Disciplina y silencio en el aula: dos palabras prohibidas que la ciencia defiende
Estos días he tenido tiempo de ver la intervención en un medio (enlace) de la presidenta de una asociación docente en la que, de forma clara y sin ningún atisbo de confusión, ha dicho que «le daba un miedo brutal la disciplina en el aula» y que el silencio era contraproducente para el aprendizaje. Y, como acostumbra a se habitual en mí, me he puesto a rebuscar acerca de qué dice la ciencia de sus palabras porque, al menos en mi experiencia de aula (de más de veinticinco años de docencia directa con alumnado), siempre he visto que una mejor disciplina del alumnado y un silencio en los momentos de los aprendizajes más teóricos, funcionaban mucho mejor que la ausencia de esos dos factores.
Antes de empezar con el artículo propiamente dicho, un pequeño inciso… que en mi experiencia funcione mejor lo anterior, no lo hace más o menos veraz. Es por ello que me gusta contrastar estas experiencias personales con lo que nos dicen las evidencias e investigaciones sobre el tema.
Vivimos tiempos curiosos. Decir “disciplina” en educación suena a dictadura pedagógica. Mencionar “silencio” es casi invocar a Franco. Hay colectivos, gurús y asociaciones enteras que repiten mantras como:
“El alumnado necesita expresarse libremente”,
“El ruido es creatividad”,
“El silencio mata la espontaneidad”.
Perfecto. Pero ¿qué pasa si os digo que la ciencia dice justo lo contrario? Que disciplina y silencio —bien entendidos— no solo no dañan, sino que mejoran la atención, el aprendizaje y el bienestar del alumnado. Vamos con datos. No con dogmas. Ni, como he dicho antes, con experiencias personales muy sesgadas.
En primer lugar hay que intentar explicar que disciplina no es autoritarismo. La disciplina no significa gritar, castigar o humillar, sino establecer normas claras, consistentes y respetuosas que dan seguridad y orden.
La American Academy of Pediatrics es tajante:
“Los niños necesitan límites consistentes para desarrollar autocontrol y responsabilidad personal.”
Además, la Michigan State University explica que la disciplina positiva mejora la autorregulación, la motivación y el rendimiento académico:
“La disciplina efectiva se centra en enseñar, no en castigar.”
Un aula sin disciplina es un aula donde nadie aprende… salvo a gritar más fuerte que el de al lado. Y eso es incuestionable.
Lo sé. Seguramente no será suficiente la bibliografía incorporada pero, permitidme que le dé muchísimo más valor que a la opinión de la presidenta de la asociación o incluso a mi experiencia personal.
Otra palabra demonizada: silencio.
Algunos dicen que “el silencio reprime la voz del alumnado”. Error.
El problema no es el silencio, sino cómo se utiliza.
Un estudio de la Universidad de Stirling lo deja claro:
“Los momentos de silencio mejoran la concentración, reducen el estrés y elevan el rendimiento académico.”
Además, F. Su (2023) desmonta otro mito en Dare to Be Silent:
“El silencio no es ausencia de aprendizaje, sino espacio para procesar, interiorizar y construir pensamiento profundo.”
El silencio bien gestionado no apaga voces. Las prepara para hablar con sentido.
Cuando combinamos disciplina con momentos de silencio, los resultados cambian…
- Menos interrupciones.
- Más tiempo útil.
- Mejor clima en el aula.
- Más foco, menos fatiga.
Introducir pausas de silencio estructurado en la clase (Edutopia, 2021) :
- Mejora la memoria.
- Aumenta la comprensión lectora.
- Reduce los niveles de estrés.
No lo digo yo. Lo dicen los datos. Mientras algunos demonizan las “aulas disciplinadas” y el “silencio reflexivo”, las investigaciones muestran que ambos son aliados del aprendizaje, no enemigos.
El problema es el otro extremo. Ese que tenemos cada vez más en nuestras aulas y que es el que defienden algunos, normalmente desde púlpitos que no están muy cerca del aula…
- Normas difusas.
- Aulas ruidosas.
- Distracciones constantes.
- Foco pulverizado.
Un estudio de Nathaniel Swain (2024) muestra que niveles altos de ruido en el aula reducen la comprensión lectora y el rendimiento cognitivo, especialmente en alumnado de Primaria. Lo sé. Hay algunos que consideran que la función del aula es simplemente asistencial.
Pero, claro, siempre podemos seguir celebrando la “espontaneidad” mientras caen las notas y aumentan los diagnósticos de TDAH. Total, la culpa será del currículo o de los docentes.
Disciplina y silencio no son sinónimos de opresión, sino condiciones óptimas para aprender.
No hablamos de aulas militares ni de alumnado robotizado. Hablamos de marcos claros y espacios para pensar.
Rechazarlos por prejuicio ideológico es como decir que el ruido mejora la memoria o que la anarquía multiplica el aprendizaje. No, no lo hace.
Y si alguien aún lo duda, que deje de decir mantras en las redes sociales y empiece a leer bibliografía.
Bibliografía
- Effective discipline for children. (2004). Paediatrics & child health, 9(1), 37–50. https://doi.org/10.1093/pch/9.1.37
- Michigan State University (2022). Positive Discipline vs. Punishment. https://www.canr.msu.edu/news/positive_discipline_punishment_vs_discipline
- Lees, H. (2012). Silence is Golden in the Classroom. Universidad de Stirling. https://www.stir.ac.uk/news/2012/09/silence-is-golden-in-the-classroom-says-stirling-researcher/
- Su, F. (2023). Dare to be Silent. Sage Journals. https://journals.sagepub.com/doi/10.1177/00345237231152604
- Edutopia (2021). The Value of Silence in Schools. https://www.edutopia.org/article/value-silence-schools
- Swain, N. (2024). Quiet and Silence in Learning. https://www.nathanielswain.com/cognitoriumblog/2024/6/quiet-and-silence
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