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Educación

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Esta mañana, como los que os pasáis habitualmente por aquí y los que me seguís en Twitter habéis podido comprobar, le he dado un lavado de cara al blog. He comprado un tema (sí, invierto en el blog) y, de paso, me he hecho con un hosting multidominio para hacer determinadas pruebas y poder, de una vez, migrar todos los “proyectos” que tengo desperdigados por ahí al mismo lugar. Bueno, quizás el único que mantenga al margen de la migración masiva sea este blog. Quién sabe.

Fuente: ShutterStock

Ello me lleva a pensar a que voy un poco a contracorriente porque, al final, lo importante parece que sea hacer proyectos muy macro, de gran vistosidad y de nula reflexión. Los blogs, por lo visto para algunos, ya no son algo interesante. Se lleva mucho más la reflexión rápida en las redes o, incluso, una simple imagen o vídeo. Ya, seguro que algunos diréis que, al igual como sucederá con el papel en el futuro, los blogs tienen muy poca vida. Más aún los que plantean cosas diferentes a lo que están vendiendo los medios o, difundiendo determinadas asociaciones “de docentes”. No mola mantenerte al margen de la neuroeducación, el flipped o eso que, algunos sin tener demasiado claro en qué consiste, denominan metodologías activas. Y aún así no quiero hacer lo fácil y dejarme llevar porque, sabéis todos que es mucho más fácil dejarte llevar por la corriente que ir nadando en contra de ella. Lo fácil sería poner la mano. Lo fácil sería empezar a decir cosas edulcoradas. Lo fácil, en definitiva, sería venderse a lo nuevo e innovador.

Nunca he defendido tener razón en mis postulados. Eso sí, siempre he ido de cara. Jamás me he escondido ni una coma por pensar en que, lo que a veces escribo, puede sentar mal a alguien, no me llamarán para dar una charla o, simplemente, algunos me retirarán el saludo. Si alguien confunde la reflexión o la discrepancia con lo anterior, creo que tiene una falsa concepción de lo que supone el debate. O más bien es que ese debate no le interesa demasiado.

Hay mucha gente que habla sobre educación. Mucha que lo hace desde altavoces maravillosos (léase medios con miles de lectores). Otros, intentamos aclararnos en ciertas cuestiones. Nos preocupamos ante la deriva de ciertas cosas. Nos mantenemos en una equidistancia, entre lo último y lo antiguo porque, a veces, quién dice que lo último o lo antiguo deba ser lo mejor. Una mochila conviene siempre que esté cargada de muchas experiencias y recursos. Quizás, como muchos dicen, al final conviene no llevar tanto equipaje pero, en mi caso, lo que llevo son muchísimos recuerdos, maneras de hacer y una gran cantidad de errores cometidos (y que, seguro van a ampliarse). Eso sí, por lo visto llevar mochila también es nadar a contracorriente. Más aún si la mochila dista mucho de ser de esas marcas que venden, tanto para uso profesional como para satisfacer una afición, el mismo modelo de mochila.

Me hace gracia ver como algunos intentan colocarme como defensor del inmovilismo pedagógico. Más aún sabiendo, a ciencia cierta, que quizás los verdaderamente inmovilistas son ellos. No se trata de debatir acerca de usar papel o una app. Se trata de un debate mucho más profundo. Y no, la uberización del aprendizaje no es la solución. Tampoco lo es que se vayan todas las posibilidades futuras de nuestros alumnos, se resienta la creatividad por “hacer prácticas que la potencian pero que acaban dañándola” o, simplemente, que se acabe señalando al que, por desgracia, no apoya al equipo que ahora está ganando. Quizás es que la educación no va de equipos.

Seguiré escribiendo por aquí. Me gusta hacerlo y reflexionar en voz alta. Es bueno hablar de cosas que muchos no quieren oír, otros se empeñan en manipular y, finalmente, una minoría se empeña en convertir en una afrenta personal. No habíamos quedado en que lo importante era nadar 😉

La verdad es que podría optar por las dos posturas más habituales en mi profesión: la de cerrar los ojos ante todo lo que está sucediendo y centrarme en mi trabajo de aula (algo encomiable) o, simplemente, mantener un determinado perfil bajo equidistante para poder pillar tajada. Ya, lo sé, también hay el grupo que observa qué está sucediendo y que, por motivos ignotos, se dedica a hacer de palmero acrítico de determinados personajes pero, en este caso, ya es una situación demasiado anómala para ser tomada como base del posicionamiento de uno.

Fuente: ShutterStock

Hace unos años que opté por iniciar este blog y mantener un determinado perfil en las redes sociales. Al final me he decantado por Twitter ya que, por desgracia, sigo sin estar demasiado cómodo en Facebook y ya no digamos en Instagram. Red en la que no he tenido, ni tiempo ni ganas, de crearme un perfil. Que lo de contestar en Twitter me lleva unos pocos minutos y, además, últimamente me estoy riendo mucho al ver cómo determinados personajes intentan justificar lo injustificable y la gran cantidad de palabras que, más allá de ser totalmente ininteligibles, tampoco pretenden nada más que demostrar que hay mucho truhán y demasiado docente amante del seguidismo en esa red. Algo que no es malo. Al menos, como siempre he dicho, en una profesión en la que todo el mundo tenemos nuestro pequeño desorden mental (sí, no me miréis así, que todos sabemos que para dedicarse a la docencia algo de eso hay), es lógico que algunos estén más jodidos que otros. Es lo que tiene la heterogeneidad de nuestro colectivo. Una heterogeneidad que mola pero que, por lo visto, a algunos no les gusta demasiado. Y después, curiosamente, hablan de la necesidad de personalizar el aprendizaje de los alumnos. Nada, lo mismo que dar una ponencia sobre metodologías activas (sic.) desde una tarima en formato clase magistral. Muy coherente el asunto.

Pero no iba a hablar acerca de terceros y sí a responder a la pregunta que, últimamente algunos me están realizando, acerca de mi uso de determinadas expresiones, más o menos extremistas, que vierto tanto en determinados artículos como en esa red que he comentado antes. La verdad es que la respuesta es compleja. Bueno, tampoco lo es tanto si partimos de la necesidad de dudar en voz alta de ciertos asuntos, reírme de otros muchos y, por qué no, acabar denunciando a determinados charlatanes, fundaciones u organizaciones cuyos objetivos distan mucho del procomún. Es lógico hacerlo. Uno ya lleva veinte años en el aula, disfrutando cada día más y viendo que, por suerte, la realidad y las necesidades de mis alumnos y mis compañeros distan enormemente de lo que algunos defienden o venden alegremente. No sé si darán clase o no pero, si la dan tienen un problema de falta de visión. O, a lo mejor es que, a todo el mundo le gusta que le den una palmadita y que le suban el ego. Ya si hay pasta por medio, algunos se venden por muy poco. Todos tenemos un precio. Yo también. Eso sí, con el mercado educativo actual me sale muchísimo más a cuenta dormir tranquilo. Bueno, roncando un poco estos días por una gripe que no sabe si acabar de activarse o no en mi organismo.

Me gusta escribir sobre temas educativos. Quizás es de lo único que puedo saber algo. No se me ocurriría, a diferencia de otros, hablar sobre algo que desconozco. La verdad es que también podría hablar de algunos cultivos (soy de formación ingeniero agrónomo) o, por autoaprendizaje, de algunos conceptos o hechos relacionados con temas informáticos pero, en el último caso jamás se me ocurriría creer que tengo más razón que alguien que lleva veinte años gestionando un proyecto relacionado con ese ámbito. Bueno, dar mi opinión la daría. Es lo que tiene la opinología que se nos ha incrustado últimamente en el ADN al personal.

En estos últimos tiempos estoy viendo que faltan blogs donde se cuestionen ciertas cosas y, que el discurso educativo es bastante monolítico en las redes acerca de determinadas metodologías salvadoras o la necesidad de acudir a determinados eventos o concursos. No digo que éste sea la panacea porque no es nada más que una retahíla de palabras, más o menos desorganizadas, acerca de ciertas cosas pero, al menos, escribo lo que pienso sin plantearme las consecuencias (a ver, algunas veces sí) de lo que hago. No es ser inconsciente. Es, simplemente, mi visión particular acerca de ciertas cosas. Siento si alguien se ofende pero creo que si se ofende con lo que escribo, no contraargumenta o, simplemente, se dedica a hablar en privado con sus “colegas y palmeros” para decir lo malo que soy, tiene un problema. Con lo bonito que es dar la cara. Bueno, eso siempre que no tengas intereses personales o necesidad de ser equidistante en ciertos aspectos 😉

Cada vez me lo paso mejor. Cuánto me alegro de no haber dejado el blog ni mi red favorita Twitter. Esto, últimamente, se está poniendo muy interesante…

Debo reconocer que, con las competencias educativas transferidas hace décadas, con la posibilidad de actuar sobre una parte del currículum, sobre la selección del profesorado e, incluso, sobre cuestiones metodológicas o condiciones laborales de los profesionales que trabajan en Educación me cuesta ver qué mejora (o empeoramiento) de las condiciones educativas, por cierto igual de críticas que en la mayoría del territorio que actualmente conforma el Estado español, podrían darse?

Fuente: http://www.atlantico.net
Fuente: http://www.atlantico.net

Quizás una ventaja para los ciudadanos de esa Cataluña independiente fuera más sencillo ganar la plaza de funcionario (en caso que no se extinguiera la figura por eliminación de dicha situación contractual) al no haber competencia de otras partes del territorio. Ahora, por desgracia, son algunos los valencianos y mallorquines -amén de alguno que ha estudiado catalán que vive en otros lugares- que quitan las plazas a los catalanes en “injusta” competencia. Si sólo pueden presentarse los ciudadanos del nuevo país, las facilidades pueden ser mayores. Tampoco no sería del todo cierto en caso de continuar en la Unión Europea porque la misma legislación permite que cualquier ciudadano de la Unión pueda optar a cualquier plaza de funcionario en cualquier país de los que la integran pero, siempre puede ser que haya un margen de tiempo entre que se sale y se vuelve entrar en la Unión Europea, para que no haya competencia de extranjeros.

A nivel de salarios se puede actuar sobre una mejora del salario base. No existiría sólo, como hasta ahora, una posibilidad de hacerlo aumentando el complemento autonómico. La realidad es que, actualmente, ya existe la posibilidad de que, de forma unilateral, cualquier autonomía pueda cambiar el salario que cobran sus docentes pero, ahora, se podrá hacer cambiando todos los conceptos. Se podrá jugar, incluso, con la posibilidad de establecer salarios diferentes en función de tipología de centros en los que se trabaje e, incluso, dotar al sistema de la posibilidad de reducir salarios por necesidad de reducir los gastos del nuevo país (no olvidemos que en Cataluña es donde más recortes salariales, junto con Andalucía y Galicia, han experimentado los docentes al ser recortadas, por parte del gobierno catalán, las percepciones de las pagas extra).

El currículum también podrá ser unilateralmente cambiado por parte del nuevo país. Se podrá actuar eliminando materias que sobren e, incluso, rompiendo unilateralmente el Concordato  que no firmaron al no existir como país. Algo difícil por las numerosas visitas de los gobernantes a Montserrat a rendir pleitesía a La Moreneta pero, no debe perderse la esperanza. Además, al poder considerar la Lengua Castellana como lengua extranjera, podrá ser establecido un plan para disminuir su afección sobre el sistema. No olvidemos que la lengua de aprendizaje es exclusivamente en catalán pero, por desgracia, en la actualidad aún hay una minoría de profesionales que usan el castellano. Eso, con el nuevo país, no va a pasar. Además, los documentos oficiales sólo se van a poder realizar en catalán. Bueno, lo que pasa ahora, pero con un nuevo escudo.

El tema de los conciertos educativos también puede ser interesante. Los conciertos están reconocidos exclusivamente por leyes estatales, así pues si hay una apuesta decidida del nuevo país por una enseñanza pública pueden eliminarse todos los conciertos. Ya sabemos que ahora, en Cataluña, precisamente se está dando el efecto contrario con aumentos constantes en el número de unidades concertadas pero eso es, seguro, porque pertenecen a un Estado opresor. Nada que ver con el partido en el gobierno que, curso tras curso aumenta el número de unidades concertadas.

¿Metodología? Pues no tengo muy claro qué se puede hacer a nivel de lo anterior. Lo que sí que debería estar claro es la posibilidad de cesar a los docentes si no quedan bien con la dirección de los centros (sí, lo mismo que ya sucede ahora pero, por desgracia, si ahora algún docente se queja en los juzgados de lo anterior le dan la razón) y se adaptan a la metodología. Comisarios políticos en los centros para la gestión del personal es algo imprescindible en la nueva etapa para que, en ningún momento, se dé la posibilidad de disminuir la masa social de futuros adeptos al nuevo régimen. Ya, seguro que algunos diréis igual que ahora. Pues sí, pero en este caso con mayor profusión -más aún si cabe- de banderas y símbolos patrióticos en los centros educativos. Porque no hay nada mejor para recordar donde pertenece uno y a quien debe servidumbre que recordarlo a diario. Y eso, en los prolegómenos de la aventura, es algo imprescindible porque no puede ser que la mitad de la población no entienda las virtudes de pertenecer a este nuevo país.

Quizás también se pueda eliminar el fracaso escolar de un plumazo y, el cambiar la cohesión social y articular el país frente a la necesidad de defensa del opresor para seguir manteniendo esa estructura de poder, sea el mejor mecanismo para un futuro donde, lo más importante sea la homogeneización de una sociedad que, más allá de cuestiones étnicas, religiosas o económicas, sólo tenga una necesidad superior: la de defender su patria a cualquier precio.

Por cierto, ¿alguien duda que la mejora educativa en Cataluña no pase por la separación de un lastre como es España? Que los catalanes han dicho basta de subvencionar a los vagos andaluces, la RTVE del PP y, cómo no, los servicios sociales de esos que lo único que llevan haciendo desde hace años es robarles. Y eso sólo se cambia metiendo en la cárcel al que roba o expulsando al ladrón del país. Un país que, a nivel educativo, lo va a petar porque los catalanes son mejores que el resto de españoles que, lo único que hacen, es torpedear la mejora educativa de los niños catalanes. La política, como ya se sabe, siempre ha de estar al servicio de los territorios, jamás de los jamases, de las personas.

A propósito, no me gustaría finalizar el artículo sin mencionar que ya habemus nueva Consellera de Ensenyament en los prolegómenos de ese camino al futuro. Toda una licenciada en administración y dirección de empresas y miembro técnico del Esbart Dansaire del Orfeón de Reus. La mejor conocedora del mundo educativo que se podría encontrar. Algo que deja la futura Educación catalana bajo muy buena batuta.

Ja estem tardant… Visca Catalunya lliure!!!!

Para mí educar es enseñar y formar. Es verdad que cuando empecé a trabajar pensaba que eso de la tutoría, de formar a nuestros alumnos,… era faena de los pedagogos, de los psicólogos, pero con el tiempo me he dado cuenta de la importancia que tiene el profesor como formador y cada día dedico más tiempo a ello. Realmente, que mis alumnos sepan derivar o integrar les servirá mucho en sus carreras (nunca en sus profesiones), pero es muy importante hacer de ellos personas preparadas para ese mundo que empiezan a descubrir.

Para mí es importante transmitirles los valores que, fuera de cualquier posición ideológica o religiosa, creo que son importantes como personas. Valores como: el orden, la limpieza, el respeto a las opiniones de los demás, la no discriminación de nadie por su raza, religión, aspecto físico, su sexualidad,… Lucho porque entiendan que no debe haber machismo, que nunca juzguen a nadie por las apariencias y que luchen por las cosas que les interesan desde el trabajo y con humildad, con la idea clara que todo aquello que se hace desde el esfuerzo da siempre sus frutos.

Para mí, educar, es preocuparse de los problemas que puedan tener mis alumnos, pues además de incidir en sus resultados académicos, los siento como parte de mi tarea formadora y por tanto de mi responsabilidad. Los alumnos necesitan que los que estamos a su cargo les pongamos atención, que les ayudemos. Un alumno que teniendo problemas es atendido por los profesores, por el psicólogo, o por un especialista exterior si hiciera falta, además del bien personal que le estamos aportando, conseguimos que sus resultados académicos sean mucho mejores (en muchas ocasiones supone un cambio radical en su trayectoria escolar) Dicho de paso, yo soy de los que piensa que en CADA instituto debería haber un asistente social.

¿Y qué pinta aquí Telecinco? Pues pinta, y mucho. Todo el esfuerzo que los profesores hacemos todos los días, diciendo que no chillen para hablar, que se traten con respeto, que no pongan los pies encima de las sillas, que no se insulten,… todas las charlas sobre educación sexual, toda el esfuerzo que hacemos día a día intentando transmitir valores desde el orden y la tolerancia, se vienen al traste con la programación diaria de Telecinco. De verdad les digo, que cuando enchufo la tele, me siento muy triste y decepcionado, porque pienso que todo lo que hago no tiene sentido. Cuando veo cómo se trata a las personas como mero intercambio sexual (MHyV), cómo se llega a la desintegración personal en todos los sentidos (Sálvame, Gran Hermano), cómo se reduce al hombre a los más básicos instintos animales (Adán y Eva) ¿Cómo les puedo decir a mis alumnos que no digan tacos si es el lenguaje habitual de la mayoría de los que salen en los debates, series, etc…?
¿Qué nos queda? ¿Poner a un delincuente y un león para ver quién gana?

Fuente: collage del autor
Fuente: Collage del autor

Y es que, mientras no entendamos de la gran importancia que tiene hoy en día la TV, estaremos perdiendo el tiempo. Todos nos pasamos el día hablando lo mal educada que está la sociedad, pero nadie pone coto a las programaciones televisivas. Porque antes nos educaban nuestros padres, sí, pero hoy éstos, sin darse cuenta (o sí), han delegado su función…… en la tele.

Hay muchos docentes que no tienen ni idea de competencia digital e, incluso, hay algunos que, por desgracia no tienen ni el mínimo conocimiento de lo que supone la publicación de sus opiniones o experiencias en una red, cada vez más ubicua y menos opaca. Sí, todo lo que se publica en la red, aparte de ser imposible que desaparezca nunca, es de fácil acceso para cualquiera por mucho que, en ocasiones, dé la sensación de ser algo parecido al antiguo Far West donde todo está permitido.

Ayer llegó a mis manos la siguiente publicación, realizada por un docente catalán, en Facebook. Una publicación que, por desgracia, una persona supuestamente con algo de intelecto tuvo la brillante idea de publicar. Sí, hay docentes que, tristemente, no es que debieran ser evaluados, es que deberían ser retirados con urgencia de la profesión porque, sinceramente, ¿alguien cree que es positivo publicar lo que expongo a continuación? Bueno, ya no sólo publicarlo, justificar en dicha publicación el comportarse como un cenutrio.

Fuente: Facebook
Fuente: Facebook

Podemos criticar en abierto a la administración educativa, cuestionar determinadas prácticas docentes e, incluso, embutirnos en el traje político ideológico y “pasar virtualmente por el rodillo” cualquier iniciativa política que no comulgue con nuestras ideas pero… ¿a alguien con dos dedos de frente se le ocurre publicar en abierto un insulto o vejación realizada contra uno de sus alumnos? Pues, por lo visto, hay algunos listillos que consideran que un muro virtual es igual que una barra de bar y que, por ello, debe permitirse todo. Pues no, va a ser que no.

Me preocupa que la anterior publicación la haya realizado un docente pero, aún más, me preocupa que haya 149 docentes (sí, en ese grupo por lo visto todos son docentes) a las que les parezca bien e, incluso 10 que se escojonen con lo anterior. Yo, sinceramente, sigo aún sorprendido por la inconsciencia de algunos de realizar este tipo de publicaciones amparados en el “supuesto anonimato de la red” o en considerar que “en las redes puede publicarse lo que uno quiera”. Pues sí, uno puede publicar lo que quiera sabiendo que, cualquier tipo de publicación, puede ser usada contra ti.

Sinceramente, hay días en los que me quedo sin palabras. Y hoy, por mucho que haya escrito algunas líneas, es uno de ellos.