Un alien en la Facultad de Pedagogía XXIV: objetos perdidos en un centro educativo
-¿Qué es eso? —preguntó TORREZNO 3PO, señalando una caja de cartón con forma irregular, cubierta por una sábana que un día fue blanca.
-Eso -respondió el conserje, sin mirar, es el armario de objetos perdidos.
-¿Por qué está en el pasillo?
-Porque nadie quiso meterlo en ningún otro sitio.
-¿Funciona?
-Define “funcionar”.
La caja (armario era una metáfora generosa) estaba al lado del aula de plástica, justo debajo del corcho donde colgaban avisos de hace dos meses y un cartel que decía: “SE RECOGEN OBJETOS PERDIDOS. O SE TIRAN. O SE OLVIDAN PARA SIEMPRE.”
TORREZNO, con cautela arqueológica, retiró la sábana.
Dentro encontró:
- 7 sudaderas sin nombre (5 grises, una de Stranger Things, una con restos de pegamento).
- 3 botellas reutilizables que ya tenían fauna propia.
- 2 mochilas infantiles sin cremallera.
- 11 estuches (4 de unicornios, 1 con fórmula química incompleta, 1 que parecía haber sido lanzado desde un dron).
- Un zapato izquierdo. Talla 35. Solo.
- Una carpeta con dibujos de dinosaurios y una redacción que empezaba con “Hoy he aprendido que no siempre se gana.”
-¿Y esto lleva aquí mucho tiempo? -preguntó TORREZNO.
-Hay cosas que ya estaban cuando yo llegué -dijo el conserje. Y llevo aquí desde 2004.
Durante los días siguientes, TORREZNO observó.
Nadie se acercaba al rincón.
Nadie preguntaba.
Nadie recordaba haber perdido nada.
Un alumno pasó, miró de reojo y murmuró:
-Ahí está mi sudadera… pero ya no es mía.
-¿Por qué?
-Porque si vuelve, vuelve con olor a olvido.
Una tutora trató de devolver un estuche a su dueña.
-¿Es tuyo?
-No sé.
-Tiene tu nombre.
-Puede ser.
-¿Te lo quedas?
-No. Ya tengo otro.
TORREZNO lo entendió al fin.
Los objetos perdidos no son cosas extraviadas. Son cosas que han dejado de pertenecer. Y que, por alguna razón, tampoco queremos recuperar.
Un día, alguien dejó un peluche en la caja.
Pequeño. Sin ojos.
Alguien lo abrazó durante años.
Ahora dormía entre un paraguas roto y una flauta sin funda.
Ya en su nave, TORREZNO 3PO escribió: “El rincón de objetos perdidos es el archivo emocional del sistema educativo. Contiene todo lo que se cae cuando nadie mira: cosas que fueron útiles, queridas, necesarias… pero que dejaron de serlo sin drama. Allí habita una pedagogía callada: la del desprendimiento. Y del olvido funcional.”
Y cerró el capítulo con una frase que encontró escrita, con lápiz, en una libreta azul de tapas blandas, metida al fondo del montón: “Si algo se queda aquí mucho tiempo… tal vez ya no haga falta que vuelva.”
Podéis encontrar todos los capítulos de TORREZNO 3PO en la siguiente página. Espero que lo estéis disfrutando. Gracias por acompañarme en sus aventuras.
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