El horario de los docentes en nuestro país es de 37,5 horas semanales, con independencia de cuál sea la Comunidad Autónoma en la que trabajen o la etapa en la que estén impartiendo docencia. Los maestros, habitualmente tienen de 24-25 horas lectivas y los profesores de Secundaria (EOI, FP,… inclusive) de 18-19. Después existen determinado número de horas de guardia (para suplir a docentes, o bien que están enfermos puntualmente o que han pedido permiso bajo alguno de los criterios justificables), un número de horas dedicado a reuniones (coordinaciones, reuniones de Departamento, Claustros, etc.) y 7,5 horas semanales de libre disposición (dedicadas a preparar clase, corregir exámenes, etc.). Son horarios que vienen marcados por la legislación vigente y que, aún existiendo flexibilidad de las horas de libre disposición a nivel de cuándo realizarlas, no incluye la posibilidad de hacer horas extra.

Un docente no puede hacer horas extra. No lo incorpora la ley y, por ello jamás puede recibir compensación por trabajar más horas de las que legalmente tiene establecidas. Ni puede cobrarlas, ni puede compensarlas con más días de vacaciones. Debe ser la única profesión que no tiene reguladas las horas extra. Y, es por ello que, por mucho que algunos trabajen hasta el infinito y más allá, no hay ningún tipo de compensación por ello. Por cierto, a mí a estas alturas de la película, me parece bastante estúpido con considerarse pagado con la sonrisa del alumno o la palmadita en la espalda de las familias que le dicen “cuánto te preocupas”. Un docente se preocupa tanto o más cumpliendo su horario que alargándolo sin ningún paraguas legal que lo permita. Yendo aún más lejos, al no estar reconocida la posibilidad de realizar horas extra, el docente que trabaje más de su horario, estaría incumpliendo la normativa.

Además, vamos a ser sinceros, ¿qué trabajador -y ya no hablo solo de docencia- es capaz de rendir de forma óptima más de 37,5 horas semanales? Otro tema es que uno quiera hacer o pueda permitirse chapuzas o que, por hacer más, acabe quemado a los pocos meses de empezar el curso pero, de forma general, es imposible que se rinda igual. ¿Os pondríais en manos de médicos que llevan catorce horas operando desde hace una semana para que os realizaran una intervención quirúrgica? Creo que no. Al menos yo no lo haría. Es por eso que, como padre, ¿alguien está dispuesto a poner en manos de docentes extenuados, que han alargado hasta el infinito su horario laboral, a sus hijos?

Ahora que hay grupos confinados, hay docentes que tienen a la mitad de la clase el lunes, miércoles y viernes, y a la otra mitad el resto de días (a la semana siguiente, al revés). ¿Creéis que pueden dar clase a su grupo y, posteriormente al grupo que no ha ido a clase? Legalmente no pueden hacerlo. Y si lo hacen, aparte de incumplir la ley, están quemándose y repercutiendo ese “quemado”, tanto en su trabajo como en su vida personal. A ver, que seguramente hay docentes que no tienen vida ni aficiones más allá del trabajo pero, la mayoría está en docencia por ser un trabajo que les permite vivir. Y si además les gusta, chapeau. Pero más allá de lo anterior…

Permitidme esta reflexión en voz alta cuando estoy viendo a mi alrededor una gran cantidad de excelentes profesionales que, por presión exógena y por creerse que deben hacer lo imposible para atender a su alumnado, están haciendo esas horas extra que no pueden hacer. Algo que, ni es bueno para ellos ni lo es para la educación porque, al final todo se paga de alguna manera. Me encantaría ver los porcentajes de bajas de profesorado porque creo que, este año, está superando todos los récords. Además, de forma totalmente justificada porque, en muchos casos, la presión está siendo insostenible.

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Acerca del Autor

Jordi Martí

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