La comparación tóxica entre centros educativos
Llueve. Tengo un montón de mails a los que dar respuesta y un par de cosas que tendrían que estar hechas para ayer, pero necesito frenar. Necesito relajarme unos minutos. Y, como bien sabéis los que me seguís de hace tiempo, una de las cosas que más me relajan es escribir en este blog. Lo sé. Soy raro hasta para eso. Pero qué le vamos a hacer… uno ya es mayor para cambiar. Así pues voy a hablar sobre comparaciones tóxicas en educación. Y voy a centrarme en esa comparación tóxica, por no decir otro calificativo, entre centros educativos.
Existe un deporte silencioso que se ha convertido en costumbre en el sistema educativo… comparar centros como si fueran equipos de una liga imaginaria. No es una competición oficial, pero muchos la juegan. Y lo peor es que nadie gana. Desde fuera parece un ejercicio inocente. En ese instituto hacen maravillas, en aquel colegio están a años luz, este centro está muy por delante, aquel se ha quedado atrás. Todo dicho con un convencimiento tremendo, como si quienes hablan hubiesen vivido eones en cada aula para emitir el veredicto.
La realidad, sin embargo, es menos glamurosa. La mayoría de esas comparaciones están hechas desde la distancia, desde el rumor, desde lo que alguien ha escuchado que alguien contó que alguien vio. A veces basta un vídeo bien editado o una frase contundente para construir un mito entero alrededor de un centro. Y mira por dónde, otro centro queda automáticamente relegado al papel de rezagado o torpe, aunque nadie haya pisado su pasillo en los últimos diez años.
Lo curioso es que, cuando conoces por dentro varios centros, el mito se desmonta rápido. He visto centros modélicos por fuera donde el aire está tan cargado de tensión que cuesta respirar. He visto centros discretos, nada mediáticos, donde las aulas funcionan con una calma y una sensatez que ya querrían muchos. También he visto centros que pasan por conflictivos y que dentro tienen una comunidad que trabaja como un reloj, con una energía admirable que jamás saldrá en los titulares. Y centros que presumen de excelencia mientras el profesorado lucha por sacar adelante lo básico sin derrumbarse.
La comparación tóxica ignora algo esencial. Los contextos no son intercambiables. El alumnado no es el mismo, la realidad socioeconómica tampoco, las necesidades cambian, las familias viven situaciones distintas, las dificultades emocionales no se reparten de manera equitativa. Un instituto situado en una zona con estabilidad social puede permitirse ciertos proyectos. Otro, que cada semana recibe alumnado nuevo que empieza prácticamente desde cero, necesita otra forma de trabajar. No es falta de voluntad, es supervivencia.
Pero claro, desde lejos es muy fácil decir que en ese centro lo hacen mejor. Lo difícil es entender por qué. Y lo aún más difícil es aceptar que quizá no se pueda replicar lo mismo en todas partes, porque las piezas encajan de manera distinta.
Lo peor de estas comparaciones no es la injusticia, sino el desgaste que producen. Profesionales que trabajan en contextos complicados se sienten evaluados constantemente por parámetros que no encajan con su realidad. Mientras tanto, quienes están en centros más resguardados creen que su fórmula es universal. Y no lo es. Porque la educación, aunque nos empeñemos en simplificarla, es profundamente dependiente del entorno.
He escuchado frases como allí trabajan en proyectos y aquí no sin entender que a veces el problema no es la metodología, sino la carga emocional del alumnado. O aquellos centros han mejorado mucho sin mencionar que han recibido recursos que otros no verán jamás. También la contraria. La frase de en ese instituto van sobrados porque el alumnado es fácil. Como si educar fuese coser y cantar por el simple hecho de recibir un grupo más estable. Nada es tan simple, pero la comparación convierte todo en caricatura.
Quizá la pregunta no sea quién lo hace mejor, sino quién lo hace lo mejor que puede con lo que tiene. Y desde ahí hablar. Porque si algo he aprendido entrando, de forma inconsciente en ocasiones, en aulas ajenas es que la mayoría de docentes trabajan con una profesionalidad similar, independientemente del cartel del centro. Muchos de esos supuestos centros de élite funcionan gracias a la estabilidad del entorno, no por tener un método secreto. Muchos de los centros que se etiquetan como problemáticos sostienen milagros cotidianos que nadie quiere ver porque no caben en un ranking.
La comparación tóxica entre centros no sirve para mejorar nada. Solo alimenta inseguridades, genera prejuicios y perpetúa la fantasía de que existe un lugar donde todo encaja. La realidad es otra. Cada centro es un equilibrio frágil entre sus circunstancias, su comunidad y su historia. Y cada uno tiene sus luces y sus grietas. Idealizar unos y desmerecer otros solo demuestra que seguimos hablando más desde la distancia que desde la experiencia.
Si algún día dejáramos de comparar tanto y empezáramos a escuchar más, quizá descubriríamos que no hay centros superiores ni inferiores. Hay realidades distintas que requieren respuestas distintas. Y docentes que, en todas esas realidades, sostienen lo que pueden, como pueden y con más dignidad de la que cabe en cualquier clasificación.
Podéis descargaros mi último libro en formato digital, TORREZNO 3PO: un alien en educación, desde aquí.
Me podéis encontrar en X (enlace) o en Facebook (enlace). También me podéis encontrar por Telegram (enlace) o por el canal de WhatsApp (enlace). ¿Por qué os cuento dónde me podéis encontrar? Para hacerme un influencer de esos que invitan a todos los restaurantes, claro está. O, a lo mejor, es simplemente, para que tengáis más a mano por dónde meteros conmigo y no tengáis que buscar mucho.
Descubre más desde XarxaTIC
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
