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Lamento decirles a los que intentan imponer, a sangre y fuego, su metodología en los centros que dirigen o en los que son la secta mayoritaria -o minoritaria con más poder-, que no pueden hacerlo. Que por mucho que digan que el centro va a ser un centro “flipped”, “abpante”, sometido a metodologías de daño irreparable como “ABN” o, basadas en terroristas educativos como Goleman, Doman o Petete (bueno, este último tiene muy poco de terrorista salvo que queramos llevar alguno de los experimentos inverosímiles al aula), no pueden obligar a ningún docente a aplicar una determinada metodología en su aula. Sí, esta es una de las grandes ventajas de la educación pública: la libertad de cátedra. Una libertad que, usada en su justa medida, impide que determinados energúmenos con ideas antipedagógicas puedan convertir, salvo que tengan un Claustro de inanes, un centro educativo en su centro de experimentación particular.

Fuente: ShutterStock

Si ya es complicado obtener licencia para experimentar con animales, por qué algunos se empeñan en experimentar con sus alumnos determinadas cosas que, si uno lee un poco, se demuestran, con suerte, inútiles para la mejora del aprendizaje de los mismos. Coño, a ver si leemos un poco más y llamamos a las cosas por su nombre. Sí, flipped classroom son deberes como sabe todo hijo de vecino, salvo los que publican libros sobre el tema, los compran y van a dar formación sobre el despropósito. Usar vídeos mola. Centrar el aprendizaje en unos vídeos de mierda que muchos docentes hacen en cinco minutos, ya es harina de otro costal. Por cierto, hay vídeos magníficos en la red de gente que dedica mucho tiempo a hacerlos para complementar sus clases. No, no hablo de ese que tiene cada seis vídeos de historia treinta errores de concepto porque, lamentablemente aunque sea uno de los que más sale en los medios, necesita un buen repaso de conocimientos. Es que ver como sitúa la línea Maginot en el Ebro ya debería hacer pensar a más de uno acerca de la capacidad de ese personaje. Un personaje que, por cierto, da clase, según dice en su web, en la ESO y Bachillerato. Pobres alumnos.

Si el centro decide por mayoría del Claustro que, a partir de ahora se va a usar el método ABN (por poner un ejemplo de los que tienen más fans sectarios tras el mismo), uno si tiene un poco de sentido común, acabará usando otra metodología. O quizás, como haría alguien con gran habilidad en la materia, usaría varios métodos y enseñaría a trabajar con ellos. Es complicado pero se puede. Y a más metodologías para resolver operaciones, mejor para los alumnos. Eso sí, centrarse en el método tal o cual porque te lo marque una decisión de Claustro no es de recibo. Por mucho que haya algunos en tu centro que sean unos indigentes intelectuales, muy problemático si son los que mandan, hay la gran suerte de que la Constitución te ampara. Especialmente todas aquellas sentencias que se pueden encontrar haciendo una búsqueda rápida en LexNet o directamente por Google (en caso de no tener amiguetes abogados en ejercicio) acerca de la libertad de praxis y de uso de la metodología/material que el docente crea más adecuada para su función educativa. Lo mismo aplica a los libros de texto. Por mucho que el centro -o el Departamento- se empeñe en usarlos, uno puede decir que se pasa esa decisión por el forro de las partes y puede usar lo que crea que es más adecuado para dar clase y el currículum. Sí, por desgracia el currículum es preceptivo pero, por suerte, en ningún momento indica cómo debe darse el mismo.

O sea que si tienes la desgracia de caer en un centro educativo donde obligan a hacer tal o cual experimento con los chavales, trabajar por proyectos paupérrimos (hay de buenos pero, por desgracia, obligan a mucho trabajo y lo que hacen la mayoría de centros en proyectos interdisciplinares es otra cosa), usar metodologías que sabes que no funcionan o, simplemente, decir que tus alumnos deben crearse una cuenta en Google y compartir información con ellos por una herramienta de una multinacional, tú puedes decirles con todo el desparpajo… “que venga el inspector a obligarme”. Si tienes un inspector cenutrio -que también los hay- y viene a obligarte a ello, con todo el cariño del mundo y de forma totalmente educada, le puedes decir que, hay leyes de rango superior a normativas de centro. Y que, por favor, se estudie un poco el orden de prelación legislativo, amén de las interlocutorias del Tribunal Constitucional que, en sus fallos (sentencias firmes), ha avalado un concepto como es el de la libertad de cátedra.

Resistid ante los empujes de algunos de querer hacer experimentos en vuestros centros. Hay normativa legislativa que os ampara.

Me gustaría remarcar un detalle: yo sí que creo que el Claustro debería tirar en un solo sentido para mejorar el aprendizaje de los alumnos de su centro pero, siempre de forma consensuada y teniendo en cuenta lo que dice la lógica, el sentido común, la pedagogía y las investigaciones científicas. Un detalle que también es importante y que tiene que ver mucho con el nivel profesional de uno es, cuando viera que un proyecto no funciona y ve que no es lo mejor para los chavales, ser capaz de decir que “hasta aquí hemos llegado”. No por aguantar un proyecto que, ya sabemos que no funciona, hasta final del curso, va a mejorar su funcionamiento, dinámica y resultados.

No estoy hablando de quejarse por todo, ni de boicotear todas las iniciativas que se lleven a cabo en los centros educativos. Creo que me entendéis por dónde voy.

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Éste es un artículo destinado a publicitar mis libros (los publicados y el que se va a publicar en 2020). Eso sí, como siempre sucede, voy a aprovechar esa publicidad para reflexionar acerca de los libros que se están escribiendo actualmente relacionados con la educación. Me encanta abrir el abanico y no centrarme en algo tan básico como puede ser el tema de la publicidad. Además, como todos los que me conocéis, más allá de las redes y del blog, sabéis que lo de vender y venderme se me da bastante mal. Bueno, también lo podéis intuir los que me conocéis solo en mi faceta de pitufo gruñón 2.0.

Fuente: Elaboración propia

Hoy hasta el cura del pueblo más remoto de la meseta escribe libros sobre inteligencia emocional en el aula. Ya no digamos aquellos que, jamás han dado clase y que cuentan las aventuras de sus visitas a determinados centros educativos, los docentes que escriben libros para conseguir puntos para el concurso de traslados o, simplemente, aquellos libros plagados de estrategias para emocionar a los alumnos. A todos ellos se añade un volumen ingente de material para aplicar tal y cual método milagroso, los típicos anecdotarios del docente jubilado o que, aún en activo, pone en negro sobre blanco sus experiencias personales. Ya no entro en los libros de humor educativo. Algunos plagados de bonitas viñetas y que hacen pasar, por cierto, muy buen rato.

Se escriben libros sobre educación por encima de nuestras posibilidades. Además, los tenemos de todo tipo para poder satisfacer las necesidades ideológicas y creencias de todos: críticos con la escuela tradicional, críticos con la escuela innovadora, con las soluciones que ofrece la multinacional de turno, de buena y mala educación, acerca de las nuevas tecnologías, cómo ser un buen padre, cómo lidiar con nativos digitales,… y así hasta el infinito y más allá.

Lo anterior quizás fue el detonante de la publicación de mi primer libro, Educative Innovéision, ya que vi que la calidad de lo que se publicaba, en líneas generales, era entre baja y muy baja. Además, siempre es bueno añadir basura literaria, que quizás alguna vez alcance el Nobel (¡vaya timo que son algunos libros que han escrito ganadores de ese premio y de todos los que, supuestamente tienen renombre!). Escribir me relaja y lo de escribir mi primer libro fue un auténtico reto. Un libro que lleva más de 15000 descargas a día de hoy y que, como he dicho siempre, no fue más que un calentón puntual debido a una conversación de Twitter mediante la cual me retaron a hacerlo. La verdad es que, como he dicho siempre, se trataba solo de una recopilación de artículos del blog “en bonito”, con capítulos de nombre rimbombante y muy “innovadores”, mediante los cuales me saqué la espinita de escribir algo más allá de colaboraciones que llevaba haciendo en varios libros y revistas. Sí, escribo por encima de mis posibilidades aquí y en otros lugares en los que me invitan a hacerlo. Un detalle… aún no me ha dado para el segundo Ferrari las pingües donaciones que están realizando todos sus lectores (un par de años después aún hay gente que se lo descarga). Sinceramente, un libro que ahora retocaría completamente porque va a ser que, releyendo en alguna ocasión alguno de sus capítulos, me entra una sensación de haber escrito un auténtico truño. Ya, sé que a algunos les ha gustado pero también hay gente que lee a Belén Esteban y dice que su libro es una obra de arte.

Como me quedó mal cuerpo escribiendo el primero y veía como le escribían libros a mi gurú de cabecera, no pude menos que perpetrar un segundo libro acerca del circo educativo (Eduentertainment). Un libro publicado en período navideño que, al menos para mí, tiene algo más de calidad que el primero. Además, al igual que con el primero, me lo pasé muy bien escribiendo. Me lo pasé bien porque no he tenido jamás la presión de ninguna editorial, ni la necesidad de vender esos libros para conseguir vivir. Por suerte mi trabajo me da para vivir y lo de escribir es un hobby. Eso sí, a uno siempre le hace ilusión ver cómo el libro se descarga y se lee. Además, siempre hay quien suelta algún eurillo suelto que te sirve para pagar alguna cena. Bueno, he de confesaros que, tanto las donaciones para el primer libro como el segundo, han llegado justas para cubrir los gastos de impresión para “amiguetes”. Y eso que este segundo se lo han descargado cerca de 10000 personas (según datos de la página donde está). Joder, si hubiera vendido el primero y el segundo, con esos números, no tendría necesidad de pagar el coche a plazos. Bueno, la pequeña furgonetilla que, por cierto, me salió bastante bien de precio.

Lo sé. Ni los 15000 del primer libro, ni los 10000 del segundo -seguro que muchos son la misma persona- no se habrán leído el libro. Lo de poder descargárselo a coste cero hace que muchos vayan acumulando basura digital. Es como aquel que tenía eMule y se ponía a descargarlo todo para que acabara en un CD o DVD que jamás usaría. Si uno se descarga un paquete pirata de 50000 libros de esos que hay por internet, es imposible que se los lea. Es lo que se llama síndrome de Diógenes digital. El tiempo de lectura, lamentablemente, es limitado.

Para este nuevo libro -que no es libro al uso- he dejado oculto y en standby la publicación de mi primer libro de “novela negra” porque, sinceramente, una vez leído el borrador me ha parecido una auténtica mierda, infumable, mal redactado y, totalmente ininteligible. Por eso no tengo que matraquear a nadie con esa basura. Hay gente que publica en abierto basura pero a mí me da apuro hacerlo. Me quiero demasiado. Y soy muy crítico conmigo mismo aunque, como todos sabéis, mucho de lo que escribo roza la peor literatura posible. Ya no digamos la coherencia.

Pero iba a haceros publicidad de mi nuevo libro acerca de “60 propuestas educativas“. Tenía muy claro que iba a llamarse EduNude pero, por motivos de la vida y las confluencias cósmicas, no lo tengo tan claro a mediados de octubre. Lo único que sí que tengo claro es que debe estar finiquitado en 2020. Un libro con capítulos muy cortos donde, en cada uno de ellos, va a aparecer una propuesta, en clave personal, acerca de qué hacer con ciertas cosas (ratios, agrupamientos, horario lectivo, altas capacidades, FP, TIC, oposiciones, libros de texto, etc.). Un libro que tiene poco de libro y mucho de pequeñas entradillas en las que expongo mis ideas y propuestas sobre educación. Lo he hecho un montón de veces en el blog -aunque algunos me acusen de escribir solo de forma crítica y no proponer nada-, pero me apetecía hacerlo de forma un poco más estructurada. He dicho estructurada y no coherente.

Este último libro, a diferencia de los dos anteriores, no puede descargarse bajo donación voluntaria (ya sé por experiencia que, en este país, el modelo de crowdfunding para libros aún funciona medio bien pero, lo que es las donaciones, no funcionan ni en los cepillos de la parroquia). Se debe, en una página -que, para aquellos que me lo estáis preguntando, es tan segura para hacer la donación como comprar en alguna de esas tiendas online que no mencionaré- aportar una cantidad determinada para poder acceder a los capítulos y posterior acceso al libro completo, una vez maquetado y revisado, en todos los formatos digitales posibles (pdf, epub, kindle, mobi,…). El acceso se realiza por una contraseña, que se manda por correo electrónico a las 24-48 horas de hacer la donación, por la que podéis desbloquear su lectura. A propósito, ya he justificado por activa y por pasiva a qué van a ir destinadas esas donaciones: a imprimir libros para enviarlos a los que gestionan la educación y a los responsables educativos de los principales partidos políticos. El coste que supone lo anterior lo he marcado en una barra, que se encuentra a la derecha de la página de donación, con el porcentaje que falta para llegar a ese objetivo.

Reconozco que me vendo muy mal. Podría haber aceptado, tanto en mi segundo libro como en éste, la propuesta de algunas editoriales que se han puesto en contacto conmigo para gestionar la edición, difusión y gastos que se derivaran de la publicación de los libros. Soy, como bien sabe la gente que me conoce, un poco cabezón con ciertas cuestiones y me apetece, incluso que acabe dedicando más tiempo a ello, controlar qué y cómo se distribuye lo que escribo. Un secreto, me encanta que, salvo los correctores a los que les envío los borradores de mis libros, que me lo corrigen por amor al arte, nadie me diga qué y cómo debo publicar lo que escribo. Por eso, en este tercer libro, al igual que en los dos primeros, voy a optar por el modelo de autoedición. Un modelo para el que no voy a cambiar de editorial porque estoy muy contento de los resultados.

Finalmente deciros que, también lo que podáis donar por el botón de donación que aparece al final de cada post o la página específica de donaciones va a ir, íntegramente y hasta que se consiga cubrir los costes para hacer lo planteado, a lo que os he comentado anteriormente.

Con lo fácil que sería dejarme llevar por las modas y hacer las cosas como todo hijo de vecino...

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El 90% de los libros que se publican en la actualidad, acerca de temas educativos, no sirven absolutamente para nada. Sí, eso también incluye a los dos que llevo publicados en los últimos tiempos. Libros sin ningún tipo de fundamento, dedicados a explicar chascarrillos y que, en ocasiones, lo único que hacen es dar una visión idílica de una educación que no existe (por ejemplo visitando centros “innovadores” y contando la experiencia) o contar mentiras.

Fuente: Fotolia CC

Hay cientos de libros que se publican cada año por docentes o personas relacionadas, directa o indirectamente con la educación, con nombres tan rimbombantes como “Enseña como un Campeón”, “El hacker contra la Universidad zombi”, “rEDuvolución”, etc. que no aportan absolutamente nada a la educación. Y ya no entro en los libros publicados por personas que venden cosas totalmente nocivas para los alumnos (determinadas inteligencias múltiples, especialmente la emocional) o, directamente falsedades producto de la incapacidad de quienes escriben acerca de ciertas cosas. No hay más que darse una vuelta por los libros de “neuroeducación” para ver que, casi la totalidad de los mismos, están escritos por gente que no tiene ningún tipo de currículum ni especialidad en la materia. Imaginaos que yo escribiera acerca del diseño cósmico del Universo o de la manipulación genética. Pues eso.

No se están publicando libros acerca de la educación. Se están publicando panfletos más o menos vendibles que, como sucede siempre, se compran más por la campaña mediática que por el interés que supone. Y después aún algunos van diciéndoles a los autores lo bien que escriben o, lo interesante que supone para el aula lo que han aprendido de esos libros. Y una mierda. Los panfletos educativos sin enjundia que se publican no aportan una mierda. Sí, para aquellos haters también comentarles que los míos, tampoco. Por eso los regalo. Porque me da vergüenza que alguien se crea o busque fundamento en lo que escribo. Ni tengo ganas de contar nada de forma científica, ni creo que tenga una preparación pedagógica para hacerlo. Eso sí, reconozco que puedo escribir sobre anécdotas u opiniones pero, al final, eso no va a ser nada más que lo anterior. Sin ninguna utilidad real más.

Se escriben libros sobre educación por encima de nuestras posibilidades. A mí no me preocupa que haya libros de docentes contando anécdotas de lo que han vivido en clase. Me parece, incluso, interesante porque, si lo cuentan sin manipular, seguro que han pasado por lo mismo que muchos docentes. Otro tema es cuando se cuentan historias de ficción, encubriéndolas bajo el epígrafe “educación”. Y no es así: son unas putas novelas de fantasía.

Antes de comprar un libro sobre educación, pensad si realmente vale la pena, más allá de tener el nombre del “amiguete” real o virtual debajo del título. Analizad bien su currículum y, salvo que queráis usar esos libros en papel (en digital, ya no cuela esto) para complementar vuestra biblioteca en la que reina el libro de Belén Esteban, absteneos de gastar vuestro dinero. Bueno, salvo que le queráis dar algo, tal y como os pido al final de cada post, por el esfuerzo que he hecho de publicar basura en formato libro o, algunas líneas en este blog 😉

Me encanta que la gente escriba y publique libros. Otro tema es que esos libros, salvo para autorrealización personal o soltar determinadas gilipolleces, sirva para algo en nuestras aulas o para la mejora educativa.

Si te apetece colaborar en mantener el blog, en los proyectos que tengo en mente o, simplemente, te apetece invitarme a horchata…Buy Me a Coffee at ko-fi.com

La mayoría de los que os pasáis por aquí sabéis que, lamentablemente para mi economía, soy una persona a la que no le gusta venderse. Me ha sabido mal cada vez que he puesto anuncios en el blog y, ya no digamos mis negativas o cambios de parecer, a la hora de aceptar ciertas propuestas de patrocinio o, simplemente, en la cuestión de los libros acerca de ¿educación? que llevo publicados hasta el momento.

Fuente: Ko-fi

Nunca he considerado el blog nada más que un hobby. Tampoco he necesitado, por suerte y gracias a que tengo un trabajo remunerado como docente que sirve para cubrir mis gastos y pequeños hobbies que me permito, dinero. Bueno, siendo sinceros, alguna vez he ido -e incluso, en ocasiones voy- justo de dinero pero, al igual que ha pasado por mi cabeza hacer ciertas cosas, jamás le he dado más de un par de segundos a la propuesta.

Este curso que viene voy a empezar proyectos muy interesantes que, al final, he acabado sufragando don mi dinero. Y no me da para todo el asunto. Hay muchos proyectos que tengo en mente que, por desgracia, jamás van a poderse llevar a cabo. Lo sé, no es solo por motivos económicos. Hay veces en los que uno no llega a todo pero, en ocasiones, te sabe mal no poderlos tirar adelante.

El 2020 va a ver la luz mi tercer libro. El primero que tendrá poco que ver con mi profesión. Bueno, algo sí porque, quieras o no, la inspiración te viene de tus experiencias. Y una profesión en la que llevo trabajando veintiún años te deja algo de impronta. Un libro que me ha prometido publicar una editorial. Un libro que no voy a publicar con esa editorial. Lo he decidido porque aún no había firmado nada y me causa mucha desazón que terceros gestionen lo que hago. Ya debo ceder en mi profesión; así que no me apetece ceder en ninguno de mis hobbies. Tampoco en ése. No puedo evitarlo. Ya soy mayor y, a estas alturas de la película, dudo que cambie mi manera de ser. O quizás sí. No lo discuto porque, al final, es hacer lo que me apetece en cada momento y, dentro de mis decisiones por impulsos, puedo estar diciendo una cosa hoy y haciendo otra mañana. Me refiero en estas cosas; no en mi configuración ideológica aunque vaya matizando con el tiempo.

Seguro que estaréis pensando a qué viene lo anterior. Pues a reflexionar acerca de todas las ideas que, en algún momento, he tenido para sacar ese dinero que necesito para proyectos. No puedo montar una campaña de crowdfunding porque, sinceramente, seguro que hay ideas que jamás ven la luz. No quiero vender libros porque, sinceramente, no escribo tan bien para hacerlo y me da la sensación que os estaría estafando. Además, seamos sinceros, ¿quién regula lo que vale lo que uno hace? ¿La mediatización del interfecto? ¿La calidad de lo que hace? ¿El que haya alguien que te caiga más o menos bien? Es algo muy complicado.

Esto nunca ha sido por dinero. Escribir libros jamás ha sido por dinero (os pondríais las manos en la cabeza si supierais la irrisoria cantidad que he sacado en donaciones -llega justo a pagar la edición en papel para amiguetes y medio tonel de horchata-). Los proyectos relacionados con mi profesión que he llevado, de forma más o menos visible, tampoco. Menos aún las colaboraciones que he ido realizando en los últimos tiempos salvo, creo recordar, un par de excepciones. Y ya no digamos el tema de cobrar por charlas. Creo que la última formación la cobré en 2005. Así que, imaginaos.

Ya sé que nunca ha sido por dinero pero, como siempre digo, hace ilusión saber que la gente te lee y le interesa lo que haces. Todos tenemos un poco de ego y nos gusta. Sé también que es mucho más cómodo coger gratis muchas cosas y ni tan solo dar las gracias (o dejar un comentario). Yo, en ocasiones, hago lo anterior. También, en muchas otras, doy lo que puedo para determinados proyectos (no solo educativos). Ojalá pudiera dar más o interactuar más con gente que está haciendo un gran trabajo. Ojalá. Lástima que el tiempo y mi economía no me da para más.

Mucho rollo para deciros que he vuelto a poner, después de tres años y haber recibido donaciones que pueden contarse con los dedos de media mano, un espacio para que podáis donar. Si os apetece pagarme la horchata, os ha hecho gracia descargaros mis libros, os apetece que siga haciendo proyectos educativos (o que, al menos lo intente) o, simplemente, os gusta lo que escribo y os apetece ayudar en el mantenimiento de este blog, ya sabéis. Eso sí, como siempre digo, sin ninguna obligación porque, al final, lo importante es que lo queráis hacer. No que nadie os obligue a nada porque, sinceramente, a mí también me molesta que la gente me insista en colaborar en ciertas cosas. Donar jamás puede/debe convertirse en una obligación.

Es domingo y voy a aprovechar para venderos mi nuevo libro. Bueno, más bien y aprovechando el post, para hacer un dos por uno y poder venderos el primero y el segundo. Es lo que tiene no querer pasar por una editorial “normal” de esas que te montan charlas, envían correos masivamente o, simplemente, te colocan un porrón de libros en la librería de la esquina. Lo de pasar por Amazon, como ya sabéis, también es algo que llevo bastante mal por motivos ideológicos y de respeto hacia esas pequeñas librerías que, seguramente tenéis cerca de vosotros, y os ofrecen el mismo precio por ese libro. Eso sí, cada uno decide cómo vender o venderse ya que, por suerte, en la diversidad está lo mejor de esta sociedad. Lo mismo para los que adquieren un determinado producto.

Fuente: Elaboración propia

Espero me dejéis empezar por mi primer libro. Publicado en papel en diciembre de 2017, hecho el experimento de subirlo a Amazon y, actualmente disponible tanto en formato papel como digital desde el siguiente enlace (Educative Innovéision) mediante el modelo de donación voluntaria. Un libro de 150 páginas en el que se desglosan, de forma muy específica, determinados aspectos de la “innovación” educativa, realizada la introducción por alguien que no se leyó el libro (sí, Mikel, me acuerdo de eso) y la portada por uno de los grandes en esto del “visual thinking” (con cariño Néstor).

Seguramente con enumeraros sus capítulos os vais a hacer un poco a la idea acerca de su contenido. Bueno, para los que os pasáis habitualmente por aquí supongo que también os resultará obvio…

  • La innovación como acto de fe.
  • ¿Qué es ser un docente innovador?
  • La innovación educativa (no) es cosa de jóvenes.
  • Innovar o ir de guays.
  • Innovación versus tradición.
  • Las redes (no) son para todos los docentes.
  • Mamá, no quiero salir fuera de mi zona de confort.
  • Las metodologías innovadoras.
  • Cachivaches.
  • El método revolucionario para hacer paellas.
  • Neuropapanatismo y otras neuras.
  • Hacer el pino me marea.
  • Gamifica que algo queda.

Y todo lo anterior aderezado con un bonus track en el que te explico cómo convertirte en gurú educativo en pocos meses o te expongo el glosario imprescindible para el docente innovador. De forma muy desenfadada y, tal y como explico en la contraportada, siendo un simple ejercicio de disfrute, escrito desde mi experiencia en el aula, que he querido compartir con todos vosotros.

Por si no me quedaban ganas de seguir estrujando el modelo crítico acerca de lo que está sucediendo en educación, aproveché la recuperación de mi operación para intentar dar forma a un nuevo despropósito literario. En este caso y siguiendo la estela del uso de palabrejas que molan en el título, no tuve otra opción que denominarlo Eduentertainment. Otro libro, quizás algo más largo que el anterior (sobre 180 páginas) en el que, de nuevo, entraba a saco en la denuncia de ciertas cosas que están sucediendo en educación.

Como bien dice su contraportada, “en un contexto en el que el espectáculo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este eduentertainment en nuestras aulas”. Sí, algo para mí muy peligroso que, por lo visto, está siendo avalado por muchos con sus silencios y participaciones cómplices en lo anterior. En este caso, contando con el mismo prologuista (que, por lo visto, esta vez sí que se lo ha leído). Un libro que podéis adquirir en papel, donar o descargaros por la patilla desde el enlace (Eduentertainment). Amazon sigue sin molarme y por eso he buscado, como os he dicho antes, una plataforma totalmente segura para que podáis realizar vuestras donaciones, adquiriéndolo o no en papel al precio que hay marcado.

¿El índice de capítulos? Pues vamos a ello…

  • Qué es el eduentertainment.
  • Érase una vez el circo.
  • Los payasos de la tele (o de YouTube).
  • Divierte o revienta.
  • Aprendizaje Basado en el Espectáculo.
  • Formación mediática del profesorado.
  • Sumidos en un hype educativo.
  • Magufismo en las aulas.
  • Grandes profes.
  • De profesión: gurú.
  • Influencers de chichinabo.
  • De profesaurios y otros cuentos.
  • Profe, ¡no molas!
  • El fin del sentido común.
  • El lado oscuro del eduentertainment.

Finalizado todo lo anterior con un epílogo muy relacionado con mis sentimientos acerca del tema. Un tema que, como he dicho antes, lleva mucho tiempo yéndose de nuestras manos por determinados motivos (publicitarios y de necesarios colaboracionistas).

Nunca escribo por dinero, aunque no voy a negarme que da ilusión ver las donaciones (mucho menores de las que os podéis imaginar porque ya sabemos que si hay posibilidad de bajarse algo gratis, hay muchos que van directamente a ello) y, aún más, la posibilidad de dedicar libros en papel y llevarlos a Correos para que lleguen a “amiguetes” y a los que donan una determinada cantidad. También me ilusiona ver el correo de algunos de vosotros que os lo habéis leído y, aunque dichas opiniones sean malas, también se agradece leerlas. Más que nada porque ayudan a mejorar en futuros redactados aunque, como bien sabéis, por ahora me voy a dedicar a un libro de novela negra porque, sinceramente, me apetece bastante ponerme con él.

Si a alguno no le apetece usar el modelo de “donación” que planteo, aunque es tanto o más fiable la plataforma que la de cualquier página de pago por internet, puede ponerse en contacto conmigo directamente, mediante la pestaña “contactar” del blog o por mail, para que le haga llegar el libro en papel. No será por no ofreceros alternativas…

Ya sabéis que no soy mucho de pedir pero, ya que no tengo a nadie que haga ese trabajo por mí, por qué no le dais retuit a este post o lo compartís en vuestras redes sociales favoritas. Es lo que tiene no tener publicista ni equipo de marketing 😉

Espero que los disfrutéis, al menos tanto, como los he disfrutado yo escribiéndolos.