Mi club de ofendiditos

Me alegra mucho saber que ya tengo mi propio club de ofendiditos. Un club con carnet imaginario, cuota de sumisión burocrática y cuya absoluta falta de argumentos, nula comprensión lectora y cero ganas de aportar nada al sistema claman al cielo. Ayer, sin ir más lejos, me llegó el enésimo recado de uno de los miembros de este selecto grupo, advirtiéndome con solemnidad de juzgado de guardia en las redes sociales que despierto una inquina visceral en ciertos sectores porque «mi manera de escribir es ofensiva para mucha gente, colectivos incluidos».

https://x.com/xarxatic/status/2067637066947600487

Les escuece el adjetivo. Les perturba el sustantivo. Les hiere, en definitiva, que alguien escriba para levantar las alfombras de la farsa escolar en lugar de para redactar la enésima memoria chorra o haga la genuflexión más profunda ante el sistema educativo. Salvo, claro está, que dicha genuflexión se haga, por motivos ideológicos, a los que toca.

Vaya por delante mi más absoluta falta de propósito de enmienda. No he venido aquí a hacer prisioneros, ni a dorar la píldora a nadie, ni a redactar panfletos de autoayuda para que determinadas personas se sientan reconfortadas mientras la escuela pública se hunde de manera controlada. Si mi sintaxis les resulta ofensiva, el problema no está en mi teclado; está en su espejo. Comprendo perfectamente que en un ecosistema habituado al eufemismo pedagógico, a la literatura barata y al corporativismo rancio que defiende por igual al profesor que se deja la salud en la tarima y al vago redomado, la claridad técnica resulte un insulto. Estaban muy cómodos instalados en la queja perpetua contra el responsable educativo de turno para tapar sus propias vergüenzas. Les jode que les recuerden que la incompetencia y la desidia también se contagian.

Lo que realmente le molesta a este club no es el tono; es la precisión del cirujano. Utilizan la pancarta de los «colectivos ofendidos» como un escudo humano moral para proteger su propia mediocridad o su pánico atávico a la autocrítica. Es el truco más viejo, cobarde y rancio del manual del mal profesional. Cuando no puedes rebatir un argumento legal, cuando no tienes nivel técnico para desmontar que los planes de estudio de Magisterio son un fraude de diseño o que las circulares de la Conselleria son un Frankenstein jurídico, desvías la atención hacia las formas. «Es que es muy agresivo». «Es que generaliza». Pasen por la ventanilla de la Consejería a poner la denuncia si tanto les duele la verdad, a ver si allí les convalidan la pataleta por puntos para el concurso de traslados.

Esta piel tan fina para leer críticas es la misma que luego se desentiende de la degradación del rigor intelectual en las aulas, del postureo metodológico de cartulina y del aprobado por decreto. Hemos criado una estirpe de burócratas de la tiza con una madurez tan falsa que son capaces de tragar con carros y carretas normativas, de rellenar las aplicaciones informáticas más humillantes que les mandan desde los despachos y de callar ante el destrozo del sistema, pero se echan las manos a la cabeza si un artículo de opinión no lleva tres capas de anestesia y cuatro disculpas previas. Son siervos de la burocracia pero tiranos del adjetivo.

A los miembros fundadores de mi club de ofendiditos les deseo un feliz tramo final de curso. Sigan compitiendo por ver quién entrega antes el PDF más vistoso para tener la aplicación más niquelada. Sigan aplaudiendo los proyectos cuquis que vacían de contenido las aulas y sigan mirando hacia otro lado mientras la escuela, especialmente la pública, se transforma en una guardería de diseño, aburrida, estéril y complaciente.

Yo voy a seguir aquí, escribiendo exactamente igual y con la misma mala leche, porque la dignidad de la tarima no se defiende pidiendo permiso ni mendigando la simpatía de quienes han hecho de la sumisión su zona de confort. Si buscan literatura complaciente que les diga lo guapos que son, el boletín oficial está lleno de preámbulos maravillosos que no sirven para nada. Si buscan la autopsia descarnada de lo que pasa cuando se cierran las puertas de clase, sintiéndolo mucho, van a tener que seguir leyéndome. O bloquearme, que el botón es gratis y el acceso a este blog voluntario.

Finalmente deciros que sé que mi club de ofendiditos no está formado solo por docentes. Además, debo reconocer que ya me cansa que me recuerden si me he ido de mi trabajo por un libro subido de tono. Sé que son cuatro mojigatos aderezados por tres plañideras. Y debo reconocer que lo siento. Siento no poder cambiar para que algunos se sientan bien, ni para decir lo que a ellos les gustaría oír. Si no lo he hecho con personas que supuestamente gestionan cosas, poniéndome a pies de los caballos o delante de autobuses, imaginaos las ganas que tengo de modificar mi manera de escribir o los temas que toco para tener más palmaditas en la espalda o conseguir más visitas. Es que, como dicen por aquí… ¡me la bufa!

Me podéis encontrar en X (enlace) o en Facebook (enlace). También me podéis encontrar por Telegram (enlace) o por el canal de WhatsApp (enlace). ¿Por qué os cuento dónde me podéis encontrar? Para hacerme un influencer de esos que invitan a todos los restaurantes, claro está. O, a lo mejor, es simplemente, para que tengáis más a mano por dónde meteros conmigo y no tengáis que buscar mucho.

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Un comentario

  1. Me resulta curioso q ataquen la forma pero no entren en el fondo.

    La realidad es más tozuda. Fíjate, (y en un medio indiscutiblemente progresista) :

    «Una buena programación de literatura podría ser mucho más efectiva que un taller ocasional y descontextualizado sobre educación emocional. Si los alumnos aprendieran historia, entenderían perfectamente qué es el feminismo y podríamos ahorrarnos el manifiesto del 8 de marzo, que, en cualquier caso, nadie escucha. ¿Y esa supuesta intolerancia a la frustración de la que tanto se habla? Para mí es un gran eufemismo: lo que estos niños no toleran es que se les responda con un no. Pero resulta más fácil contratar a un experto externo y organizar un taller que replantearse a fondo cómo y qué enseñamos.»

    https://www.eldiario.es/illes-balears/sociedad/antonina-pujol-directora-convirtio-diana-extrema-derecha-tiktok-educando-alumnos_1_13315683.html

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