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Policías en el recreo

Parecía que lo habíamos visto todo en este parque de atracciones en el que han convertido la educación. Pensábamos que el límite estaba en las aplicaciones que espían al alumno bajo el paraguas de alguna moda educativa o en las cámaras en los pasillos para vigilar que nadie se salte el guion. Pero no. Ahora la brillante idea de algunos parece ser que es meter policías de paisano en los centros educativos (enlace).

Si esto no es la firma oficial de nuestro fracaso como sociedad y como sistema, que baje Giner de los Ríos y lo vea. Es la rendición incondicional de la educación frente al control social puro y duro.

Meter a un agente camuflado entre adolescentes no es prevención, es una confesión de impotencia absoluta. Es admitir que la escuela ha dejado de ser un espacio de convivencia para convertirse en un escenario de vigilancia de baja intensidad. Hemos pasado de intentar entender por qué un chaval se mete en líos a ponerle un infiltrado para pillarlo con las manos en la masa. Queremos el éxito de la detención, no el éxito de la educación.

Es de traca. En lugar de invertir en equipos de profesionales que sepan gestionar un conflicto sin necesidad de esposas, decidimos que lo mejor es externalizar la disciplina al Ministerio o Consejería que se encarga de la Seguridad. Queremos que el docente sea un «facilitador de experiencias emocionales» mientras el policía de paisano se encarga de lo que de verdad importa. Es el mundo al revés. La pedagogía de los colorines por fuera y la porra encubierta por dentro.

Que un centro educativo necesite agentes infiltrados es para hacérselo mirar. Pero claro, es mucho más barato mandar a un tipo con placa que sentarse a reconstruir el tejido social que se está desmoronando fuera de los muros del instituto. La inclusión y la convivencia se nos llenan la boca en los documentos oficiales y en algunas charlas de los de siempre, pero la realidad es que hemos tirado la toalla. Hemos decidido que a los chavales ya no se les educa, se les vigila. Que ya no se les convence, se les intimida.

Estamos rompiendo el vínculo de confianza básico. ¿Cómo le pides a un alumno que sea crítico, que sea libre, que cuestione el mundo, si sabe que el que está sentado en el banco de al lado puede estar tomando notas para un informe policial? Estamos convirtiendo los institutos en precintos policiales camuflados de centros de aprendizaje. Mientras los gurús siguen hablando de neuroeducación y de espacios disruptivos, la realidad es que estamos creando una generación que crece bajo la sospecha sistemática.

Al final, esta medida es el síntoma de una sociedad enferma que ha renunciado a su juventud. Menos tiza y más infiltración. Mientras algunos sigan vendiendo humo sobre la escuela del futuro, la realidad es que estamos volviendo a lo más rancio del pasado. Y me estoy refiriendo al orden por la fuerza porque hemos sido incapaces de educar en la responsabilidad.

Tened cuidado con los que os dicen que la seguridad empieza por la vigilancia secreta. Normalmente, la seguridad de verdad empieza por el respeto mutuo, por la presencia de adultos que escuchan y por una escuela que no se vende a la primera ocurrencia de los que ven peligros donde solo hay falta de recursos humanos y sociales. Todo lo demás son parches policiales para un naufragio pedagógico que ya no pueden ocultar.

Por cierto, a pesar de haber encontrado solo la noticia en los medios y sabiendo que uno no se puede fiar de nada de lo que lee (lo digo con conocimiento de causa), he creído que es de interés reflexionar sobre el tema. He buscado «Plan Eduseg», «mossos en las aulas», etc. en la sala de prensa del Departament d’Educació y en la web de los Mossos, y no he sabido encontrar el plan. Tampoco en el DOGC ni en la sala de prensa del Govern. Así pues, lo que os digo… puede ser cierto, pero poned todo lo que leáis en los medios en barbecho hasta que lo leáis de fuentes oficiales. Los medios ya se sabe…

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