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Los ultras de la pureza pedagógica… que luego no llenan ni una mesa de bar

En el ecosistema educativo siempre hay fauna diversa. Gente que propone, gente que prueba, gente que mete la pata con estilo… y luego está ese grupito que se ha tomado tan en serio lo de vigilar la pureza pedagógica que ya parecen la policía secreta del pensamiento didáctico. Solo les falta el coche camuflado aparcado detrás del bar del polígono.

Estos paladines de la verdad educativa pasan el día en redes como si fueran inspectores de esmorzarets sospechosos.

¿Quién ha organizado una jornada sin pedirme permiso?
¿Quién ha osado hablar de educación sin señalar a Finlandia?
¿Esa persona piensa diferente? A hacer una captura de pantalla, que esto no puede quedar impune.

La estrategia es siempre la misma. Señalar, retuitear con comentario sarcástico y buscar palmeros que aplaudan la ocurrencia. Un clásico contemporáneo. La versión pedagógica del ¿pero quién te crees que eres?

Eso sí, cuando les toca organizar sus propias jornadas, ahí se nos cae la épica.

Fotografía de grupo.

Zoom in. Zoom out.

Y cabían todos en una mesa de esmorzaret, con hueco para la bandeja de bravas y sin necesidad de pedir otra silla al camarero.

Un evento histórico. De los que no hace falta ni pedir número para el baño.

Con lo fácil que sería reconocer que la pluralidad existe, que hay vida más allá de sus cuatro certezas y que el mundo no gira alrededor de su hilo de X. Pero no. Ellos necesitan convertir cualquier discrepancia en una batalla ideológica a vida o muerte. Como si detrás de cada propuesta metodológica o evidencia hubiese un complot para destruir Occidente empezando por el patio del recreo.

Lo curioso es que quienes más hablan de libertad educativa son los mismos que se escandalizan cuando alguien la ejerce sin pasar por su aduana. Y quienes más presumen de valentía intelectual… se vienen abajo con una simple fotografía que demuestra que la revolución cabe en una mesa de bar sin despeinarse.

Mientras tanto, la gente que sí hace cosas útiles para la educación estaba trabajando, preparando clases, corrigiendo exámenes o, sencillamente, viviendo. Que también es muy educativo, por cierto.

La escuela la cambian quienes se arremangan. Quienes piensan distinto sin necesidad de llamar hereje al de al lado. Quienes se juntan para compartir, no para cazar culpables.

Porque la educación no es una caza de brujas. No es un tribunal inquisitorial didáctico. Y desde luego, no es una guerra en la que haya que elegir bando por obligación.

La educación no se decide en un hashtag ni en una terraza con cuatro sillas ocupadas y muchas ganas de verse importantes.

Por suerte para todas y todos, la educación tiene más mesas que la suya. Y más gente sentada en ellas.

Finalmente deciros que, entre lo que pasó ayer y lo que pasó hace unas semanas, o incluso en el mismo momento en otro lugar (otras jornadas educativas montadas por otra asociación o colectivo) hay una diferencia fundamental: el señalamiento. El sábado nadie se cachondeo de ellos por ser cuatro, de los que dos no se veían, ni cuestionó lo que se dijo ¿Sabéis por qué? Pues porque hay gente que respeta la diversidad y otros cuya única existencia se basa en no respetarla. Y, lo que es más importante, a diferencia de ellos, hay personas que sí creen en la libertad y en la pluralidad ideológica.

Inciso

Quiero explicaros por qué este artículo no lo publiqué en el día de ayer. No lo publiqué en el día de ayer porque, por necesidad de querer seguir ignorando y respetando a este pequeño grupúsculo, pero que chilla mucho en X, creía que era mejor tener este post como no publicado. Y ahora me preguntaréis por qué lo he escrito hoy. Pues porque ayer, varios miembros selectos de los organizadores de las jornadas, de nuevo, me volvieron a acosar en las redes sociales. Por ello, a continuación de ese nuevo acoso, publiqué el siguiente hilo en X.


Un hilo en el que, los comentarios de estos cuatro miembros más activos de ese colectivo (¡deben pasarse la vida ahí revisando qué hago!) volvieron, de nuevo, a ponerme en la picota. Algo que, como he dicho siempre, dista mucho de querer dialogar o sumar en la mejora educativa. Es que, como ya sabéis los que los habéis sufrido, nunca les ha interesado la mejora educativa. Solo su batalla ideológica que, por cierto, no sirve de nada a la educación.

Espero que os vaya muy bien el día. El mío, ya os digo que por temas personales, no va a serlo. No lo es desde ayer por la mañana. Y por eso quiero aprovechar para mandar un abrazo muy fuerte a alguien que quiero mucho y es una de las mejores personas que conozco. Lo bueno y lo malo sucede fuera de las redes sociales. No lo olvidemos nunca.

Son las cinco y media. Otra noche durmiendo mal. Ya van…

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Me podéis encontrar en X (enlace) o en Facebook (enlace). También me podéis encontrar por Telegram (enlace) o por el canal de WhatsApp (enlace). ¿Por qué os cuento dónde me podéis encontrar? Para hacerme un influencer de esos que invitan a todos los restaurantes, claro está. O, a lo mejor, es simplemente, para que tengáis más a mano por dónde meteros conmigo y no tengáis que buscar mucho.

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