10 cosas que puedo (intentar) controlar como docente

En el día de ayer hablé de 10 cosas que no puedo controlar como docente. Hoy, tal y como os prometí, voy a entrar en 10 que sí que puedo, o bien controlar, o bien intentar controlar. Así que, si os apetece, voy a ello.

Lo que sí que puedo controlar, sin ningún tipo de duda, es mis conocimientos de mi materia. Puedo, desde mejorar mi especialización hasta ampliarla pero, en este caso, lo que haga para mejorar esos conocimientos va a depender de mí.

También puedo controlar las estrategias metodológicas. Puedo aprender estrategias de aula, o bien por experiencia, o bien por aprendizaje de terceros. Además, aquí incluyo la posibilidad de controlar qué estrategia voy a aplicar en cada uno de los grupos que dé clase.

Relacionado con el punto anterior, tengo claro clarinete que los docentes podemos adaptarnos al alumnado y, con todos los matices que podáis ponerle a esta afirmación, adaptar nuestra manera de dar clase al alumnado que tenemos delante. La experiencia ayuda a poder adaptarnos mucho más rápidamente al aula. Estoy hablando de nuestra praxis. No estoy hablando de otra cosa.

Podemos tener una tecnología obsoleta o la imposibilidad de acceder a la wifi pero, como profesionales de la educación, podemos mejorar nuestra competencia digital. Mejorar la competencia digital, usemos o no usemos la tecnología para dar clase y sabiendo que la misma, en ocasiones es innecesaria o puede, en determinados contextos, perjudicar al alumnado, es algo que podemos hacer de forma autónoma. Un inciso: los docentes estamos capacitados por formación a poder realizar autoformación en ciertas cuestiones. Y una de ellas es la mejora de la competencia digital.

Los docentes podemos establecer proyectos colaborativos con otros compañeros. Nadie nos impide hacerlo. Otra cuestión, recurrente ya y que seguramente pensaréis algunos, es en qué horas. Sí, sé que no disponemos de horas, dentro de nuestro horario laboral -que no lectivo- para hacerlo en condiciones pero, que no exista ese marco horario para hacerlo no implica que no puedan establecerse esos proyectos.

También, aunque no os lo creáis, los docentes tenemos derecho a reivindicar nuestras condiciones laborales, a afiliarnos o no a un sindicato y a votar al partido político que deseemos. Ergo hay una parte que, como colectivo, podríamos controlar. El problema, claro está, es que los mecanismos de presión hacia la administración como colectivo son de risa. Que de un Claustro de cincuenta docentes hagan huelga dos, por mucho que el resto se queje amargamente en el bar de sus condiciones laborales, lo único que implica es que en nuestra administración se van a reír de nosotros como colectivo. Ya lo hacen habitualmente.

Los docentes podemos controlar la herramienta para dar clase dentro de las disponibles. Podemos decidir usar o no libro de texto. Podemos decidir dictar o no nuestros contenidos. Podemos mandar problemas para casa o no mandar. En este sentido, nuestro control es absoluto. Y me remito al artículo de ayer: aunque podamos controlar la herramienta, no podemos controlar que nuestro alumnado la use o haga lo que le digamos.

También, como docentes, podemos exigir que se cumpla la normativa que nos afecta, tanto a nivel laboral como a nivel de aula. Tenemos derecho a conocerla y derecho a usarla. Otro tema es que quiera hacerse pero, en caso de controlar la legislación y exigir su cumplimiento, como profesionales de la educación tendríamos mucho ganado. La normativa aprieta pero no ahoga y, en ocasiones tiene más posibilidades de ser usadas para “el bien” que para “el mal”.

Los docentes podemos elegir cómo evaluar. No hay nadie que nos diga cómo debemos evaluar. Otra cuestión es que debamos ceñirnos a qué evaluar, marcado por el desarrollo curricular de nuestra materia.

Finalmente, aunque seguramente me estoy dejando muchas cosas en el tintero, hay una cuestión en la que sí que podemos influir: en decidir quiénes nos van a representar frente a la sociedad. Asistir a determinadas conferencias, dar valor a determinadas elucubraciones pedagógicas, validar premios a los mejores docentes o, simplemente comprar determinados artículos de merchandising hace que, por desgracia, los que lo hacen sean colaboracionistas de la “mala educación”. Y que n osean unos buenos profesionales.

Como bonus track, muy relacionado con el último punto, os recuerdo que la aparición de pseudopedagogías y su extensión en las aulas no es culpa de los que la venden. Es culpa de los docentes que las compran. Algo que también, como docentes, podemos controlar.

Os prometo que, aunque a alguno os causen incomodidad, mis dos últimas reflexiones las he escrito pensando en cómo podemos mejorar la educación. Y la educación mejora con la colaboración de toda la comunidad educativa. Comunidad educativa de la que formo parte, en mi caso, como padre, como docente y como persona que forma parte de esta sociedad.

Como estoy haciendo en los últimos artículos, os recomiendo mi nuevo libro sobre educación para mayores de dieciocho, “Educación 6.9: fábrica de gurús”. Lo podéis adquirir aquí (en versión digital o papel) o en ese pop-up tan molesto que os sale. Y sí, me haría mucha ilusión que fuera uno de los diez libros más vendidos sobre educación este curso. 😉

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