|

Cómo saber la información real de la administración educativa mediante la Ley de Transparencia

Si algo ha caracterizado al debate educativo en este país durante décadas es el imperio del dogma, la propaganda y la cifra cocinada. Cuando el político de turno afirma que la inclusión es un éxito, que las ratios han bajado o que la burocracia se ha reducido un 30%, no suele aportar un solo dato verificable. Se limita a soltar la consigna en la rueda de prensa y a confiar en que la masa trague sin hacer preguntas.

Sin embargo, existe un arma legal de una potencia colosal que el 99% de los docentes, familias y periodistas de este país ignoran por completo. Me estoy refiriendo al derecho de acceso a la información pública regulado por la Ley 19/2013 de Transparencia.

No necesitas ser periodista, ni sindicato, ni diputado autonómico para obligar al Ministerio de Educación o a tu Consejería a abrir sus cajones. Cualquier ciudadano -a título individual y desde el sofá de su casa- puede exigir datos crudos, presupuestos ejecutados, expedientes reales e informes internos que las administraciones ocultan sistemáticamente tras sus notas de prensa de colorines.

La Ley de Transparencia no está pensada para hacer preguntas genéricas o filosóficas (¿por qué no hay más recursos?), sino para exigir datos cuantitativos, documentos administrativos y registros que la administración tiene la obligación legal de poseer.

A través del Portal de Transparencia Estatal o de los portales autonómicos correspondientes, puedes pedir joyas como partidas presupuestarias reales ejecutadas (cuánto dinero público se ha gastado exactamente tu Consejería en aplicacions informáticas que no funcionan, publicidad institucional o empresas de catering de comedores escolares), datos brutos de personal y bajas (el número exacto de vacantes sin cubrir por especialidad y día, la tasa real de bajas por salud en el profesorado o el número de docentes en comisión de servicios fuera del aula), informes de la Inspección Educativa (memorias sobre convivencia, datos reales de absentismo escolar o informes técnicos sobre el estado de las infraestructuras de los centros educativos) o, también entre otras cosas, contratos y licencias digitales (cuánto se paga por cada licencia de plataforma «innovadora» que nadie usa en los centros públicos).

Para que una solicitud de acceso a la información pública no sea derivada al rincón del olvido o rechazada por defectos de forma, conviene aplicar una serie de reglas:

  1. Usa la sede electrónica con certificado digital. Nada de documentos en papel ni correos electrónicos a buzones generales. Accede directamente al Portal de Transparencia del Ministerio de Educación (Portal de Transparencia de la Administración General del Estado) o de tu Comunidad Autónoma e identifícate con Cl@ve o certificado digital.
  2. Cita la norma en la primera línea. Empieza el escrito con contundencia legal… «Al amparo del artículo 12 de la Ley 19/2013, de 9 de diciembre, de transparencia, acceso a la información pública y buen gobierno, solicito… «-
  3. Pide datos concretos, acotados y en formato reutilizable. No pidas información sobre la inclusión. Pide el número de profesionales de Audición y Lenguaje (AL) y Pedagogía Terapéutica (PT) contratados a jornada completa en los centros públicos de la provincia X durante los cursos 2024/2025 y 2025/2026, desglosado por centros y en formato Excel/CSV.

No estás obligado a motivar tu solicitud. El artículo 17.3 de la Ley de Transparencia deja claro que no tienes que explicar para qué quieres la información ni si la vas a publicar en un blog. Pedir datos es un derecho, no una concesión.

Las administraciones educativas le tienen un pavor reverencial a esta ley. Por eso, cuando reciben una solicitud incómoda, suelen desplegar su catálogo de excusas…

  1. El silencio administrativo positivo/negativo. La administración tiene un mes de plazo legal para responder (prorrogable a otro mes si la información es muy compleja, avisando motivadamente). Si no responden en plazo, el silencio abre la vía de la reclamación.
  2. La excusa de la causa de inadmisión por reelaboración (art. 18.1.c). Es el truco estrella. Te dirán que darte esos datos exige un trabajo complejo de reelaboración que excede sus funciones. La respuesta a esto es contundente… si el dato existe en sus bases de datos o aplicaciones informáticas de gestión (ITACA, iPASEN, Raíces, etc.), exportar una tabla no es reelaborar, es pulsar un botón.
  3. La trampa de la Ley de Protección de Datos. Si pides cifras de suspensos, expedientes o ratios, te dirán que atenta contra la privacidad. Basta con recordarles que pides datos agregados y anonimizados, sin nombres ni apellidos de alumnos o profesores.

Si la Consejería o el Ministerio deniega la información de forma arbitraria, el siguiente paso es gratuito, no requiere abogado ni procurador y les hace sudar. Y se trata de interponer una reclamación ante el Consejo de Transparencia y Buen Gobierno (CTBG) o el órgano garante autonómico equivalente. Cuando el CTBG emite una resolución estimatoria, la administración queda acorralada y obligada a entregar la documentación.

Hemos de usar menos las redes sociales para decir, sin datos, cualquier cosa que hemos visto y que no es representativa de nada más allá de una visión subjetiva. Hemos de usar mucho más las herramientas de las que disponemos, ya que la mejor forma de desmontar el discurso de la administración y la manipulación de determinados medios, sindicatos o tipos con muchos seguidores en las redes sociales, es con los datos oficiales inapelables extraídos directamente de las tripas del sistema.

El día que los claustros, las familias y la comunidad educativa aprendan a registrar masivamente peticiones de transparencia en las sedes electrónicas del Ministerio y de las Consejerías, ese día la propaganda se habrá terminado para siempre. La herramienta está ahí, es pública y es gratuita. Solo hace falta la valentía de apretar el botón de enviar.

Me podéis encontrar en X (enlace) o en Facebook (enlace). También me podéis encontrar por Telegram (enlace) o por el canal de WhatsApp (enlace). ¿Por qué os cuento dónde me podéis encontrar? Para hacerme un influencer de esos que invitan a todos los restaurantes, claro está. O, a lo mejor, es simplemente, para que tengáis más a mano por dónde meteros conmigo y no tengáis que buscar mucho.

¿Te ha gustado el artículo? Apoya mi trabajo invitándome a un café.

Support me on Ko-fi

Descubre más desde XarxaTIC

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Publicaciones Similares

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *