Terrorismo educativo

Terrorismo no solo implica actos violentos. Terrorismo es subir la luz un 40%, que haya gente tirada en la calle, que se permitiera en su tiempo el intercambio de sobres, las contabilidades en B de determinados partidos políticos e, incluso, el racismo, la homofobia o determinados actos que hacen daño a terceros. Ya sé que hago muy elástica la definición, pero lo necesitaba para establecer un contexto acerca de qué considerar terrorismo educativo.

¿Ejemplos de terrorismo educativo? Pues tenemos muchos. Tenemos desde el típico terrorismo mediático, que hace que muchas noticias relacionadas con la educación aparezcan en el apartado de economía, con entrevistas a la OCDE o a trabajadores del Banco Mundial. Sí, la OCDE y el Banco Mundial son organizaciones terroristas ya que dan recetas que poco tienen que ver con la mejora educativa. Considerar la educación como algo, tanto en forma como en fondo, puramente pecuniario también es hacer terrorismo. Lo mismo que determinadas Fundaciones que imponen a sangre y fuego sus ideas “educativas” en determinados centros educativos.

La subida de los ratios, los ámbitos, los cursos de formación acerca de neurocosas, estilos de aprendizaje o cualquier otra “innovación” educativa, al margen de lo que dice la ciencia y las evidencias, también es terrorismo. Terrorismo es ejercer la dirección en un centro educativo como si fuera el cortijo de uno. Terrorismo, al fin y al cabo, es no ser profesional en tu trabajo. Hay muchos aspectos de ese terrorismo educativo. Y, da la sensación que, al no ser un terrorismo violento, que parece que se va introduciendo de forma subrepticiamente, que sea otra cosa. Pero es terrorismo. Perjudica a toda la comunidad educativa y a la sociedad en su conjunto.

Las leyes educativas no consensuadas son terrorismo. Los homenajes y la palmadita a la espalda de alumnado, docentes y familias, cuando por otro lado se empeoran, tanto las condiciones de aprendizaje de los primeros como las laborales de los segundos, es terrorismo. Cuando habla un político que gestiona la educación e impone ciertas cosas porque algún amigo se lo dice en una charla de bar o lo sueña, es terrorismo.

Segregar en los centros por raza, sexo o nivel socioeconómico de las familias es terrorismo. Dar dinero público a determinadas asociaciones que distan mucho de lo que debería ser una asociación educativa, también es terrorismo. Eliminar orientadores de los centros educativos es terrorismo. Inventarse un currículo sin enjundia o desprestigiar una etapa educativa es terrorismo. Repetir curso sin tomar medidas o incorporar nuevos recursos para el alumnado repetidor es terrorismo.

Vamos a ser sinceros y empecemos a llamar las cosas por su nombre. Hay parte de lo que se está haciendo y vendiendo en educación que es terrorismo educativo. Quizás no hay explosiones, no hay muertos o no se encuentra legislado para que se tome medidas judiciales para meter a algunos en la cárcel pero, al final, no hay peor terrorismo o maltrato que aquel que no se ve, no se cuestiona o, simplemente, se esconde tras unos muros de hormigón.

Hay mucho terrorismo educativo. Hay organizaciones terroristas y miembros de esas bandas que están perjudicando a la educación (y de rebote, a la sociedad en su conjunto). Hay, en definitiva, entramados que distan mucho de ser educativos. Eso sí, en este caso lo más surrealista del tema es que, estos terroristas educativos son aplaudidos por parte de los que están recibiendo sus “bombas”. Y eso es algo que no entiendo.

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