Estoy un poco harto tanto de la queja facilona en Twitter de algunos, como del pasotismo ante ciertas cosas. No entiendo que haya familias que permitan que sus hijos e hijas estudien en aulas en las que, ya no hablo de las distancias de seguridad imposibles de cumplir en el final de la pandemia, hablo de incumplimientos a nivel de ratios. Las ratios legales, por si alguien le apetece tenerlas a mano son las siguientes:

  • 25 alumnos en Infantil y Primaria.
  • 30 alumnos en Secundaria y FP.
  • 35 alumnos en Bachillerato.

Todas las ratios anteriores pudiéndose incrementar, justificadamente por parte de la administración de forma documental (¡no lo olvidemos!) hasta un 10%. Y debiendo minorar las mismas en función de alumnado diagnosticado como alumnado con NEE (necesidades educativas especiales), ya que el mismo en algunas Comunidades cuenta como doble plaza ocupada. Por ejemplo, si se tienen 4 alumnos con NEE en una clase de segundo de ESO, la ratio máxima sería la siguiente:

  • 30 alumnos de ratio legal.
  • Suponemos que aumentan un 10% justificadamente por necesidades varias… 33 alumnos.
  • Si tenemos 4 alumnos con NEE, al contar el doble, serían 8 plazas.
  • Por tanto, en esa aula puede haber como máximo 29 alumnos.

Son cuentas básicas que deberían hacer todos los padres. Al final las ratios, incluso que pueda parecer una cuestión laboral de los profesionales de la educación, es un incumplimiento que afecta más al alumnado que a nosotros. A mí tener 40 alumnos lo único que hace es obligarme a dar las clases de otra manera, intentar que la hora con ese grupo pase lo antes posible y reducir al máximo todo el sistema de evaluación personoalizada y sumativa. No se va a trabajar igual con 20 alumnos que con 40. Es que es de cajón. Ni se pueden hacer clases más molonas, ni personalizar el aprendizaje, ni usar estrategias más allá de la simple instrucción directa. Es que no se puede. No se puede porque nuestro horario laboral, al igual que el de todos los profesionales de cualquier ámbito, es de 37,5 horas semanales. No da para preparar materiales para tanta cantidad de alumnado. IMPOSIBLE. Además, cada hora extra que dedicamos, estamos quitando la posibilidad de que alguien trabaje. El altruismo o el esfuerzo mal entendido (sí, ya veis que voy contra el discurso de algunos y uso su mismo mantra), si perjudica nuestra función o a terceros, debería evitarse.

Es por ello que las familias en las aulas de cuyos hijos e hijas hubiera un exceso de ratios deberían plantarse. Las medidas más efectivas son la carta a inspección y, en caso de en un tiempo prudencial (un par de semanas) no ver que se ha reducido la ratio de las aulas de sus hijos, proceder a presentar la denuncia contra la administración educativa por incumplimiento legal. Además ese trámite es gratuito. Y se tienen todas las de ganar. La normativa es clara. Si se añade a esa denuncia legal, la denuncia ante los medios de comunicación, ya os garantizo que en nada se soluciona el problema.

Yo siempre he dicho que cada uno tiene su parte de responsabilidad en el funcionamiento del sistema educativo. Y las familias tienen/tenemos una responsabilidad en permitir ciertas cosas. Quejarnos en Facebook o Twitter quizás pueda desahogarnos un poco o conseguir esa palmadita tan bonita en la espalda, pero decir sin hacer tiene el problema de no resolver nada. La comunidad educativa está formada por alumnado, familias y docentes. Sin la colaboración de todas las patas, el taburete no se aguanta.

Mucho ánimo a las familias que van a luchar para que sus hijos e hijas tengan calidad educativa. Y, entre los aspectos que dan calidad educativa, uno es las ratios. Infumables ya en su formulado legal pero imposibles cuando, en muchos centros educativos, se obliga por parte de la administración a admitir más alumnado del que se puede asumir legalmente. Suerte. Y todo mi apoyo.