Gracias por comentar y por tu tiempo, a partir de ahora volveré a intentar contestarte a todo

Como estoy haciendo en algunos de los últimos artículos que estoy escribiendo, hoy no vengo a soltaros la chapa habitual sobre la última ocurrencia en el sistema educativo, la burocracia infame ni la enésima milonga pedagógica de algún tipo con ínfulas sin pajolera idea de educación. Hoy me vais a permitir un ratito de charla de tú a tú. De las de ponernos al día al otro lado de la pantalla, porque toca hacer un pequeño ajuste acerca de cómo he estado gestionando este espacio últimamente.

Durante un tiempo -a veces por falta de horas en el día, a veces por saturación pura y dura de ver cómo se nos va la vida entre pantallas- he ido dejando de responder a muchos de los comentarios que dejabais, tanto aquí en el blog como en las diferentes redes sociales. Me escudaba, muchas veces autojustificándome, en el clásico no me da la vida o en el ritmo diabólico con el que rueda todo en internet. Pero lo miras con un poco de perspectiva y te das cuenta de que es una contradicción absurda.

Si una persona decide sacar cinco minutos de su día para leerse una de mis publicaciones (aquí o en las redes sociales), reflexionar sobre ella y escribir un comentario (esté de acuerdo conmigo o me mande directamente a escaparrar), lo mínimo que puedo hacer por mi parte es sentarme y responderle. No tiene ningún sentido abrir un debate, soltar la bomba en la plaza pública y luego dar la espalda e irte a tomar un café como si la cosa no fuera contigo. La conversación es de ida y vuelta, o no es conversación. Entonces se trata solo de un monólogo, y de monólogos institucionales o de influencers ya vamos sobrados el resto del año.

Así que he decidido cortar por lo sano con esa dinámica. A partir de ahora vuelvo a responder a todo el mundo.

Obviamente, hay que poner una pequeña nota a pie de página dictada por el puro sentido común. Si de repente una publicación se va de madre, se vuelve viral y se juntan cientos de interacciones en unas pocas horas, comprenderéis que no puedo convertir esto en un trabajo de jornada completa de atención al cliente. Haré lo que buenamente pueda hasta donde me lleguen los dedos, pero la intención y el compromiso de estar ahí al pie del cañón, leyendo y contestando, vuelve a estar activo al cien por cien.

Aprovecho además este parón en el camino para hacer algo que a veces damos por sentado y que raras veces se dice con todas las letras… ¡gracias!

Gracias a todos los que lleváis ahí años, a los que os habéis ido sumando por el camino y a los que pasáis de vez en cuando a cotillear. Al final, entre publicación y publicación, hemos ido tejiendo una especie de familia virtual rara pero entrañable. Y como en todas las familias de bien, aquí se discute, se discrepa, nos tiramos los trastos a la cabeza con algunos temas y nos damos la razón en otros. Pero os aseguro que, incluso en la discrepancia más absoluta, estoy muy a gusto con la comunidad que hemos montado en este rincón.

Así que nada. Las puertas de los comentarios vuelven a estar abiertas de par en par y con el buzón atendido. Pasad, poned los pies sobre la mesa, decidme lo que os parezca y vamos a seguir charlando, que de eso ha ido siempre todo esto.

Nos leemos…

Me podéis encontrar en X (enlace) o en Facebook (enlace). También me podéis encontrar por Telegram (enlace) o por el canal de WhatsApp (enlace). ¿Por qué os cuento dónde me podéis encontrar? Para hacerme un influencer de esos que invitan a todos los restaurantes, claro está. O, a lo mejor, es simplemente, para que tengáis más a mano por dónde meteros conmigo y no tengáis que buscar mucho.

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