Hay cuentas en las redes sociales, con los límites que supone tener una cuenta relacionada con la educación (unos 50.000 seguidores en Twitter, 100.000 en Facebook y hasta 150.000 en Instagram -por ser los números de las cuentas más seguidas relacionadas con la educación en nuestro país-), que lo están petando. Han conseguido tener muchos seguidores en las mismas pero, curiosamente, siguiendo las mismas estrategias en la mayoría de los casos. Estrategias que, al final, da la sensación que tengan mucho de búsqueda del resultado final (incremento de público receptor de los mensajes) y muy poco de improvisación. Bueno, siempre hay alguno que improvisa y que escribe desde dentro, sin hacer ninguna de las estrategias que os comentaré a continuación, que consigue llegar a un número de seguidores apreciables en los diferentes ecosistemas 2.0.

Pues nada, como los que os pasáis por aquí habéis olido sangre en el título (los que me conocéis) y otros buscáis ser reconocidos en las redes sociales (los que no me conocéis), voy a desarrollaros el post con esos “trucos” que os permitirán, siempre y cuando alguno de esos que están arriba de la pirámide edutrófica os lo permitan, conseguir un número de seguidores apreciables en las diferentes redes. Recordad, que al igual que sucede en los otros ámbitos, en el ámbito educativo tener más seguidores no implica ser mejor docente ni saber más de educación. Es que, en ocasiones, algunos confunden las cosas. No hay relación directa entre número de seguidores y capacidad profesional o sapiencia del ámbito. Se puede dar el caso en contadas excepciones, pero no es algo que pueda inferirse.

En primer lugar para conseguir seguidores en las redes sociales uno debe buscar que alguno de esos gurús con miles de seguidores le haga algún retuit o comparta sus publicaciones de Facebook o Instagram. No se puede entrar, y menos a estas alturas de la película, como un crack 2.0 sin venir avalado por determinados nombres. En un primer momento de Twitter aún me acuerdo de uno que hablaba del “acompañamiento a los nuevos usuarios”. Ahora en una jungla en la que se mueve pasta, el altruismo ha dejado de ser un parámetro y a algunos no les gusta la competencia. Más competencia implica menos beneficios porque, al final todos sabéis que tener más seguidores en las redes sociales implica más posibilidades de que te contacten para dar formación, dar charlas, proponerte que escribas un libro, entrevistas en los medios, etc. No significa que seas mejor docente pero, si lo que pretendes es complementar tu sueldo de docente o pasar de trabajar para terceros (en la docencia o en la administración educativa), es un buen lugar para montarte un chiringuito propio.

Debe tenerse una capacidad de inventiva impresionante porque, si os fijáis, en las redes sociales solo triunfan aquellos que cuentan la historia del alumno que dice lo fantásticos que son y que gracias a ellos han tirado adelante. Jamás hablan de los fracasos en el aula ni en su época docente (si ya la han abandonado). A ver, que si alguno ha dado clase alguna vez, ya sabe que los que te dicen esas cosas son los menos y es más habitual que pases de forma anodina por la mayoría de tu alumnado. Por cierto, esos casos puntuales (en caso que no sean inventados porque, sinceramente, a mí ya me da la sensación que muchos son inventados ya que hay algunos que tienen más alumnos que clase han dado nunca) son la punta del iceberg de una profesión muy compleja con más sinsabores que los que se venden y con mucho esfuerzo a dedicarle. Un detalle, no intentéis triunfar en las redes sociales hablando de profesionalidad ya que, si os dejáis en el camino la palabra vocación, siempre vais a ser unos mindundis 2.0.

Toca para conseguir seguidores también escribir dos tipos de artículos (en caso de tener un blog)… aquel en el que hablas de las mejores cuentas educativas en las diferentes redes sociales (que sabes que van a compartir los ávidos de ego) y el de las herramientas 2.0. Cuantas más herramientas compartas, mejor. Además, si compartes cien herramientas, aún alguno va a creerse que las has probado. Ilusos. Bueno, y ya cuando te das cuenta que esas listas de edutuiteros, eduinstagramers, edutubers, etc. están plagadas de gente que hace lustros que no publica ni un solo tuit, ya es el acabose.

Por cierto y haciendo un inciso importante ya que es clave: puedes optar por dos tipos de modelo de gestión de las redes sociales. Un modelo básico de seguidismo de las modas educativas y otro que, también tiene sus adeptos, de crítico con todo y todos sin necesidad de aportar ninguna visión constructiva. Es tan bueno hacer amigos como enemigos en las redes sociales porque, al final, tener enemigos comunes te hace hacer amigos. La clave es no intentar escribir como te sale del corazón en cada momento porque, si te posicionas como “malote” no puedes, al rato, posicionarte como “buenote”. Recuerda que la impresión que algunos se van a hacer de ti no es por lo que haces en realidad. Es por cómo te expresas en esas redes sociales. No olvides que la superficialidad es con lo que se quedan la mayoría.

Y ya, como colofón al asunto, lo puedes acabar petando haciendo magia en el aula, petándolo reduciendo tus clases al espectáculo más mediatizado y mediatizable, ganando o siendo finalista de algún premio organizado por amiguetes o por algunas empresas que poco tienen que ver con la educación, escribiendo libros de dudosa calidad que solo compran tus amigos (tener más seguidores en las redes sociales hace que, con independencia de la calidad de lo que publiques, se venda más) o, simplemente, analizando qué y cómo decir en cada momento para quedar bien con la mayor parte de personas posibles (las chaquetas del ropero de algunos son infinitas).

Eso sí, para conseguir seguidores en las redes sociales debes dedicar más tiempo a ellas que a tu trabajo. En caso contrario, salvo que se dé algún milagro en forma de ceros y unos, es bastante complicado 😉

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Acerca del Autor

Jordi Martí

Simplemente soy alguien al que le gusta escribir. Y que disfruta haciéndolo.

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