La Bego del Facebook

Ayer publiqué una entrada donde decía una obviedad que escuece. Decía que los docentes también tenemos nuestra cuota de responsabilidad en la caída del nivel académico. Que diez años de escolarización son tiempo de sobra para enseñar a leer y sumar, y que firmar aprobados complacientes en las juntas de evaluación nos convierte en colaboradores necesarios del desastre.

No tardó en aparecer en los comentarios de Facebook la figura atemporal de toda red social que se precie. Llamémosla Bego.

La Bego es esa docente combativa de teclado que no necesita leerse el artículo completo ni analizar un solo dato para saltarte a la yugular con la artillería pesada del sectarismo más absoluto. En apenas tres párrafos despeinados en la red social de Mark Zuckerberg, la Bego desplegó todo el catálogo de falacias, excusas y malabarismos dialécticos para demostrar que ella -y el colectivo en general- es una víctima inmaculada de una conspiración cósmica.

Conviene analizar la estructura del argumento de la Bego, porque es una obra de arte del escaqueo contemporáneo. Además, como toda estructura que se precie, con los mismos argumentos que se merecerían un libro de autoayuda específico para ello…

En primer lugar la falacia del «Ven y ponte tú. Es muy fácil hablar desde fuera. Ponte tú delante de 30 chavales de la ESO sin recursos y verás». Da igual que lleves más años que ella en un aula de etapas obligatorias, con grupos de especial dificultad o preparando materiales hasta las diez de la noche. Para la Bego, cualquier crítica al sistema es un ataque personal perpetrado por un indeseable que jamás ha visto un instituto por dentro.

Después tiene preparado el comodín de la sociedad y las familias. «La culpa es de las familias que no educan, de las pantallas, de TikTok y de una sociedad decadente». Según la Bego, el aula es una nave espacial estanca a la que los chavales llegan formateados de fábrica. Si a los 16 años no saben comprender un texto o escribir sin faltas de ortografía, la culpa es de Mark Zuckerberg, de los padres que les compran la PlayStation o de la alineación de los planetas. La escuela, al parecer, no tiene ningún margen de influencia en diez años.

Y, finalmente, el martirio burocrático como patente de corso. «¡Bastante hacemos con sobrevivir a los papeles de la LOMLOE!». Este es el argumento estrella. Para la Bego, como la administración nos sepulta en rúbricas e Indicadores de logro, eso nos exime automáticamente de enseñar a leer. El papeleo funciona como una indulgencia papal. Si sufres con el programa de gestión del centro, quedas absuelto de regalarle el Graduado en ESO a un analfabeto funcional.

Lo fascinante de la Bego es que, seguramente, se pasa el café del recreo rajando del nivel de sus alumnos. Se lamentará con sus compañeros de que en tercero de la ESO no saben redactar tres líneas sin faltas de ortografía, se escandalizará con las faltas de asistencia y clamará al cielo por la pérdida de autoridad.

Pero en cuanto llega junio y se sienta en la junta de evaluación, la Bego coge el boli, mira el expediente y vota SÍ a la promoción del chaval con cuatro pendientes e incapaz de interpretar un texto simple.

¿Por qué? Porque suspender exige redactar un informe de tres páginas, aguantar la reunión con la madre enfadada el 25 de junio y soportar la mirada de desaprobación del jefe de estudios, que no quiere recursos de alzada sobre la mesa. La Bego prefiere la paz social del verano, la palmadita en la espalda y el aprobado complaciente. Y luego, para calmar la conciencia, entra en Facebook a dejarme un comentario indignado explicando que ella es un martir de la educación pública.

Apreciada Bego. Tus comentarios en Facebook me dan la razón punto por punto.

Cada vez que respondes a una crítica objetiva con el y tú más, con el victimismo de pancarta o con la excusa de que la sociedad está muy mal, estás demostrando exactamente lo que denunciaba el artículo de ayer… que debemos admitir que la puerta del aula la cierra cada uno de nosotros y que, aunque no seamos los únicos responsables del descalabro educativo, también tenemos nuestra parte de responsabilidad en ello.

Sigue tecleando en Facebook con mayúsculas y emoticonos de rabia, Bego. Mientras tú buscas culpables en las familias, en las redes sociales o en el consejero de turno, la realidad de las aulas te sigue pasando por encima. Nos leemos en los comentarios de este artículo porque estoy convencido de que estás tras el teclado en este momento, ya que intuyo que vives ahí.

Me podéis encontrar en X (enlace) o en Facebook (enlace). También me podéis encontrar por Telegram (enlace) o por el canal de WhatsApp (enlace). ¿Por qué os cuento dónde me podéis encontrar? Para hacerme un influencer de esos que invitan a todos los restaurantes, claro está. O, a lo mejor, es simplemente, para que tengáis más a mano por dónde meteros conmigo y no tengáis que buscar mucho.

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