Cuando la inclusión educativa se convirtió en rendición
Hay una cosa que se repite en los pasillos de los centros educativos y que casi nadie, fuera de esos recintos, se atreve a decir en voz alta. Y es que hemos cambiado el derecho a recibir una buena educación por el derecho a aprobar.
Lo que empezó siendo un intento razonable de humanizar las aulas se ha convertido, paso a paso, en una infantilización en toda regla. Todo bajo el paraguas bonito de la «atención a la diversidad» y la «inclusión». El resultado es que estamos desmontando, poco a poco, el único ascensor social que de verdad funciona para quien no tiene recursos. Estoy hablando de una educación que exija y que forme.
No es nostalgia de los viejos tiempos. Es lo que se ve cada día en clase. Y no, con ello no pretendo, y ya lo he dicho en muchas ocasiones, hacer un alegato acerca de sangre y letras.
Bruner (sí, también leo sobre educación) hablaba de andamiaje. Hablaba de ayudar al alumno a subir hasta que pudiera sostenerse solo. Pues bien, en algún momento decidimos que la altura marea demasiado y, en lugar de reforzar al chaval, hemos bajado el andamio hasta el suelo y lo hemos acolchado bien. Digo hemos porque, por desgracia, todos hemos formado parte, por acción u omisión, de esa decisión.
El terror al «bloqueo por frustración» ha hecho que el error ya no sirva para diagnosticar ni para aprender. Ahora es un trauma que hay que evitar como sea. Simplificamos enunciados hasta que dan vergüenza, troceamos los contenidos en píldoras cortas y lo llamamos respetar ritmos individuales. En la práctica estamos dejando sin desarrollar la función ejecutiva, la memoria de trabajo y la capacidad de atención sostenida. Pero claro, eso no sale en las rúbricas. Ni interesa a la hora de vender ciertos números que se cocinan sin ningún pudor.
La LOMLOE ha apostado fuerte por las competencias. Sobre el papel suena bien. En la realidad se ha convertido en una excusa perfecta para no exigir conocimiento sólido. Se evalúan competencias sobre un fondo de conocimiento cada vez más flojo. Se valora el proceso aunque el resultado sea técnicamente inexistente. Se promociona casi por defecto porque suspender se ha convertido en un problema administrativo y casi en un delito pedagógico.
Adaptar el currículo para que todos puedan acceder es una obligación. Rebajar los estándares de salida para que todos parezcan llegar es una estafa. Una estafa que pagan sobre todo los alumnos de entornos vulnerables, que son precisamente los que menos pueden pagarse clases particulares para compensar. Y que tampoco van a tener grandes bibliotecas en sus casas ni salidas culturales. Como mucho alguna salida al Lidl o al Mercadona para ver qué pueden comprarse.
El rol del docente ha cambiado y no precisamente para mejor. El docente ya no es un referente académico. Ahora es animador sociocultural, gestor emocional y «rellenador» (por cierto, palabra no reconocida por la RAE) de papeles.
Suspender a un alumno requiere hoy más justificaciones que preparar una secuencia didáctica completa. Demasiados docentes optan por el camino más fácil… aprobar y que no haya ruido. Y para aquellos que digan que miento, tan solo les pido que recuerden qué comentarios se realizan en las Juntas de Evaluación o en las previas (cuando se ponen las notas en la aplicación de turno).
El sistema premia el aprobado administrativo para que las cifras queden bonitas. El precio lo pagan los alumnos, que se llevan a casa un título que no acredita ni el esfuerzo ni los conocimientos reales. Por cierto, no es una cuestión de tal o cual país. Es una cuestión bastante global que, por desgracia, es muy compleja de revertir a corto plazo.
Decirle a un chaval de 16 años que no puede aguantar una nota baja o una crítica es la forma más educada de despreciarlo. Bajo la excusa de la empatía y la inclusión estamos enviando un mensaje clarísimo a los alumnos más vulnerables. Les estamos diciendo que no esperamos gran cosa de ellos. Mientras tanto, la Universidad, el mercado de trabajo y la vida real no han bajado ni un solo listón. Allí no hay adaptaciones significativas ni evaluación por rúbrica compasiva. Solo hay exigencia.
La inclusión de verdad consiste en dar a cada uno los recursos necesarios para llegar a la meta. Lo que estamos haciendo ahora es otra cosa. Estamos moviendo la meta hasta la línea de salida para que parezca que todos han llegado. Si seguimos así, conseguiremos fabricar una generación con una autoestima académica por las nubes y una capacidad operativa por los suelos.
Exigir no es ser duro ni antiguo. Exigir es creer que el alumno puede. Lo contrario no es pedagogía moderna. Es, simplemente, rendirse.
Me gustaría, antes de finalizar el artículo, deciros a los que os pasáis habitualmente (o por primera vez) por aquí que, aunque últimamente le vuelva a dar a los hilos en X, donde más cómodo me siento es en este blog. Por eso hoy he intentado resumir los últimos hilos publicados en este post. Algo que, seguramente, habré hecho de pena. Eso sí, espero que os sirva para reflexionar, al igual que lo he ido haciendo yo hoy y mientras escribía esos hilos. Gracias por estar al otro lado y disfrutad, los que podáis, de vuestro fin de semana.
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Estoy de acuerdo con todo, menos con lo del listón de la Universidad. Ha bajado muchísimo desde los años en que empezó la ESO y soy buena conocedora de ello. Me comentan profesores de FP que les están llegando alumnos que no entienden nada. Estos alumnos han tenido adaptaciones curriculares y están copando todas las plazas de FP porque les inflan las notas hasta lo indecible. El mundo al revés.
Hablar de «inclusión auténtica» frente a la «mala implementación de políticas inclusivas» es como hablar del «escocés auténtico», una falacia más vieja que la tos …
«Pero eso no es inclusión. Eso es una mala implementación de políticas inclusivas.»
Este es el argumento clásico para sostener idealismos que fracasan inevitablemente en su aplicación práctica. Quien lo utiliza sabe que está acorralado pero se niega a reconocerlo, sea una IA gratuita o de pago.
Aciertas en la diana. Por lo visto, eso escuece, y mucho.
Inclusión, exigencia y capacitismo estructural
El texto plantea una preocupación legítima: el riesgo de que el sistema educativo reduzca expectativas. Sin embargo, su análisis incurre en varias simplificaciones que es importante cuestionar desde un enfoque basado en derechos, evidencia y neurodiversidad.
⚖️ 1. Falsa dicotomía: inclusión vs. exigencia
El artículo presenta una oposición implícita:
inclusión = bajar el nivel
exigencia = calidad educativa
❗ Esta dicotomía es problemática.
La inclusión real no implica rebajar objetivos, sino:
eliminar barreras
diversificar vías de acceso
garantizar participación significativa
Desde el modelo social de la discapacidad:
El problema no es la diversidad del alumnado, sino la rigidez del sistema.
Confusión entre adaptación y simplificación
El texto critica la “simplificación” como si fuera inherente a la inclusión.
Sin embargo, hay que diferenciar:
❌ Simplificar sin sentido → empobrece el aprendizaje
✅ Adaptar con sentido → permite acceso real al conocimiento
Adaptar no es reducir contenido, sino:
cambiar el canal (visual, auditivo, CAA…)
ajustar el ritmo
ofrecer apoyos
En CAA sabemos que el acceso al lenguaje:
no depende de simplificarlo
sino de modelarlo en contextos ricos y significativos
⚠️ 3. Riesgo de discurso capacitista
El artículo sugiere que:
algunos alumnos “no pueden tolerar la frustración”
la inclusión transmite “bajas expectativas”
❗ Esto puede reforzar una visión donde:
la dificultad se interpreta como falta individual
en lugar de analizar las barreras del entorno
Desde la neurodiversidad:
las diferencias en atención, regulación o procesamiento no son déficits a corregir, sino variaciones que requieren ajustes contextuales.
Invisibilización del contexto y la desigualdad
El autor menciona al alumnado vulnerable, pero no profundiza en algo clave:
la escuela tradicional ya excluía sistemáticamente a estos perfiles
La evidencia muestra que:
el éxito educativo depende en gran medida del capital cultural y social
la “exigencia uniforme” suele beneficiar a quien ya tiene ventajas
Por tanto:
no es la inclusión la que rompe el ascensor social
es la falta de accesibilidad real
Aprendizaje, emoción y error: una visión incompleta
El artículo critica evitar la frustración.
Pero:
no se trata de eliminar el error
sino de crear condiciones donde el error sea procesable y significativo
Desde la psicología contextual:
el aprendizaje depende del significado que la persona atribuye a la experiencia
no solo de la exposición a la dificultad
️ 6. ¿Dónde queda la voz del alumnado?
El texto habla sobre el alumnado, pero no con el alumnado.
Especialmente ausente:
la perspectiva de estudiantes con discapacidad
personas usuarias de CAA
Sabemos que la comunicación es:
multimodal
diversa
profundamente ligada a identidad y agencia
Replantear la “exigencia”
El artículo afirma:
“Exigir es creer que el alumno puede”
✔️ De acuerdo, pero con una matización clave:
Exigir sin apoyar no es creer: es excluir
La exigencia inclusiva implica:
ofrecer andamiajes reales (no eliminarlos)
sostener la participación
ajustar el entorno, no solo al alumno
Qué sería una inclusión educativa real
Desde un enfoque de CAA y neurodiversidad:
Currículos flexibles pero rigurosos
️ Accesibilidad comunicativa (SAAC, lenguaje claro, multimodalidad)
Interacción basada en la doble empatía (Milton, 2012)
Enseñanza explícita + modelado (no simplificación vacía)
Evaluación que contemple participación y contexto
✨ Cierre
El problema no es que la educación sea más inclusiva.
El problema es cuando la inclusión se implementa sin recursos, sin formación y sin cambio estructural.
Ahí sí aparece lo que describe el artículo:
superficialidad
burocratización
pérdida de sentido
Pero eso no es inclusión.
Eso es una mala implementación de políticas inclusivas en un sistema que sigue siendo excluyente en su base.
Bibliografía
Barrett, L. F. (2022). Context reconsidered: Complex signal ensembles, relational meaning and population thinking in psychological science. American Psychologist.
Benson-Goldberg, S., & Erickson, K. (2020). Graphic Symbols: Improving or Impeding Comprehension of Communication. Assistive Technology Outcomes and Benefits.
CommunicationFIRST (2023). The Words We Use – Plain Language Version.
Kapp, S. K. (2020). Autistic Community and the Neurodiversity Movement.
Milton, D. (2012). The Double Empathy Problem.
Beukelman, D., & Light, J. (2020). Augmentative & Alternative Communication.