Mis seis años en la zona gris de la administración educativa
Existe un refrán castellano que dice que para conocer los templos hay que haber sido monaguillo. En mi caso, he pasado seis años metido en las tripas de la zona gris de la administración educativa valenciana, ese limbo funcionarial donde los papeles pesan más que las aulas y la inercia institucional, además de que siempre hay urgencias inmediatas, devora cualquier atisbo de lógica pedagógica. Llegué allí sin conocer absolutamente a nadie, un auténtico paria catalán que no arrastraba mochilas, deudas de partido ni afinidades tribales en los pasillos de la conselleria.
Mi trayectoria en ese ecosistema se partió en dos mitades exactas. Estuve tres años como técnico, con varias responsabilidades extremas que me cayeron por tener la desgracia de estar donde no tocaba en la pandemia, bajo el gobierno del PSPV y Compromís, y otros tres años bajo la administración del Partido Popular. Seis años que sirven para constatar una verdad anatómica que los hooligans de la política no quieren admitir. Me estoy refiriendo a que cambian las siglas, cambian los nombres de las puertas de los despachos, pero la maquinaria sigue siendo exactamente idéntica. Y cuando digo idéntica, estoy hablando del funcionamiento y de las dificultades, por mucho que se intente, de poder hacer cosas de forma ágil. Bueno, se pueden hacer en situaciones de crisis social, pero ya os prometo yo que no quiero que vuelva otra pandemia para saltarse las normas y agilizar los procesos.
MI primera salida de la zona gris y el retorno a mi plaza de docente no se debieron a cuestiones de rendimiento profesional. Mi trabajo estaba ahí, respaldado por las horas echadas a destajo y la gestión diaria. Como inciso ya os digo que este solo es el avance de un libro en el que escribiré con detalle todo lo que viví, cómo lo viví, las grandes personas que he encontrado en las dos ocasiones y las ganas de hacer cosas de más personas de las que os creeríais. La ruptura real llegó cuando un Alto Cargo del PSPV me dejó claro, con esa frialdad tan propia de la moqueta, que lo que molestaba no era cómo hacía mi trabajo, sino mis posicionamientos pedagógicos públicos. En la zona gris de la gestión no se prioriza eficiencia técnica ni criterio propio; se busca sumisión al relato oficial. Cuando cuestionas el dogma, te conviertes automáticamente en un cuerpo extraño que el sistema necesita expulsar. Y antes de callarme (que fue la oferta para continuar), preferí volver al aula.
Volví al aula y ya pensaba no volver a la zona gris. Se me ofreció hacerlo con el nuevo gobierno. No lo hice. Dije que no y agradezco, como he dicho siempre esa oferta inicial. Sin embargo, por motivos puramente médicos que llevan persiguiéndome desde los veinticuatro años, y una cabeza que necesitaba actividad para desconectar de mi situación, volví hace a mediados de diciembre de 2023. Volví como técnico raso, al igual que hice en la anterior ocasión.
Eso sí, por desgracia, tuve la mala suerte de aceptar un cargo intermedio (no un alto cargo, ni nada que me llevara a tratarme de tú a tú con el President -no conozco personalmente ni al que había, ni al que hay-), a los meses de haberme vuelto ir al lado gris. Gestioné con mi equipo eficazmente una subdirección que, ya os hago spoiler (o destripe), estaba hecha unos zorros y tomé decisiones, en ocasiones no muy políticamente recomendables. Nunca me ha gustado mezclar la política con la educación. Ninguna jornada laboral de infarto en un despacho oficial vale el precio de acabar roto por dentro. Acabé dimitiendo por pura higiene vital y pudiéndolo hacer gracias a no tener carnet de nadie ni deber nada a nadie. Desde aquí doy las gracias a la manipulación de varios medios de comunicación, al nulo contraste de información por parte de muchos políticos y al miedo de otros. Gracias a ellos lo pude hacer. Ya os digo yo que por aquel entonces, estaba hasta los mismísimos de trabajar a destajo en unas condiciones extenuantes, asumiendo una carga mental brutal y viendo cómo mi salud se estaba volviendo a resentir de forma alarmante. Hay gente que les gustan los cargos, hay gente a los que les gustan y lo hacen bien y hay otros a los que les gustan y no saben hacer la «o» con un canuto. Después estoy yo y algunos otros (pocos) a los que no nos gustan nada, a los que endosan ciertas cosas.
La administración educativa es una trituradora de carne humana que vive del voluntarismo de unos pocos y de la docilidad del resto. Seis años en su zona gris, después de casi veinticinco en aulas, con ratios masificadas, centros que se caen a trozos y dotaciones que no se han vuelto a renovar desde que se creo mi asignatura, me han servido para entender que es imprescindible que haya gente muy válida en la zona gris y que la escuela se defiende con el rigor del día a día. Hay mucha gente muy buena en la zona gris de la administración, tanta como en las aulas en porcentaje. Otro tema es cómo se gestiona.
Ahora tengo las cicatrices correspondientes, la cabeza alta y la tranquilidad de saber que mi salud y mi criterio pedagógico dejan de ser institucionales. Bueno, en mi caso nunca lo han sido. Doy las gracias a los que me han permitido conocer esa zona gris. Eso sí, con muchas ganas de ponerme con el libro que tengo pendiente sobre el tema. Un libro que, en este caso, sí que voy a hacer revisar bien por terceros antes de publicarlo.
Disculpad el post de hoy, pero me apetecía escribirlo. Y tiene todo su sentido en el contexto actual, después de cosas de lo que uno se entera y no comprende de ninguna forma. Tampoco quiero olvidarme de dar las gracias a todos los que me han permitido conocer esa zona gris.
Finalmente deciros que a ver si entre hoy y mañana os subo el nuevo capítulo de la remasterización de mi primer libro (enlace), que podéis encontrar el libro original y los otros que he publicado aquí, además de volver a enlazaros el artículo en respuesta a las mentiras que dijeron en los medios sobre el libro que fue el detonante para mi dimisión.
Me podéis encontrar en X (enlace) o en Facebook (enlace). También me podéis encontrar por Telegram (enlace) o por el canal de WhatsApp (enlace). ¿Por qué os cuento dónde me podéis encontrar? Para hacerme un influencer de esos que invitan a todos los restaurantes, claro está. O, a lo mejor, es simplemente, para que tengáis más a mano por dónde meteros conmigo y no tengáis que buscar mucho.
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Me siento identificada con tu artículo. Tu experiencia se extrapola a la comunidad autónoma vasca.
Esperando tu libro para incorporarlo a mí biblioteca.
Un abrazo
He llegado por casualidad desde redes sociales. Me siento muy identificada con lo escrito, está muy implantado institucionalmente en todos los niveles de la administración. Mi caso, sanidad en otra Comunidad, técnico y previamente en la trinchera. Esto funciona por el buen hacer de muchos, pero el peso del poder, el ponerse medallas, el deber al amo y los favores otorgados…va lastrando todo.