (y no por estigmatizar,eh?, sólo por poner un ejemplo) pues no me parece bien. A mí también me puede parecer una exageración y si voy paseando por un bosque y no hay gente pues no la llevaré pero si voy a caminar por la ciudad donde seguro voy a cruzarme con gente por la acera que no sé si pueden tener miedo a enfermar pues me la pondré.
Cuando veo a gente sin mascarilla, cuando yo hago el esfuerzo de llevarla, me parece falta de respeto, pero tampoco voy a juzgarlos (pueden tener o no motivos, pero les incumbe a ellos). Creo que la manipulación de los medios dificulta obtener información fiable en las dos direcciones. Hay mucha información y leerla y contrastarla toda requiere mucho tiempo. En aras de esa búsqueda de la verdad aún no he podido leer El cielo en la tierra, de Emilio Carrillo, donde aparece un artículo reciente con referencias presuntamente “serias” a la situación actual…pero quizás tú tengas más información sobre esa realidad que los medios esconden.
Por ello te pido que escribas algún artículo donde invites o trates de convencer (y no simplemente criticar, que es muy fácil) a todos aquellos que se dedican a “cazar brujas” para que entiendan los motivos de por qué no es necesario o qué alternativas tienen para conocer la situación actual y así mejorar esas relaciones sociales que evidentemente se están deteriorando en esta sociedad de mierda en la que vivimos.

Javier Plaza
Javier Plaza
1 month ago

La mayoría se ha puesto una vacuna sobre la que no ha habido un solo debate entre médicos con dudas y médicos a favor. Para ser juez, aunque sea un mediocre juez, debe uno escuchar a las dos partes. En este tema a una de las partes se la ha impedido hablar y quien sabe si a algun científico o experto se le ha llegado a matar. Últimamente aparecen suicidados en las cárceles colgados de cuerdas que aparecen de no se sabe donde. En fin, la gente se pone una vacuna sin contrastar,. Los de arriba han conseguido lo que querían desde hace cientos de años. Una sociedad que se cree rebelde por llevar tatuajes, piercings y pantalones rotos, pero que en el fondo está asustada y profundamente aborregada. El éxito del diablo es hacer creer que no existe. El éxito de la ingeniería social es hacer creer que son libres siendo en realidad nada.

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