Predicciones “horchateriles” para el 2021

No bebo alcohol. Hace casi veinte años que, por culpa de un pequeño error en mi ADN -posiblemente un error divino, por no querer dotarme de más atributos, para no despertar todavía más envidias-, no he ingerido ni una gota de alcohol. Bueno, seamos sinceros, tampoco es que antes bebiera demasiado. Eso sí, ya hace un tiempo que he encontrado un sustituto como bebida por excelencia: la horchata. Bebida que reúne todas las condiciones para desbancar al mejor whisky de malta y, al ser producto autóctono, ayudamos a la industria del país. Como el comercio de proximidad pero en versión líquida. Una horchata sometida a los vaivenes del mercado, a las multinacionales que nos venden agua con azúcar como tal y, por desgracia, vendida por muchos que han dejado de beberla. Estoy hasta los mismísimos de los gurús de la horchata que, para explicar sus propiedades o hablar de la mejor manera de tomársela, se pasan por el forro la visita a Valencia y se venden a las bodegas vitivinícolas. Hay qué joderse.

Es día treinta y uno y no hay mejor momento para hacer una predicción acerca de qué va a suceder en el mundo de la horchata en el año que en breve empieza. Lo sé. Vale tanto una predicción de estas como las de los que tienen muy claro qué equipo va a ganar el próximo partido y, por ello, siempre acaban palmando en las apuestas. Pero, como consumidor habitual de horchata y sabiendo algo del tema creo que voy a arriesgarme.

En primer lugar van a aparecer nuevas pajitas para beber la horchata. Ninguna de ellas será más que un cambio de color o materiales de los que está hecha la pajita (seguro que nos presentan alguna modelo fucsia, otra en espiral o, simplemente, alguna hecha en productos ecológicos). Hay muchos bebedores de horchata del supermercado que, al ser su producto entre malo y pésimo, seguro que caen en las redes de alguna de esas mafias (formada tanto por veganos, vegetarianos o carnívoros) de la fabricación de pajitas. Les importará poco si sabe o no mejor. Lo importante es que esté bien de precio y sea bonita. Y seguro que cuando invitan a alguien a casa les venden que la horchata que les ponen es maravillosa porque lleva una pajita que elaboran específicamente para ellos en alguno de esos Horchata Labs que tanto pululan por diferentes lugares. Grandes pensadores que jamás se han tomado una buena horchata pero que son especialistas en marketing.

También se expandirán aquellos que graban un vídeo y explican cómo se bebe la horchata. Si cuelgas lo anterior en Youtube, no sabes cuánto se ahorra en producto. En la horchatería a debatir sobre el vídeo y las posibilidades que ofrece. Al final de todo, una encuesta de satisfacción. Una encuesta que, a falta de producto, toca hacerla sobre una supuesta ficción de lo que supone la horchata. Y ya si le ponemos unas gafas de realidad aumentada al interfecto que ve el vídeo… un pasote. Eso sí, todo lo anterior aderezado con una crítica a los que siguen tomándose la horchata en determinados lugares. Ellos, según los que montan vídeos, no tienen ni idea de lo que supone una buena horchata y lo único que hacen es acabar haciendo odiar la horchata al personal.

No nos olvidemos que también se va a seguir subvencionando con dinero público unas pruebas para detectar la calidad de la horchata, que se elaborarán en países donde no se toma horchata. Miles de euros para que unos tipos, más interesados en la especulación de la chufa que en mejorar la calidad organoléptica del producto final y la satisfacción de los consumidores, se dediquen a pasar unos tests donde lo de menos es el consumidor de ese oro blanco. Lo peor no es lo anterior. Lo más grave es cuando determinadas organizaciones que están especulando con las plantaciones de chufa y convirtiendo esos terrenos en bloques de pisos, empiezan a dar premios a la mejor horchata y al mejor maestro horchatero. Eso ya es el acabose.

Finalmente no nos hemos de olvidar de los gurús de la horchata. Aquellos que dejaron de consumirla hace mucho y ahora escriben libros acerca de cómo ingerirla. Gurús avalados por tropecientos acólitos que, por desgracia, están más interesados en los personajes que en la propia horchata. Es lo que tiene el fenómeno fan. Con lo fácil que sería ser un fan de la horchata sin aditamentos y buscando, entre cata y cata, la mejor horchata. No olvidemos que la mejor horchata es la que más nos guste y la que queramos repetir. A un paladar educado no le dan gato por liebre.

La verdad es que no tengo demasiada idea acerca del mundo de la horchata en este 2021 que empieza hoy dentro de unas horas pero, lo que sí que puedo intuir es que, por desgracia, tiene toda la pinta de ser un mal año para la horchata. Más aún cuando algunos acaban de legislar sobre la misma sin tener en cuenta al maestro horchatero que lleva décadas elaborándola y mejorándola u obviando los estudios científicos. Es que beber horchata poco tiene que ver con el idioma en que se beba. Eso sí, poner el producto para los guiris, lo único que significa es aumentar la cantidad de producto de baja calidad que se va incorporando al mercado.

Feliz 2021. A disfrutar de ese líquido sin igual del que yo hoy no voy a poder beber, pero me autoprometo ingerir entre el primer y el segundo café que me voy a tomar mañana.

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