Cuando algunos debates educativos abandonan las redes sociales y llegan a los juzgados
Las redes sociales tienen algo maravilloso y algo terrible al mismo tiempo… lo amplifican todo. Amplifican las buenas ideas, las conversaciones interesantes, los debates que ayudan a pensar. Pero también amplifican las miserias. Y en educación, por desgracia, últimamente estamos viendo bastante de lo segundo.
No hace demasiado tiempo que el debate educativo en redes -especialmente en X- ha ido derivando hacia algo bastante poco educativo. Lo que antes podía ser una discusión más o menos acalorada sobre metodologías, evidencias, evaluación o políticas educativas ha ido mutando en otra cosa. Ha mutado en un señalamiento constante, la descontextualización, el insulto fácil y una obsesión enfermiza por la persona en lugar de por las ideas.
Y cuando eso se repite día tras día, semana tras semana y mes tras mes, acaba pasando lo que tenía que pasar. Se cruzan líneas rojas.
Durante mucho tiempo muchos hemos optado por algo bastante sencillo. Algo, tan sencillo y complicado a la vez, como ignorar. No responder. No entrar al trapo. Entender que las redes tienen esa parte de ruido permanente y que lo mejor que puede hacer uno es seguir trabajando, seguir escribiendo y seguir participando en educación desde los espacios que realmente importan. Especialmente cuando ese ruido siempre viene de los cuatro de siempre.
Pero hay un momento en el que la acumulación pesa.
Cuando los ataques dejan de ser críticas, legítimas o no, y pasan a convertirse en insultos directos, acusaciones públicas, campañas de señalamiento o insinuaciones bastante graves, la cosa cambia. Y cambia porque hay algo que a algunos parece que se les olvida con demasiada facilidad. Que detrás de las cuentas de redes sociales hay personas. Personas con trabajo, con familias, con reputación profesional y con una trayectoria que no tiene por qué convertirse en el juguete de nadie que decida convertir X en su patio de recreo.
Así que, por desgracia, algunos debates educativos que durante años se han producido en redes sociales están empezando a trasladarse a otro sitio. A los juzgados.
No es algo que me alegre especialmente. De hecho, me parece bastante triste que tengamos que llegar a ese punto. La educación debería ser un espacio de debate, de contraste de ideas, de discusión argumentada. Pero cuando lo que se ha instalado es una dinámica de insulto constante, de señalamiento público y de campañas bastante organizadas por algunos grupúsculos para intentar desacreditar a determinadas personas, el asunto deja de ser un debate educativo.
Se convierte en otra cosa. Y esa otra cosa tiene consecuencias.
Lo que sé es que algunos de los que han pasado meses, e incluso años, dedicando buena parte de su tiempo a ese tipo de prácticas en redes van a empezar a descubrir que el mundo real funciona de forma algo diferente al timeline de X. Que ciertas afirmaciones públicas tienen límites legales. Que los insultos reiterados (no uno, sino uno tras otro), las acusaciones sin pruebas o determinadas campañas de señalamiento pueden acabar teniendo recorrido judicial.
Personas que durante mucho tiempo han optado por mirar hacia otro lado han decidido que ya está bien. Que hay líneas que no se pueden cruzar sin más. Que la libertad de expresión no incluye el derecho a difamar, insultar o construir relatos completamente falsos sobre otras personas.
Pero hay algo más que, curiosamente, también está empezando a aparecer. Y es una pregunta que surge cuando se ve que algunos deciden convertir su actividad principal en redes en atacar a otros, señalar constantemente o dedicar horas y horas a esa actividad. La pregunta es muy sencilla… ¿de dónde sale todo ese tiempo?
Y, por lo visto, hay gente que ha decidido hacerse esa misma pregunta.
Algunos de los perfiles más activos en ese tipo de dinámicas no solo pueden encontrarse en poco tiempo con denuncias por determinados mensajes. También hay quien está analizando con bastante detalle su actividad profesional. Sus horarios. Sus funciones. Sus responsabilidades laborales. Porque, según parece, hay bastantes indicios de que algunas de esas personas llevan meses dedicando una cantidad de tiempo muy considerable a actividades en redes que poco o nada tienen que ver con las tareas profesionales que deberían estar realizando su horario de trabajo.
Y cuando eso ocurre, la cosa ya no es solo un problema de redes sociales. Es un problema laboral.
Desconozco hasta dónde llegará todo esto. Tampoco tengo especial interés en conocer los detalles. No es algo que me produzca satisfacción. Al contrario. Me parece una señal bastante triste del nivel al que ha llegado parte del debate educativo en redes. Pero también creo que era algo bastante previsible porque, cuando durante meses o años, se cruzan líneas rojas sin parar, cuando se normaliza el insulto, el señalamiento o la construcción de relatos falsos sobre otras personas, llega un momento en el que alguien decide que ya está bien.
Y entonces el debate abandona el timeline. El debate empieza a escribirse en otros sitios. Sitios bastante menos ruidosos que X, pero donde las palabras, curiosamente, sí tienen consecuencias.
Mi opinión es que no debería trasladarse el hooliganismo o matonismo de algunos en las redes sociales a los juzgados. Creo que, al final, hay suficiente con ignorarlos aunque un día sí y al otro también lesionen derechos, amedranten o manipulen interesadamente. El problema es que yo sé que haría y qué estoy haciendo, aunque respeto lo que hagan otros ya que, como he dicho antes, en la libertad individual está el poder pedir que algunos protejan unos derechos que se pisotean a diario. Derechos de docentes o personajes que tienen poco de públicos. Y que, ni aún siéndolo, deberían estar sometidos a ese tipo de acoso.
Me podéis encontrar en X (enlace) o en Facebook (enlace). También me podéis encontrar por Telegram (enlace) o por el canal de WhatsApp (enlace). ¿Por qué os cuento dónde me podéis encontrar? Para hacerme un influencer de esos que invitan a todos los restaurantes, claro está. O, a lo mejor, es simplemente, para que tengáis más a mano por dónde meteros conmigo y no tengáis que buscar mucho.
Descubre más desde XarxaTIC
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
