El otro día uno de los, supuestamente, grandes expertos (sic.) en tecnología educativa, habló en Twitter de la gratuidad del software libre. Decía que el mismo suele ser gratis y que los datos de su uso no van a ningún sitio. Lo anterior es algo que muchos repiten como un mantra pero, para los que hemos trabajado en la administración educativa, o para aquellos que conocemos algo el funcionamiento de los programas que se ofrecen tanto a docentes, como a alumnado y sus familias, sabemos que se incurre en un error importante de concepto. Tanto en lo que hace referencia a la gratuidad como en lo que hace referencia a que los datos no van a ningún sitio.

Voy a empezar con el tema de la gratuidad. Que algo no tenga coste directo para el usuario no significa que sea gratis. La educación o la sanidad pública tiene un coste. No es gratis que exista lo anterior. Se paga con nuestros impuestos. Al igual que sucede con el uso de determinados programas. En algunas Comunidades algunos se llenan la boca con el uso de sus sistemas operativos libre, basados en Linux. El desarrollo de esos sistemas operativos, al igual que todos los desarrollos informáticos de las aplicaciones de las administraciones educativas tienen un coste. Las personas que hay tras ese desarrollo cobran. En ocasiones, el coste monetario de usar software libre frente al uso de software privativo es muchísimo más caro. Y ya no digamos cuando ese software necesita servidores para que almacenen los datos que se van intercambiando en el mismo. Si algún día se hicieran las cuentas de lo que gasta la administración educativa, tanto a nivel Comunidad como a nivel estatal, en gestionar y mantener determinado software libre y lo contrapusiéramos al uso de software privativo, seguro que más de uno se lleva una sorpresa. Eso sí, no siempre debemos analizar las cosas en su vertiente económica.

Una cosa es  «jugar a las TIC» mediante frikismos más o menos potenciados. Otra cuestión muy diferente es gestionar datos de alumnos, docentes y familias. Cientos de miles de usuarios no es lo mismo que algo que uno se instala en su ordenador para cacharrear. Si en tu ordenador la distribución Linux o el Moodle que te has bajado y has instalado en el servidor que has comprado o en local no funciona, te afecta como mucho a ti o a unos pocos alumnos que hayas usado, de forma ilegal si tu administración te dota de esa herramienta, de conejillos de indias. Otro tema son las cuestiones macro. Y a nivel macro, el software libre ni es gratuito ni tampoco quedan los datos pululando por ahí. Los datos se quedan en poder de la Consejería de turno, que los va a tratar de forma confidencial. Al igual que hace cualquier empresa privada a la que se paga por el servicio. Otra cuestión son aquellas empresas que ofrecen productos gratuitos para el profesorado, cuyos datos no se sabe para qué van a ser utilizados. No estoy hablando de convenios que firmen las administraciones. Estoy hablando de uso por parte de centros educativos o docentes de ciertas cosas.

Otra cuestión que no me gustaría dejar en el tintero. Imaginaos que montáis un Moodle casero en un servidor que habéis comprado. Ese servidor va a tener los datos que intercambiéis vosotros en ese entorno virtual de aprendizaje. Así pues los datos siempre van a algún sitio. Incluso que lo montéis en local. Los datos van al servidor que tenéis en casa. Es que es muy fácil de entender.

Quizás se debería hacer más formación para explicar que libre y gratis no es lo mismo. Que siempre que hay datos intercambiados en un programa digital hay algún sitio al que van los mismos. Que, en ocasiones, usar software libre es muchísimo más caro que usar software privativo. Que lo que debemos hacer como usuarios (en nuestro caso docentes) es usar las herramientas que nos suministra nuestra administración educativa. Que si hay convenio con A o con B, seguramente se habrán revisado todos los temas de privacidad y seguridad de los datos que se intercambien. Que lo del software libre está muy bien para cuatro pero que, al final lo que buscamos todos es poder tener la mejor herramienta posible que respete al máximo la privacidad de los datos que intercambiamos con ella y que sea lo más útil y versátil posible. Pero bueno, siempre hay algunos que buscan debates ideológicos más allá de debates técnicos. Y siempre desde la perspectiva del desconocimiento absoluto del trabajo y esfuerzo que hay tras cualquier tipo de software (sea libre o privativo).

Finalmente deciros que, al menos a nivel educativo, lo que le interesa al alumno y al docente es poder dar clase (o gestionar su trabajo a nivel administrativo) y hacerlo con las mejores herramientas posibles y las que le hagan perder menos tiempo. Herramientas que deberían velar más por la facilidad y utilidad, que por debates ideológicos. Eso sí, siempre teniendo en cuenta que debe exigirse a la administración educativa que nos dote de las mejores herramientas posibles y que velen por la seguridad y privacidad de los datos del alumnado, profesorado y familias. Algo que puede hacerse tanto con software libre como privativo. Es que es algo muy fácil de entender.