Lo que no se publica también es vida

Vivimos como si cada cosa que nos pasa necesitara una captura, un tuit o una imagen para validarse. Como si el silencio fuera sospechoso. Como si lo que no se comparte no existiera.

Y no. No todo tiene que estar ahí fuera.

Hay días buenos que no he subido nada a ningún sitio. Risas que no tienen foto. Abrazos que no os he mencionado. Gente que me ha hecho bien sin necesidad de exponerlo.

Y también ha habido días malos que nadie ha sabido. De esos que no se explican porque no hacen falta likes, sino aire.

Cada vez entiendo más a quienes se alejan de mostrarlo todo. No por drama, no por misterio. Solo porque están ocupados viviendo sin contarlo. Gente que no publica sus cicatrices, pero las lleva bien cuidadas. Gente que no sube frases motivadoras porque no tiene que demostrarse nada. Gente que no opina de todo porque está demasiado cansada de tanto ruido.

Es curioso. Cuanto más roto está uno, más se nota quién vive para sí y quién vive para el escaparate.

No todo es contenido. No todo debe generar interacción. No todo se mide en números, ni en alcance, ni en impacto. A veces lo más importante ocurre lejos de las pantallas. En un paseo sin móvil. En una conversación de tú a tú. En una ausencia voluntaria. En cerrar la puerta y no dar explicaciones.

Y no, no es desconexión. Es protección.

A veces escribo y no lo publico porque lo dejo en borrador. A veces pienso cosas que no convierto en hilos. A veces tengo rabia y no la convierto en denuncia. Otras veces tengo ternura y tampoco la exhibo.

Porque no todo tiene que ser dicho. Porque no siempre hay que estar. Porque no hace falta compartir para que duela, ni para que cure.

El silencio no siempre es vacío. A veces es refugio.

Así que para aquellos que me preguntáis por qué he reducido mis publicaciones, que no opino o, simplemente que me mantengo al margen de las redes sociales o de este blog… no es que no haya nada que contar. Es que simplemente he recordado que lo más valioso no siempre necesita testigos. O sí, pero sin que esos testigos deban exponerse innecesariamente.

Tengo claro que a algunos les va bien contar las cosas por las redes, porque si no las cuentan a lo mejor no tienen a nadie a su lado para contárselas. Pero eso no obliga a que nadie decida contar o no contar sus experiencias, sus viajes o, simplemente, expresar su opinión de todo lo que va sucediendo como si, realmente, esa opinión fuera imprescindible darla siempre.

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