Criticar X, criticar a Musk… y no irse nunca
Hay algo especialmente llamativo en el anuncio de Elon Musk de liberar el código de X. No tanto por la decisión en sí, que ya es relevante, sino por quién levanta más la voz para criticarla. Y aquí parte del sector educativo tiene bastante que decir… o, mejor dicho, bastante que revisar.
We will make the new algorithm, including all code used to determine what organic and advertising posts are recommended to users, open source in 7 days.
This will be repeated every 4 weeks, with comprehensive developer notes, to help you understand what changed.
— Elon Musk (@elonmusk) January 10, 2026
Porque resulta curioso -por no decir paradójico- que uno de los colectivos que más critica a X y a su propietario sea también uno de los que más tiempo pasa dentro de la plataforma. Docentes, divulgadores educativos, «referentes pedagógicos», expertos en ética digital… muchos muy indignados, todos muy enfadados, y todos, casualmente, publicando a diario.
El discurso es conocido… X es tóxica, X no es un espacio seguro, X ha empeorado desde que la compró Musk. Eso sin contar con los que dicen que Musk es un peligro para la democracia, la educación y para una segunda extinción de los dinosaurios.
Y, aun así, ahí siguen. Opinando. Compartiendo. Debatiendo. Creciendo seguidores. Monetizando visibilidad. Criticando desde dentro, sin plantearse demasiado la coherencia del asunto.
Porque si algo fuera tan éticamente insoportable como se repite a menudo, lo lógico sería marcharse. O al menos reducir presencia. Pero no. Se critica mucho, se abandona poco y se tuitea (perdón, se publica) sin descanso.
Mientras tanto, ocurre algo incómodo. El propietario de esa gran plataforma tecnológica decide abrir su código. No hacer un comunicado bonito, no crear un comité de expertos, no redactar un manifiesto lleno de palabras amables. Abrir el código. Exponer cómo funciona el sistema para que otros lo vean, lo analicen y lo critiquen con datos.
Y la reacción no es «interesante, vamos a analizarlo». Es sospecha automática. Desconfianza preventiva. Crítica por defecto.
Lo llamativo es que (casi) ninguna de las otras grandes plataformas que usan a diario muchos docentes ha hecho nada parecido. Ni algoritmos abiertos, ni sistemas de moderación transparentes, ni auditorías reales. Pero ahí el silencio es bastante más cómodo.
En educación se habla mucho de ética digital. Muchísimo. Artículos, cursos, charlas, proyectos. Pero luego, en la práctica, la ética parece reducirse a criticar al villano oficial mientras se aprovecha el escaparate.
X es malo… pero es donde tengo visibilidad. Musk es terrible… pero aquí está mi comunidad. La plataforma es tóxica… pero no tanto como para irme.
Y cuando el «malo» hace algo que encajaría perfectamente en los discursos que tanto se reclaman -transparencia, apertura, posibilidad de auditoría-, entonces resulta que no, que así tampoco.
Tal vez la incomodidad no venga de Musk ni de la liberación del código. Tal vez venga de algo más simple. X sigue siendo un espacio central para el debate educativo, por mucho que se critique. Y eso genera una dependencia que no siempre se reconoce.
Irse implica perder altavoz. Irse implica empezar de cero. Irse implica coherencia. Y la coherencia, como la ética cuando deja de ser teórica, suele salir cara.
Más allá de filias y fobias personales, hay una pregunta que sobrevuela todo esto y que rara vez se formula en voz alta. Si X es tan incompatible con los valores educativos que se defienden… ¿por qué no se abandona?
Y si abrir el código es tan sospechoso… ¿por qué no exigimos lo mismo a las plataformas «buenas» en las que seguimos cómodamente instalados?
Quizá el debate no va de Musk, ni siquiera de X. Quizá va de hasta qué punto estamos dispuestos a ser coherentes cuando la coherencia implica renunciar a visibilidad, influencia o comodidad.
Y esa, curiosamente, es una lección ética que no suele aparecer en ningún hilo viral.
Así que, permitidme un corolario al artículo de hoy. Un corolario en el que agradezco el gesto de Elon Musk y en el que, sin obviar lo necesario que es cuestionar el cómo se nos suministran las noticias (no solo) educativas, creo que Musk, a nivel técnico y de incremento de usuarios activos en X (o de la influencia que ha llegado a tener desde que la compró), no lo está haciendo tan mal como dicen algunos. Eso sí, debo reconocer que yo soy de los que analizo los hechos y los datos. No que alguien me caiga mejor o peor.
Me podéis encontrar en X (enlace) o en Facebook (enlace). También me podéis encontrar por Telegram (enlace) o por el canal de WhatsApp (enlace). ¿Por qué os cuento dónde me podéis encontrar? Para hacerme un influencer de esos que invitan a todos los restaurantes, claro está. O, a lo mejor, es simplemente, para que tengáis más a mano por dónde meteros conmigo y no tengáis que buscar mucho.
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